El sabor de sus besos, la calidez de su aliento, el rozar de las yemas de sus dedos en mi brazo, mi cabeza recostada en su pecho, mi mano entrelazada a la suya, la incomodidad, la culpa. Me alejo solo un poco, el castaño baja su mirada y enfoca sus oscuros en los míos, esboza una sonrisa corta y le imito, intento no hacerle saber lo mal que esta situación me pone, no se como sobrellevar esto, no sé cuánto tiempo podre lograrlo. – ¿Vives solo? –niega, su mano pasa acariciar mi cabello corto. – ¡¿Vives con tus padres?! –digo un poco exaltada al comprender que no vive solo, sonríe. –Tranquila Gahil, solo mi hermana menor y en ocasiones la señora que limpia, no tienes que preocuparte –le miro un poco aturdida. –Pero tú hermana, ella conoce a Paulette, creo que mejor debería marcharme –inten

