Cap 7. El rescate.

1206 Words
Pov. ⒶⒹⓇⒾⒺⓁ Caigo en mi cama. Servirle de instructor a esta chillona me sacará canas verdes. No puedo creer que sea tan tonta e insegura a la hora de conquistar a un mocoso insoportable, igual que ella. Ah, pero conmigo es pura Phoenix recargada. Sí, recargada, pero de grosera, insoportable e insensible; pues atreverse a decirme que huelo a pudrición por el simple hecho de ser un angelito de la muerte es inconcebible. La puerta es tocada. Toc, toc, toc. —¿Hijo, cómo te ha ido con la chica? ¿Hablaste con ella? —pregunta mi madre. La princesa Dienne es muy entregada a sus hijos, aunque también a sus esposos, pues mi madre tiene tres compañeros: mi padre, el rey Ángel de la muerte Azrael; Samael; y Elerim, este último es el jefe de la orden angelical. —Sí, madre, ya estoy en eso —contesto y abro el libro de los imposibles. —Ok, hijo, solo espero que cumplas tu palabra, no quiero verte esclavo de Lucifer. —me dice, y yo asiento. —Sí, madre, tú tranqui y yo sufro —le contesto y empiezo a ver. Primer alma en pena: Amara Salcedo: Su pendiente es ver si su mejor amigo alguna vez la amó o siente su ausencia. Don Gregorio Montalvo: Su pendiente es que su hermano lo perdone tras una traición en un negocio familiar. Lucía Lee: Una madre que falleció en el parto de su hijo. Su pendiente es asegurarse de que su hijo creció feliz y fue amado tras morir. Elisa Campos: Su pendiente es que alguien encuentre su cuerpo para dar paz a su familia tras su secuestro. Enrique Zárate: Exconvicto que busca que las personas lo perdonen o recuerden su intento de cambio. Sofía Roldán: Una artista con el pendiente de ver una de sus obras en un lugar importante tras no recibir reconocimiento en vida. Marcelo Aguirre: Joven que falleció en un accidente y quiere asegurarse de que sus padres ancianos están bien cuidados. ... Oh, mierda, esto será fatal. Pobre Phoenix... Ya es hora. Llego a la habitación de la chillona, y la despierto, pues ella duerme; olvidé un insignificante detalle, son las tres de la mañana. —Heyy, heyy, Cosita, levántate. —Déjame dormir, Cosa —me dice, medio dormida. —Nada, no puedes. Estamos justo a tiempo —le respondo, pero me muero de risa cuando despierta. —Que yo no fui, yo no fui, fue el gato quien comió el pollo, mamá —ella se sienta de inmediato y se queda viéndome. Reacciona poco a poco y yo suelto una gran carcajada. Esto es muy chistoso. —Jajaja, Cosita, no sabía que eres una ladrona de pollo. Jajaja. —Pero ella achica los ojos y solo niega. —Idiota, solo soñaba. ¿Qué mierda quieres? Mañana estudio temprano. —Ah, no, tú me prometiste ayudar y estamos justo a tiempo —le digo y la arrastro al baño. —Cinco minutos, cámbiate. Visitaremos a Santiago —le digo. Empezaré con Amara y hacer contacto con su mejor amigo. Cinco minutos después, ella está lista con unos pantalones largos, un buzo grande, un recogido de maraña, y listo. —Guau. Guau. No podías ir más espantosa —niego. Me dañará el look de chico malo; porto una chaqueta de cuero, ropa negra y franelilla blanca. Ella parece una loca sarrapastroza. —¡Así!. o no voy —me dice firme—, y mejor duermo. —Ella me reta. Pero me conviene, tengo mil almas y apenas voy por la primera. Hago un gesto de perro rabioso y le contesto en susurro: —Sarrapastroza. —Y de una le tomo la mano y desaparezco con ella. Los seres aforanos tenemos una cualidad increíble: podemos viajar de un lugar a otro con tan solo pensarlo, sin límites de tiempo o distancia. Doy un paso y entro en un limbo, doy otro y ya estoy en Nueva York. Cuando aparecemos, ella pega un grito de adrenalina. —¡Chuuuui! Eso fue increíble, Cosa. ¿Dónde estamos? —me pregunta. —Adriel, Cosita, Adriel, yo sí te llamo bonito —le digo. —Nueva York, 2005 —le respondo. —¡Qué guau, Co... Adriel! Pero si estamos en 2024. —Yo asiento y le contesto: —Veme, Cosita, soy un sexy angel of Death, no hay límites. Buscamos a Sebastián, el mejor amigo de Amara Salcedo. Ella murió hace un mes... claro, en este tiempo —le explico y, luego de eso, Sebastián sale de su trabajo. Mi Cosita hermosa hace el trabajo. Amara se despide de Sebastián y logra pasar a la luz. Sonrío, mi primer chulito. Vuelvo a casa y lo mejor es que, aunque amaneció en el 2005, cuando volvemos al tiempo actual solo han pasado cinco minutos. Ella se vuelve nuevamente a dormir y yo me quedo velando su sueño y leyendo otra historia interesante, y algo alzadita de tono: Fuera de límites por LUZ A FEDER. Es la noche de la fiesta y, aunque no quedamos en nada, vine a la supuesta fiesta, debo estar al pendiente de ella. La veo desde lejos, ella ya me vio. Estoy cerca de una pareja de chicos que pretende comerse en público. Desde mi posición, puedo ver cómo Phoenix intenta lucir relajada y segura mientras Jeff se acerca a su grupo. Ella le lanza una sonrisa nerviosa y empieza a hablar, aunque no puedo evitar notar el ligero temblor en su voz. Niego. La "Phoenix recargada" que suele gritarme y llamarme "Cosa" parece haber desaparecido, y en su lugar, veo a una chica torpe que intenta conquistar a este mocoso humano. Patético, pienso. Jeff le sonríe, y Phoenix suelta un comentario apresurado que no logro captar, pero el rostro del chico se torna confuso, tal vez hasta un poco incómodo. Ella intenta arreglar la situación, pero cada palabra que sale de su boca parece empeorar las cosas. Me recargo en la pared, disfrutando del espectáculo. Esto es mejor que cualquier alma en pena. Justo cuando creo que todo está perdido, Phoenix hace un gesto torpe y, de alguna manera, logra derramar su bebida sobre la camisa de Jeff. Él da un salto hacia atrás, sorprendido, y ella queda en shock, con los ojos como platos, sin saber qué hacer. Ahí no, si que es... es mi turno, pienso, mientras me acerco a la escena con calma, luciendo mi mejor cara de "ángel rescatador". —¿Hola Phoe, no sabía que estarías? —pregunto con una sonrisa despreocupada, antes de lanzar una mirada a Phoenix y luego a Jeff—. Lo siento, hermano, ella puede ser un poco... peculiar. La mocosa me mira con odio, pero antes de que pueda protestar, pongo mi brazo alrededor de su hombro y la alejo de allí. Me inclino un poco para susurrarle: —Menos mal que estoy aquí para salvarte de ti misma, Cosita. —Eres un imbécil, Adriel, ahora que mierda diré.—me responde con los dientes apretados, aunque puedo notar el sonrojo en sus mejillas. —Lo sé, pero soy el imbécil que te ha rescatado. •••☠𝓪𝓷𝓰𝓮𝓵*𝓸𝓯*𝓭𝓮𝓪𝓽𝓴☠•••
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