—Te estas entrometiendo—murmuró Antonio, pero hizo lo que el Alfa le pidió—. ¿No es por eso por lo que está en el extranjero, para alejarse de ti y de tus intromisiones? —añadió.
—Puede ser, pero puedo traerlo a casa cuando lo desee. Aun sigo siendo el Alfa, el que le haya hecho creer que he dejado de buscar a su pareja desde hace casi tres años, es parte de mi plan para con su futuro—asistió Joseph, al ver a Antonio dirigirse a la puerta—. Llévala directo a mi oficina, asegúrate que se quede allí toda la tarde—añadió.
El Beta asintió saliendo de la habitación, ahora tan solo debía de lograr el formar parte de su manada. Tenía por seguro que lo que quería no sería tan fácil. Pero ahora tenía todo el resto de la tarde para pensar en cómo hacerlo.
Tomó los documentos de ella, Alexandra Black. Era bella, media 1.63 metros, cabello castaño oscuro corto hasta los hombros, ojos color plomo, se preguntó cual seria su historia y si quizás se lo contaría.
Algo en lo que pensó es que necesitaría en algún momento de esa información, al igual que también esperaba que hubiera habido un rechazo y una aceptación de esa bella loba, y no de cualquier lobo, sino del lobo Alfa, lo cual le indicaría que ella muy en el fondo sabía que debía de ser una luna, tal como su Diosa la había creado. Po lo que no solo sería terca, sino que también desafiante con todos los Alfas.
Joseph conocía bien a su hijo, a su hijo mayor no le gustaban las mujeres que caían rendida a sus pies sin pensarlo tanto, no, a menos que este buscara una aventura fácil.
Así que esa marginada tan terca como solo ella, su Beta, probablemente no tendría que subir a la fuerza hasta el ultimo piso, donde no podría salir sin una tarjeta de acceso al ascensor privado, despertaría el interés de su hijo después de algunas interacciones entre ambos, en especial si ella era despreciativa con Steph, a como lo había sido con el y sus compañeros.
Su hijo no era tan joven. Tenía 35 años y actualmente estaba enfocado en esa división del extranjero de su manada, algo que Steph había iniciado él mismo solo para alejarse de la intromisión de su padre.
Joseph sonrió, aquello no funcionaria.
Quería lo que todo padre anhela, que sus hijos encuentren la felicidad, que formen familia, pero más que todo, un Don de la Diosa.
Había puesto algunas reglas agradables en la manada cuando la estableció, la ascensión no era como en las otras manadas donde el hijo mayor tan solo asumía el cargo. No, sus hijos tenían que ganársela. No solo bastaba con tener buena educación, sino más bien deberían de ser capaces de crear y administrar negocios que fueran propios y ser exitosos en las industrias que eligieran. Tenían que cumplir con sus exigencias, actualmente sus cuatro hijos eran considerados iguales, los cuales oscilaban el mismo título ser el Alfa.
Todos tuvieron que unirse a una Unidad Alfa para ser entrenados, aprendieron todo lo necesario para dirigir la manada. Sus hijos también estaban sujetos a un anillo de unión que debían llevar puesto en todo momento.
Para cuando se formó el consejo de Alfas, se construyeron e inauguraron las primeras escuelas basadas en el entrenamiento de los futuros Alfas, él les explicó las leyes de la manada por el año de 1992 cuando abrieron sus puertas por primera vez al público lobuno. Steph tenia cinco años, pero para entonces ya habían nacido todos sus demás hijos, aquel anillo que le otorgaron los del Consejo Alfa había sido creado para evitar lazos falsos con otros niños Alfas, lo que le permitió conseguir exactamente lo que quería.
Sus cuatro hijos, Steph, Elías, Conni, Mathius, llevaban los anillos, al igual que sus tres hijas, Rebeca, Josephine, Elena. Aunque sus hijas ya estaban casadas y solo sus hijos parecían que no podían encontrar pareja alguna por sus propios medios, lo cual interfería para que uno de sus hijos obtuviera el puesto de Alfa, ya que solo una pareja dotada por la Diosa podía dirigir la manada.
También existían otras dos reglas que había establecido Joseph, la primera: no podían tomar el asiento hasta que tuvieran 60 años o más. La segunda debía de dar al menos un futuro heredero.
Era una incógnita quien se quedaría con la manada, porque si todos superaban los 60 años sin encontrar pareja, sería el primero en superar la edad en hacerlo y luego producir ese heredero, por lo que eso los mantenía a todos iguales, ellos no podían ser engañados.
También les impedía matarse entre sí por el puesto, al alertarlo a él y a toda su unidad si uno de ellos estaba amenazado por el otro y algo adicional que había pedido y había sido añadido a ellos. Tenían cuatro bandas más para que no hubiera forma de engañarlo con la loba.
Si uno de sus hijo olía a una pareja, se le pondría una banda a la loba para confirmar que era su hijo quien decía lo que era. Había cubierto todos los cabos sueltos para la protección de sus hijos y les había dado a todos los mismos derechos, ni uno más ni uno menos para ascender al puesto de Alfa de su manada.
—Jefe, ¿cómo va a traer a Steph de regreso del extranjero? —preguntó Grey su Delta, lleno de curiosidad.
—De eso no hay prisa por que suceda de inmediato. Necesito que esa bella loba joven se adapte a la vida de la manada por ahora… por lo que la dejare trabajar de manera tranquila hasta que se solucione el problema de manera natural.
—No la reclamara si no es la elegida por la Diosa, lo sabes muy bien —ratificó Grey.
—Lo sé, no tienes que recordármelo—comentó Joseph—. No tengo intención alguna de juntarlos a la fuerza. Estoy seguro de que ella será un desafío para él, lo que lo llevará a despertar interés hacia ella y no me daré por vencido hasta ver de lo que él es capaz. Se que rechazará sus atenciones, como sospecho, fue rechazada por otro Alfa, lo que él no entenderá es porque no cae rendida a sus pies como todas las demás —sonrió añadiendo—, eso es lo que deseo por ahora que esa joven se adapte a la vida de la manada, por ahora y esperemos que no de problema alguno.