Cap 6. Lista.

1369 Words
Pov. PⒽⓄⒺⓃⒾⓍϟ —¿Phoe, ya tienes qué usar para mañana? —me pregunta Libia. —No, !pero no sé si quiero ir ¡—les digo con carita triste. Ella y Laud me abrazan y me consuelan. —Tranquila, prims. Te ayudaremos para que Jeff te vea, pero debes de dejar de ser tan tú . —me dice Laud, y me es inevitable no mirarla feo. —¿Y cómo soy? Soy única, bella, hermosa y divina. —contesto en broma, y todas reímos. —Ok, ok, divina. Escoge color: ¿n***o o rosa?. —pregunta Libia, y de inmediato, sin pensarlo, como toda una friki que soy, respondo. —n***o. —Vaya, casi nos sorprendemos por tu elección. —dice riéndose Laud. Mi vestido es lindo, n***o y llamativo. Hoy no he visto a "La Cosa", que se ha convertido en un tipo, pues ya no se me presenta como un esqueleto botando fuego. Ahora es guapo, muy guapo, de por cierto, y sabe dónde tocar... Sonrío al recordar mi noche anterior. Mi día es normal, como todos, solo que Libia quiere que vayamos a la fiesta de los gemelos Bell. Jefferson y Jackson cumplen sus 18 años. Me sorprende no encontrarme con "la cosa esa". Luego de mis clases de atletismo, estoy tan cansada que solo quiero dormir, y cuando llego a casa, corro, me lanzo a la cama y, de forma muy sensual y sentida, le digo: —¡Camita, te extrañé.! —Yo no, pero también te esperaba, chillona. ¿Lista para tu primera clase? —me dice "la cosa esa", que sigue leyendo mi libro de Orgullo y prejuicio. Volteo a verlo en cámara lenta. —Le decía a mi cama —contesto. Luego de una pequeña discusión por el famoso libro Orgullo y prejuicio, él inicia con mis clases. La Cosa, así, sí, Adriel, se recuesta en el borde de la cama, cruzando los brazos sobre su pecho y mirándome con esa cara de “te voy a enseñar a ser irresistible”. Intento mantenerme seria, pero la situación me da un poco de risa. Después de todo, estoy recibiendo clases de ligue de un... ¿Ángel de la Muerte? Ironías de la vida. —A ver, Chillona, primer paso. —Deja de llamarme así, Cosa espantosa. Soy Phoenix, oíste, Pho-e-mix —le aclaro y deletreo, pero él niega y continúa. —Y yo Adriel, no Cosa, i is ti, I dri il... —me remeda de forma infantil, volteando las palabras. —Primero —dice—, deja de mirarlo como si fuera la última empanada en feria —me dice, aguantándose la risa—. A los hombres les gusta el misterio, no la desesperación. Pongo los ojos en blanco. —¿Entonces tengo que ignorarlo? —le pregunto, cruzando los brazos como toda una antipática alumna. —No, no tanto. La idea es que pienses que eres la última Coca-Cola del desierto, que él aún no sabe que quiere beber.—contesta, inflando el pecho como si fuera un sabio en el tema—. Dale algo para que piense en ti, no lo obvio, sino algo intrigante. Lo miro fijamente, tratando de asimilar todo ese “misterio” que sugiere. —Entonces... ¿le sonrío misteriosamente o hago algo tipo enigmática superestrella? —pregunto, torciendo la boca en una sonrisa de mala película. Él se ríe. —Exacto. Pero sin pasarte de superestrella o parecerás la loca que ya saben que eres —responde, sin borrar la sonrisa burlona—. Loca tu abuela. Yo estoy muy bien —le contesto, aún peleando, pero él dice. —Bueno, tal vez tengas razón, la abu. Azraelia, si está loca, por eso está jubilada. Quería hacer desastres sobrenaturales para matarlos a todos y poder tener vacaciones interminables —dice Adriel, y yo abro los ojos y exclamo. —Vaya, esa sí está loca. —Adriel asiente y prosigue. —A lo que vinimos, Cosita. —¿Qué como me llamaste...? —Adriel ríe y prosigue, ignorando mi pregunta. —Dale pequeñas señales, como una mirada que dure un par de segundos y luego... ¡boom! Mirada al vacío. Que quede picado —dice. —¿Tipo te miro, luego miro al vacío… y repito? Esto parece el baile del cangrejo: un paso para adelante y dos para atrás. —comento, me río y bailo pensando en lo raro que se verá todo. Adriel suspira y se lleva la mano a la frente, como si necesitara paciencia infinita para darme clase. “Maldita Cosa”. —Sí, algo así... Oye, ¿quieres conquistar a Jeff o me estás probando a mí? —me suelta, arqueando una ceja y lanzándome una mirada divertida. Mi cara se pone roja de inmediato. —¡A Jeff! Yo sólo… ya sabes, trato de entender tus tácticas —contesto, encogiéndome de hombros. Él se ríe bajito y me mira con esa cara que me dan ganas de tirarle una almohada. Aunque el maldito se ve lindo. —Bueno, sigamos, que la tarea es larga —continúa—. Con Jeff, no puedes quedarte en los temas típicos. A él le gustan las conversaciones con contenido, no charlas de “¿ya viste el clima?”. Háblale de cosas que te apasionen, de cosas que nadie más se atrevería a decirle. Lo pienso unos segundos y se me ocurre una idea. —Entonces... ¿le hablo de mis libros de terror, de cómo colecciono pósters de películas raras y cosas así? —¡Exacto! Ahí tienes el encanto de una… extraña genuina —me responde, como si fuera el mayor piropo del mundo. —Sé tú misma, pero dándole un toque de misterio. Que piense que hay algo oscuro en ti que lo atrae, algo que no puede entender de inmediato. Claro, no le cuentes tu “don especial”, o huirá de ti de por vida. Levanto una ceja, divertida. —O sea que Jeff se va a enamorar de mí por rara. ¿Eso realmente funciona? Adriel se encoge de hombros con una sonrisa misteriosa. —Te sorprendería. Los humanos son fascinantes en su atracción por lo extraño. —contesta, poniéndose más cerca de mí. Sus ojos brillan con diversión, y, aunque estoy concentrada en conquistar a Jeff, no puedo ignorar que mi “instructor” no está nada mal. Está re bueno el maldito. Sus ojos azules, esos labios carnosos y su pinta de chico malo me hacen pensar en lo rico que me hizo sentir hace algunos días. Adriel se inclina hacia mí, y puedo sentir su aliento en mi mejilla, lo cual es bastante confuso, siendo él técnicamente una criatura del más allá. —Ahora, lo más importante —dice, sosteniendo mi mentón con suavidad y levantando mi rostro hasta que mis ojos se encuentran con los suyos—. Nunca olvides quién eres. Deja que Jeff te vea, pero sin cambiarte. No hay nada más atrayente que alguien que se siente cómoda en su propia piel… por muy rara que seas. Mis mejillas se calientan, y trato de disimular sonriendo como si no me afectara. Pero la verdad es que, entre la cara de Adriel tan cerca de la mía y su voz que parece un susurro encantador, el efecto es devastador. —¿Lista para hacer de Jeff tu presa? —pregunta, soltándome con una sonrisa burlona y esa chispa en la mirada que me hace sentir que lo disfruta más de la cuenta. —Lista, ¡y no pienso fallar! —respondo, sintiendo una oleada de confianza. Sin embargo, no puedo evitar lanzar una última broma—. Solo espero que Jeff no piense que soy un enigma tipo muñeca poseída. Adriel suelta una carcajada y me da un empujoncito en el hombro. —Si eso pasa, vendré al rescate —dice, guiñándome un ojo antes de desaparecer, dejando tras de sí esa mezcla de misterio y humor que hace que mi corazón lata un poco más rápido. Por primera vez, siento que tengo un plan. •••☠𝓪𝓷𝓰𝓮𝓵*𝓸𝓯*𝓭𝓮𝓪𝓽𝓴☠•••
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