No me di cuenta cuando me dormí, aunque desperté sintiendo las cálidas manos del rey deslizándose por mi espalda, siguiendo el recorrido de mi espina dorsal. Yo estaba boca abajo, abrazando la almohada antes de que él regresara, aunque una vez desperté, me giré y observé como sus labios formaban una sonrisa casi inocente. Todo mi cuerpo se sentía pesado, como aún no me he acostumbrado a sus lujuriosas caricias, suelo terminar muy desgastado físicamente, pero cuándo lo miro nada de eso importa. –¿Qué tal la reunión? –pregunté mientras él se acercaba para acomodarse entre mis brazos. –Aburrida– respondió con cansancio, acomodándose en mi pecho– pero al menos consiguieron llegar a un acuerdo. –¿Ya ha comido? –continué preguntando. –Te venía a buscar para eso– respondió. –Me alistaré y.

