Ninguno se dió cuenta que Charlie se había ido, el señor Lindert estaba encantado con el prometido de su hija Vera. El hombre alto y elegante, de cabello n***o y ojos azules, tenía un reloj Rolex finísimo en la muñeca de su brazo. El señor Lindert sonreía de oreja a oreja, el novio de Vera era un hombre muy rico, y aunque él nunca había sido ambicioso, no podía negar que Timothy era de cuna noble y esa idea le agradaba. Su manera de hablar refinada y educada le dejaba ver la clase de la que provenía el prometido de su hija. Del orgullo el señor Lindert no cabía del gusto. Iba a presentarles a su familia e invitados al futuro esposo de Vera. Pensando en eso el señor Lindert miró a la puerta, a lo lejos pudo ver a Charlie, éste iba con su cabeza baja y sus manos metidas en los bolsi

