Alexandra entregó sus documentos y el número de entrevista a la señora del pasillo, se dirigió a los ascensores para salir del edificio. Se quedó en el ascensor mientras sentía como la llevaba hasta la planta baja, suspiró en sus adentros mientras repasaba en su mente que era un trabajo más el cual no conseguía, aunque este había sido por culpa suya, lo rechazó sin más. Un solo día más sin trabajo y la llevaría a acabar con sus ahorros. Sabia cuando dinero le quedaba en su cuenta, aún más sabía que no le alcanzaría para alquilar más aquella casa durante unos meses más, luego quedaría en la calle, quizás en un refugio de mujeres o como bailarina exótica en un club solo para sustentar sus necesidades.
Ninguna de las opciones le resultaba agradable, había estado sin lugar durante un tiempo después de dejar la manada, hasta que logro vivir en el campus, pero aun así no había sido suficiente para sobrevivir, sabía que, si o si debía de haber aceptado el trabajo que le daría el dinero, y no estaba dispuesta a vender su cuerpo a los hombres.
La única opción que le quedaba era convertirse en bailarina exótica y lo único que no interfería con sus estudios
En realidad, no le gustaba y tan solo lo hacía por el dinero. Se apartó de la pared cuando el ascensor se detuvo, saliendo de él al igual que los demás, se encontró cara a cara con el que creyó que era el Bera de ese grupo Alfa.
—Quisiera hablar de usted señorita Black—comentó Dacius, seguido de una sonrisa que parecía ser amistosa.
—No me interesa—dijo Alexandra de manera fría.
Trató de zafarse de él, pero la detuvo agarrándola del brazo.
—Me temo que tendré que insistir—dijo Dacius, arrastrándola junto a él por un sinfín de ascensores.
Lo vio ocupar una tarjeta para abrir uno, observó que no había marcas de piso ni por fuera mucho menos por dentro cuando la acompañaron. Las puertas simplemente se cerraron y el ascensor se movió. Comprendiendo que era un ascensor express, que muy probable tan solo iba a un solo piso, el ultimo dónde estaba el Alfa y su grupo tenía la oficina. No le quedó de otra a Alexandra que apoyarse en la pared y esperar, sin decir nada a aquel hombre que la miraba. Le devolvió la mirada sin importarle si aquello era ofensivo o no.
Los marginados no tenían amos a menos que lo eligieran y ella no. Fue un viaje rápido y tranquilo, él la acompaño fuera del ascensor por un pasillo diciéndole que permaneciera ahí sentada en el sofá.
—Por favor quédese aquí esperando, no me de más dolor de cabeza—le dijo antes de volverse hacia la mujer que estaba junto a ella, mirándola ligeramente con el ceño fruncido—. El Alfa hablará con la señorita Black cuando terminen sus entrevistas del día.
—Entendido, Beta—asintió ella, mientras él se retiraba del lugar.
Alexandra al menos sabía que había acertado en algo, que él era el Beta.
Vio como la mujer fruncia el señor y arrugaba la nariz como si le ofendiera el hedor de Alexandra. Sin embargo, ella estaba limpia, y aunque era una marginada, cuidaba de su aseo personal para no oler mal como otros lobos solitarios en la naturaleza.
Aunque en realidad no sabia como era el aroma de los demás lobos solitarios, para ella olían un poco sucios y necesitaban un baño. No creía oler de tal manera. Simplemente permaneció en el sitio a como le habían dicho. No quería meterse en problemas y sabia bien como comportarse. Aunque no quisiera.
Después de dos horas sentada ahí, se encontraba desesperada, aburrida decepcionada, levantándose de ahí para estirar su cuerpo y fue a echar un vistazo al último piso. Había como quince oficinas, dos salas de conferencias y una zona común la cafetería. Había alrededor de más de una docena de mesas y sillas y tres maquinas expendedoras. Solo vio un ascensor para el piso, se accedía a él con una tarjeta magnética. Se dio cuenta que no podría salir si no contaba con una.
Encontró la escalera de emergencia, sonrió para si misma y empujo la puerta, pero no se abría y frunció el ceño. También tenia una caja para tarjetas magnéticas al lado, parecía estar atrapada en ese sitio, al menos por ahora. Regreso al sofá dejándose caer de nuevo. Paso una hora más descontenta. La mujer que estaba junto a ella la miró diciéndole:
—Ten paciencia, aún está haciendo alguna entrevista.
—No puedes tenerme aquí así—respondió Alexandra de manera tajante.
—Supongo que de cierta forma si, pues aún continuas aquí; así que por lo que resta de tu espera mantente sentada ahí—le dijo.
Alexandra pensó en eso; sabía que debía de hacer alguna manera para evitar la tarjeta magnética para todo, mientras se recostaba en el sofá sus ojos se perdieron en la caja roja de emergencia que decía: “Rompa el cristal en caso de Emergencia”.
Sabia que ese era su pase de libertad, tan solo tenia que romperlo para desbloquear la salida. Una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras se incorporaba. Se perdería entre la multitud si salía del edificio y desaparecería antes de que la encontraran.
—No lo haga, señorita Black, a menos que quiera tener una multa muy alta.
Sus pensamientos le fueron interrumpidos por la loba, sus ojos se detuvieron en ella y la vio señalar el techo, donde había una cámara.
—Quedaría grabado y le llegaría una multa, creo que es 2000 dólares ¿podrá pagarla? De ser así puede hacer lo que le plazca; además de que en este estado es un delito penal, por lo que terminará con antecedentes penales sino es que ya los tiene—comentó la loba.
—No—afirmó Alexandra.
La media sonrisa de la loba probablemente pensó que solo por ser una marginada, hacia todo tipos de cosas ilegales para sobrevivir. Se recostó en el sofá de nuevo, mientras se resignaba al hecho de estar atrapada en ese piso, hasta que alguien la llevara fuera del edificio. A la cuarta hora se tumbo en el sofá se puso cómoda e ignoro el comentario de la loba de que no era muy propio de una dama ni profesional hacerlo, y utilizó su teléfono para leer un libro hasta que se quedó dormida en el sofá.
Nadie en ese piso le había prestado la más mínima atención, excepto la secretaria del Alfa, parecía que simplemente le molestaba tener que vigilarla. En un instante, mientras dormitaba, se dio vuelta para intentar aún más cómoda y terminó cayendo del sofá, quedándose por unos instantes en el suelo antes de incorporarse con un bufido. La secretaria la miraba fijamente. —Veo que eres vaga—murmuró—, le diré al Alfa que al fin has despertado—añadió.
Sus ojos se quedaron vidriosos, se levantó del suelo. Debía de estar de vuelta arriba y ella había dormido profundamente, y él no la había despertado. Aquello era extraño. Apareció en la puerta de su oficina.
— ¿Dormiste bien? —le sonrió—. Pasa señorita Black—dijo haciéndole un gesto para que entrara.
Miró la hora de su teléfono, eran las tres de la tarde. Su entrevista había sido a las 9 de la mañana. El día casi iba a terminar, eran las tres de la tarde. Entró en la oficina del Alfa y se sentó donde él le indico.
— ¿Por qué sigo aquí? —preguntó sin rodeo alguno.
—Porque no estoy dispuesto a permitir que sigas siendo una marginada, es peligroso para las hembras marginadas en el mundo. Mas aun para aquellas que no tienen lobo, que son indefensa ante la fuerza de los lobos.