Gahil Albornés. Las punzadas en mi cabeza me hace escupir un quejido tras otro, mis manos pasan a estar a ambos lados de mi cabeza, soy incapaz en este momento de enfrentar la claridad de la mañana. Apoyo con fuerza mi cabeza en la suave almohada debajo de mí y tomando la cobija me cubro hasta mis labios, olfateo un poco, frunzo el ceño al sentir un olor masculino en las sabanas, esto pasa alertarme un poco y sin querer abro de a poco mis ojos. Observo un techo que jamás he visto, bajo la mirada poco a poco y noto lo que quizás pueda ser una puerta corrediza con persianas, están entreabiertas solo un poco, me incorporo poco a poco, vuelvo a fruncir el ceño y otra punzada aparece en mi cabeza. Gruño por el inquietante dolor en mi cabeza y comienzo alertarme. ¿Dónde demonios estoy? ¿De qu

