Alai Rivas Había pasado una semana desde que D’Angelo y yo supimos lo del embarazo. Una semana que parecía un año.Una semana en la que el mundo se volvió más silencioso, más tenso, más oscuro.Una semana desde que el doctor murió. No pregunté nada.No quise saber si fue D’Angelo, si fue su familia, si fue el precio por contarle la verdad a una mujer como yo.Solo pensaba en una cosa: Mi bebé está vivo, está a salvo y haré lo que sea para que siga así. Me desperté antes del amanecer. Ya no podía dormir mucho desde que supe que tenía una vida dentro. Una pequeña vida, una esperanza. Me vestí en silencio, con ropa sencilla, y salí al pasillo. Los escoltas me esperaban como siempre, en silencio. Dos sombras eternas. No me detuvieron cuando les dije que quería tomar un café. La cafetería est

