Ser el centro de atención es algo de lo que no estoy acostumbrado, todo el mundo se nos ha acercado queriendo saludarnos y me han dado diversos obsequios que me tomará mucho tiempo abrir. Mis sirvientas estaban acomodando los regalos en una esquina de aquel enorme salón donde la gente bailaba y disfrutaba de la música, mientras sentía las fulminantes miradas de las tres esposas, quienes no sabían disimular su disgusto. Yo no quería arruinar mi felicidad, el rey ahora mismo sólo tiene ojos para mí, de hecho, hemos bailado y comido, aprovechando que había una gran mesa con muchos bocadillos deliciosos. Ahora, como bailar nos ha cansado, nos encontramos en los tronos, observando a la gente, esperando que la larga fila de personas que desean saludar, se acabe pronto. –No sabía que esto de

