Danguerous.
Pía.
Tres meses fueron suficientes para dejar creer a todos esa falsa tranquilidad, más ahora que Daniel derrocó al líder de la mafia irlandesa y para completar Camorra se adueñó de todo ese territorio. Josefina no tenía aliados, estaba loca buscando quien ayude, se encontraba tan perdida que en cualquier momento iba a vender su alma al diablo con tal de quedarse siendo la única líder de la Sacra Corona Unita, lo único que no sabía mi querida hermana es que seguía más viva que nunca y el veneno contenido combinado con mi irá de venganza crecía día a día.
Ella no tenía idea de lo que le esperaba.
— Señora — dice Alva, la mujer que me ayuda.
— Oh, si la princesa de mamá ya despertó — hablo tomando a mi hija entre mis brazos.
— Las dejo solas, iré a preparar el biberón — acota ella.
Tengo una hija, cuando desperté luego de la cirugía y montamos todo para fingir mi muerte. Escuché a un doctor contar que por culpa de una balacera, una bala impacto en una mujer embarazada y ella no sobrevivió, pero si lograron salvar a su bebé.
Cuando conocí a la pequeña bebé, sus lindos ojos negros me observaron con curiosidad y me enamoré de ella. Por nuestra culpa perdió a su mamá, por eso sentía que tenía la obligación de cuidarla. Por eso robé a la pequeña del hospital, aunque Giovanni, mi primo, dijo que es una locura igual lo hice además tener de amiga a la esposa del Capo de tutti Capi, tenía sus beneficios y me había ayudado, no solo con fingir mi muerte sino que en crear falsos papeles para dejar asentado que ella es mía.
Así que Brina Cairo es mi hija y nadie dirá lo contrario.
— Pía — escucho que me llaman y levanto mi vista para encontrarme con la mirada de Vanni que me entrega el biberón de mi hija.
— Sí estás aquí solo significa que llegó la hora — acoto con una sonrisa.
— ¿Todavía sigues jugando a ser madre? — pregunta mirando a la pequeña.
— Tú tío es un idiota — le hablo a mi hija. — Soy su madre — comento.
— Si, como digas — acota Vanni rodando sus ojos.
— ¿Cuándo empezamos? — inquiero dándole el biberón a mi hija.
— En tres días, queremos jugar con la cordura de Josefina y Daniel quiere llevarla a su límite — me cuenta con media sonrisa.
— Daniel es más retorcido — declaro riendo.
— ¿Y tú no? — consulta mi primo con una de sus cejas enarcadas.
— Soy peor — declaro con una gran sonrisa.
— Lo sé, Pía. Josefina no sabe lo que le espera — acota Vanni con una sonrisa maliciosa.
— No, no tiene idea — murmuro mirando como mi pequeña hija se quedaba dormida entre mis brazos.
Comenzaba la guerra, está vez me quedaría con mi trono, ese que mi padre me había dejado por ser su hija legítima y el que Josefina me arrebató por no tener la edad suficiente para a hacerme cargo de la Sacra Corona Unita.
Soy Pia Cairo, ahora le enseñaré a todos lo peligrosa que soy, me cargue la muerte de mi padre sin que nadie lo sepa y ahora terminaré con la vida de mi hermana.
Italia y las demás mafias tendrán que arrodillarse ante mí.