Amina
Mis días se han reducido a nada, simplemente no hago nada mas que no sea dormir, comer o pasar tiempo con mi hija. Literalmente, estoy demasiado aburrida aquí en casa.
No soy una mujer de salir mucho en general, no lo fui antes de mi embarazo y menos lo soy ahora, pero eso no significa que no tuviera vida, la cual extraño demasiado.
Manicure, me lo hacen a domicilio.
El cabello, exactamente lo mismo.
Masajes, también.
Nate tiene tan bien abastecido nuestro hogar, que mando a crear un pequeño spa en una de las habitaciones desocupadas para que yo no tenga que moverme y así pueda hacer cosas de chicas pero en la seguridad de nuestro hogar y bajo su atento resguardo.
No me quejo, se que el nos quiere mantener seguros y que mejor que en nuestro propio hogar, pero eso no quiere decir que este contenta.
Tengo de todo, no me falta nada pero estoy demasiaaaado aburrida entre estas cuatro paredes y de verdad que necesito salir de aquí aunque sea una hora para no volverme loca.
- Mami, estas bien? - me pregunta mi sofí.
- Si amor, por que lo preguntas? - le digo acariciando su cabello con cariño, esta tan grande mi pequeña.
Ambas nos encontramos en el living viendo una película comiendo chancherías solas mientras su padre, el amor de mi vida, trabaja como c***o.
- Por que haces gestos graciosas con el rostro. Por qué? - dice divertida recreando algunas de mis muecas. Lanzo una carcajada al verla, dios, de verdad que me estoy volviendo loca.
¡Necesito salir de aquí!
- No es nada mi amor, solo conversaba conmigo misma. Olvídalo, ve tu película - me rindo antes de comenzar a explicarle el por que de mi actuar, no obtengo nada con hacerlo por que como le explico a una niña de 5 años lo que es hablar con uno misma? Imposible, no me entendería aunque se lo dibujara.
El tiempo se nos pasa volando, bueno, mas a ella que a mi al ver tantas películas de princesas Disney, de verdad que se las sabe todas, es increíble su obsesión por esas princesas.
Mientras yo me dedico la mayor parte del tiempo a mirar r************* , dormir o perderme en mis pensamientos.
Si sigo así, literalmente, me volveré loca.
- ¿Como están las mujeres más hermosas del mundo? - entra Nate con una emoción que puede contagiar a la persona más triste del mundo.
- ¡Papiii! - chilla nuestra hija y corre a su encuentro.
Yo quisiera hacer lo mismo, pero mi vientre no me lo permite, aunque mis bebés lo sienten y se comienzan a mover.
- Hola mi amor, como estás? ¿Qué has hecho con mami? - Le pregunta con ternura llenando su rostro de besos.
- Vemos películas y mamá hace gestos raros con su cara hablando con ella misma - dios mío, estos niños de hoy en día no tienen filtro para decir las cosas, la veo sorprendida por lo que dijo.
Aunque niego con la cabeza divertida, vaya que hay que tener cuidado con lo que uno dice y hace, por que ellos absorben todo, son como esponjitas.
- Ah, si? Que gestos hacía con su cara? - pregunta un divertido Nate y Sofía comienza a recrear mis gestos. Los dos largan una carcajada burlándose de mi.
- No me parece gracioso - les digo haciéndome la molesta cruzándome de brazos como si estuviera indignada.
Veo de reojo como Nate deja a nuestra pequeña en el suelo y le pide que siga viendo sus películas, pero Sofía no le presta mucha atención y sale en búsqueda de su perrito y ambos se van al jardín a jugar.
- Molesta hermosa mía? - dice todo coqueto llegando a mi lado y sentándose donde antes estaba sofi.
Gruño y giro mi rostro en sentido contrario.
Siento como una de sus manos sube por mi brazo izquierdo llegando a mi hombro dándole un leve masaje, para luego continuar por mi cuello y detenerse ahí a masajear.
Estaré molesta, pero jamás de los jamases me negaré a un masaje de mi hombre y más cuando son tan deliciosos.
Cierro los ojos y me dejó querer, disfruto de su tacto y su presencia exquisita a mi lado.
Si tan solo no tuviera este tremendo vientre ya lo estaría cabalgando como una posesa.
- hmm, que bien de siente - digo con la voz ronca y excitada.
- Acomódate mejor amor mio - dice y veo como él se posiciona en un rincón del enorme sofá dejando su espalda descansando en uno de los brazos para luego posicionarme entre sus piernas quedando mi espalda contra su pecho caliente.
Hago lo que me pide sin rechistar en solo segundos.
Mantengo mis ojos cerrados una vez nos ubicamos mejor y Nate comienza con su dulce tortura masajeando mis brazos, hombros y cuello.
- ¡Oh cielos! - gimo ante el placer que me esta entregando.
- Cualquiera que nos escuchará, pensará que te estoy haciendo el amor - dice divertido en un susurro.
- Hmmm, me da igual y que no te quepa la menor duda, que si no tuviera este enorme vientre, ya lo estaría cabalgando señor Cox - digo con coquetería y sensualidad.
El sonríe con su boca contra mi cuello, donde deja besos, lamidas y pequeños mordiscos.
- Ya tendremos oportunidad amor, no te preocupes. Tendremos toda una vida para hacer eso que dices - comenta en otro susurro delicioso contra mi cuello dejando más besos humedeciendo mi centro.
No digo nada más, no por que no quiera, si no, por que ya no puedo pensar en nada más que no sean sus caricias en mi cuerpo.
Pero sus manos abandonan su tarea y justo cuando me pienso quejar, siento sus grandes y fuertes manos tomar cada uno de mis pechos masajeandolos por debajo de la ropa erizando mis pezones y poniéndolos duros como rocas.
- ¡Dios mio! No pares...- digo perdida en el placer que solo sus manos me pueden provocar, su boca ataca mi cuello dejando besos que más de una marca dejarán.
Estoy tan sensible que un poco de toqueteo y ya me corro como un río.
Comienzo a moverme contra su cuerpo generando una fricción en su endurecido m*****o, el cual siento en la parte baja de mi espalda.
Hago el intento de darme la vuelta para darle algo de placer a él, pero me detiene.
- NO amor, déjame consentirte - dice girando mi rostro para devorar mi boca con un beso hambriento y deseoso del mío.
Nuestras lenguas juegan también, donde déjamos escapar suaves gemidos que se ahogan en nuestras bocas.
- Deliciosa, me encantas hermosa...con vientre o sin él. Nunca lo olvides, eres una diosa para mí - carajos, si me dice eso me es imposible controlarme.
Un jadeo se me escapa y las ganas de follar con locura me invaden.
Nate sigue atancando uno de mis pechos con su mano mientras la otra se abre paso por entre mis piernas llegando al punto del placer.
Como ando con un vestido le es más fácil tocarme a su antojo.
Introduce su mano en mi braga mata pasiones, por que es una carpa de circo, es practica para mi enorme vientre por que lo sostiene, pero horrible para este tipo de momentos eróticos.
Sus dedos comienzan su camino hasta llegar a mi clítoris el cual estimula con una destreza que me fascina, por que sabe que hacer y donde hacerlo para estimularme y llevarme a la cúspide del deseo en segundos.
Su boca no deja mis labios, una de sus mano no suelta mis pechos y la otra juguetea con mi clítoris volviéndome loca en solo segundos.
Mi cuerpo se mueve simulando embestidas provocando que Nate aumente sus movimientos hasta el punto de hacerme explotar en deseo llevándome al orgasmo que ansiaba desde que lo vi llegar.
- ¡Oh dios mío, NATE! - grito sin poder controlarme cuando los espasmo de mi orgasmo todavía me atacan.
Esto del embarazo no me da tregua en cuanto al apetito s****l. Con Sofía también fue igual, pero no tenía con quien quitarme las ganas, solo con un simple consolador que jamás fue tan bueno como mi hombre bello.
Por eso, cada vez que quiero aprovecho o más bien, aprovechamos estos tiempos para amarnos y entregarnos en cuerpo y alma.
- Te amo hermosa...hmmm, deliciosa - dice en un jadeo para luego llevarse a los labios sus dedos y chuparlos probando mis fluidos.
Jadeo en respuesta y creo que necesito algo más, justo ahora.
- Nate...- digo besándolo de manera intensa.
- Lo sé mi diosa, yo también quiero - dice comiéndome la boca con otro arrasador beso.
Nos levantamos con prisa pero con mucho cuidado, toma mi mano y me lleva en dirección al despacho.
En el camino nos topamos con la niñera que me ayuda con Sofía.
- Necesito veas a Sofía por unos momentos, estaremos en el despacho con mi esposa - esposa, carajos, esa palabra provoca mil cosas en mi corazón y cuerpo.
Ella asiente con una sonrisa y nosotros nos vamos a paso rápido, apenas llegamos y Nate cierra con pestillo, me posiciona arriba de su escritorio, abre mis piernas y saca esa horrible braga.
- Bonitas - dice burlándose de ellas.
- Las más horrendas del mundo querrás decir - digo y el solo sonríe.
Abre más mis piernas, acerca una de las sillas para sentarse y su rostro se pierde entre mis piernas. Una, por que mi vientre no me deja verlo y dos, por que me devora el coño como un hambriento.
- ¡Puta madre! - suelto cuando su caliente lengua de abre paso entre mis pliegues lamiendo todo a su paso.
Con mis manos me sostengo en el escritorio para no caer y terminar golpeándome.
- ¡Oh si, si! ¡DIABLOS, Amor! - grito enloquecida cuando estimula mi ya hinchado clítoris haciéndome perder todo sentido de cordura y decoro.
- ¡Maldición, eres una delicia! - gruñe intensificando sus movimientos con los dedos y lengua hasta casi hacerme explotar otra vez.
Pero se detiene de forma abrupta, se levanta, abre más mis piernas, me pide que me recueste en el escritorio y sin darme cuenta de cuando fue que se bajo la ropa, me penetra de una sola estocada hasta el fondo que siento sus gónadas golpear mi trasero.
- ¡Mierda Nate! - digo cerrando los ojos y dejándome llevar por el placer que solo él me sabe entregar.
- Mía, solo mía - dice como el posesivo que siempre ha sido tomándome de las caderas para hacer las embestidas mas profundas, excitantes y deliciosas.
Las cosas comienzan a caer del escritorio, mis gemidos se juntas con sus gruñidos de placer, el mueble chirrea al moverse con nuestros movimientos. Nate me embiste sin delicadeza, siendo un salvaje como me gusta.
Pero quiero mas, me apoyo con los codos en el escritorio después de bajarme la parte superior del vestido quedando con mis enormes senos al aire, Nate los ve y se le hace agua las boca saboreándose los labios.
Se acerca a ellos con los ojos nublados de placer sin dejar de embestirme, se introduce uno de los pezones a la boca para chupar como si fuera un dulce, mientras mantiene las manos en mis caderas penetrando sin pausa.
Salta de uno en uno, muerde, chupa y lame con hambre, hasta que un gruñido de su parte me alerta que ya esta listo.
- Hazlo...lléname - digo tomando su cabeza con una de mis manos para que no saque su cabeza de mis senos, que tanto lo añoran a diario.
- ¡AMINA! - Dice con la voz ronca, su rostro lo deja entre mis pechos cuando me da las últimas estocadas que nos lleva a ambos al país del placer sin boleto de retorno.
- ¡j***r! - suelto cuando también alcanzó mi clímax sintiendo nuestros cuerpos calientes y sudorosos.
Ambos nos quedamos recostados en el escritorio intentando calmar a nuestros ajetreados cuerpos después de nuestra entrega de amor y pasión.
Diablos, jamás me podré cansar de esto.
- Te amo - suelto con los ojos cerrados, sintiendo su respiración más pausada entre mis senos.
- Yo te amo aun más - dice alejándose de mi no sin antes dejar un beso en cada uno de mis pechos haciéndome reír.
- ¿Seguro? Yo creo que a ellas las amas más, están más grandes y deliciosas - le digo en broma y él solo sonríe mientras arregla su cabello.
- También, pero a ti te amo y me gustas mucho más - suelta coqueto tendiéndome una mano para pararme.
Lo hace con delicadeza, cuidando de mi vientre en todo momento, lo que me causa risa, por que ahora se preocupa, por que cuando me daba sin pausa no se preocupo mucho.
Nos arreglamos para salir de aquí, por que sentimos ruidos no muy lejos y parece que alguien llegó a nuestra casa.
- ¿Te ayudó? - me pregunta divertido con la abominación de prenda interior llamada braga maternal en sus manos.
- Tss, esas cosas deberían estar prohibidas para las mujeres, que cosas más feas - suelto viéndola molesta y algo asqueada.
- Pero efectivas, así que no te quejes más y bien, yo te ayudo a ponértelas - ruedo los ojos pero asiento.
Nate se arrodilla ante mi levantando un pie y luego el otro para introducirme en esa abominación de la moda.
- Te ves bien arrodillado, ahora solo falta el anillo - lo molesto largando una carcajada al final.
Nate levanta la vista y veo que me va a responder algo cuando somos interrumpidos por un golpe en la puerta de la oficina.
- Nate, Amina. Ya terminaron? Queremos verlos, así que salgan de ahí - ese fue el simpático de mi hermano Mason, que siempre nos molesta por cualquier motivo.
Ruedo los ojos pero sonrió por su personalidad tan infantil.
- Listo, vamos hermosa - suelta Nate llegando a mi altura luego de ponerme las bragas y robándome un delicioso beso que me deja suspirando por más.
- Vamos - respondo dejando salir un suspiro, yo quería seguir.
Pero bueno, ya tendremos tiempo.