• CAPÍTULO XI •

2548 Words
Tres semanas se habían convertido en los días más estrictos y confusos de mi vida. Inclusive, los días confinados en aquél psiquiátrico se veían menos forzados que mi estancia en aquella gran casa. Adelaida era completamente diferente a lo que podía llegar a ser mi madre y ser estricta era su máxima características en todo lo que había estado con ella. Las charlas con Tom cada vez eran menos soportables hasta llegar a un punto de simplemente querer llorar, retener las lágrimas y no querer soltar ninguna otra palabra y, cuando más quería simplemente borrar mi pasado y seguir los consejos que aquél hombre me decía, mis ojos aún permanecían abiertos a las 2 de la madrugada viendo aquél número de teléfono debatiendo si escribir o no cuando claramente nunca lo hacía y un miedo inexplicable cruzaba mi cuerpo. Mi abuela se había aferrado a mí, me trataba como si de una alumna me tratase, había llegado a pagarme clases de etiqueta y a llenar mi agenda de arreglos físicos como cambios de ropa, distintas formas de maquillaje y, el más drástico, llegar a pintar mi cabello castaño claro casi rubio, a un cabello completamente pelirrojo junto con mis cejas que, al tener la piel tan pálida extrañamente me había gustado el resultado. Y en cuanto a las promesas que nunca cumplí, el remordimiento se había ido cuando la primera semana pasó. Adelaida siempre inventaba un nuevo plan para no dejarme ir a Wisconsin, mis amigos la odiaron desde el momento en que ellos me habían llamado y Adelaida me arrebató el teléfono para colgarles. Solo tenía por las noches para hablarme con ellos ya que por el día debía pasar el tiempo hablando con empresarios, hijos de empresarios y muchos amigos de mi abuela, dejándome poco tiempo para ellos y cuando intenté comunicarme con Roniel, sin duda fue la llamada más dolorosa que pude presenciar, él no me dirigía la palabra y cuando apenas pudo pronunciar una, la conducta déspota y arrogante de Adelaida relució mostrando su disgusto porque me hablase con él haciendo que éste al escuchar aquello colgara y no volviese a contestar mi teléfono. Adelaida sin duda era complicada, tan cambiante e igual dolida, quise en muchas ocasiones molestarme pero la tristeza en sus ojos hacía que la culpa me invadiera y me quedase. Ella estaba sola, los únicos que la visitaban claramente era por su dinero o algún interés. Adelaida era dura pero se le notaba a kilómetros de distancia su miedo a perderme y por ello hacía las cosas que hacía. Eli Cuando logres escapar de esa bruja me avisas, estoy considerando en serio ir para allá. ✔️✔️ 2:41 am. Incluso Luis anda muy molesto. ✔️✔️ 2:41 am. ~ Lo siento, de verdad, quizás el viernes vaya, no me ha dicho de algún plan... :( ✔️✔️ 2:42 am ~ buscaré la forma de ir. ✔️✔️ 2:42 am ¿El próximo viernes? ✔️✔️ 2:42 am Promete que almenos lo intentaras. ✔️✔️ 2:43 am Realmente muero de ganas de verte, aún no puedo creer que te pintaras el cabello, siento que es alguna edición tuya. ? ✔️✔️ 2:43 am ~ Haré lo posible para ir. ✔️✔️ 2:43 am ~ Y hacer que envidies mi cabello??. ✔️✔️ 2:44 am Créeme, ya lo hago ? JAJAJAJA ✔️✔️ 2:44 am Luci, ya es tarde y mañana tengo examen pero igual espero que vengas el viernes, en serio. ✔️✔️ 2:44 am Espera un segundo.. ✔️✔️ 2:44 am El viernes es 1 de noviembre, ahora que me acuerdo, si vienes quizás el sábado vayamos a una fiesta ?. ✔️✔️ 2:45 am El sábado... 2 de noviembre. En esa fecha Hugo estaría cumpliendo 22 años... Eli La fiesta es bastante tranquila la verdad, solo van los amigos de Jhonny y amigos de sus amigos. ✔️✔️2:45 am Realmente le estaba convenciendo a Jhonny de no ir ya que es en la playa y acabo de hacerme la permanente en el cabello...pero si vienes, iré, no me importa arruinar mi hermosa melena. ✔️✔️ 2:46 am ~ JAJAJAJA ✔️✔️ 2:46 am ~ ¿Cómo es que siempre hacen fiestas? ¿No sé cansan? ✔️✔️ 2:46 am No ✔️✔️ 2:46 am Así que no olvides traerte un traje de baño lindo ?. ✔️✔️ 2:46 am ~ claro, éso haré. ✔️✔️ 2:46 am ~ Descansa Elisa❤️ ✔️✔️ 2:47 am Igualll!! Deséame suerte en el exámen, no he estudiado nada? ✔️✔️ 2:47 am ~ rezaré pero dudo que a Dios vaya a gustarle pararse temprano para ayudar a una floja a pasar su prueba.? ✔️✔️ 2:47 am ?? Voy a morir. ✔️✔️ 2:48 am Fué el último mensaje enviado por la morena antes de desconcertarse. Aún cuando mis ojos pedían a gritos un descanso, como ya era de costumbre, no lograba conciliar el sueño ni aunque apagase el móvil y, sin saber qué hacer, mis dedos viajaron en los números registrados hasta detenerse nuevamente en ese número de teléfono tal y como hacía cada noche, solo que ésta vez algo era diferente. Faltaba muy poco para noviembre, faltaba muy poco para su cumpleaños y odiaba el echo de ni siquiera saber qué habían hecho con su cuerpo. Si le habían enterrado, si le habían cremado, e incluso, si habían tirado su cuerpo a un río desechandolo como una basura. No tenía nada de Hugo para rezarle o almenos sentir que tenía algo de él cerca, y lo único, a demás de mis sentimientos, era ése número que aunque sabía que era una trampa me hacía sentir que realmente lo tenía en mis manos. Una llamada, si a caso, solo necesitaba un solo mensaje. En la madrugada, tus pensamientos no son tan estables, de éso estaba segura, pero sabía que hora y día que fuese, igual hubiera enviado ese mensaje y ciertamente, anhelaba su respuesta. Habían pasado cinco minutos después de enviarlo, un simple "Hugo" era lo que había logrado escribir, y sinceramente no esperaba su respuesta a éstas horas de la madrugada pero aún así permanecía estática es su chat releyendo aquél mensaje como si hubiese escrito un largo testamento. ¿Debía a caso mandar algo más? ¿Debía dejar el teléfono y abandonar la estúpida idea de escribir cuando sabía que no era él? Por más que quería hacer caso a la primera idea, sabía que lo más lógico era irse, sin embargo, como si estuviese premeditado el marcharme, un mensaje llegó escrito en él un link sin ninguna pista de adivinar lo que era. Ni siquiera un "hola" o almenos una pregunta, solo un link corto en comparación a muchos. Había dudado en tocarle pero la curiosidad era tanta, mi dedo tembloroso tocó éste y al instante hizo que la pantalla de mi teléfono se convirtiera toda en blanco mientras un extraño conteo en la pantalla logró asustarme. Quise salirme pero nada funcionaba, ni siquiera apagarle y al cabo de unos segundo, éste dejó de contar y nuevamente mi teléfono volvió a la normalidad dejando en la pantalla un gif de unos pájaros animados volando, salvo que apenas intenté tocarlo, uno de éstos cayó con si le hubiese disparado. ¿Un link de un juego? Mi dedo volvió a tocar otro y ése también cayó herido. No había ni un marcador ni nada, era como si el juego consistiera en disparar sin ninguna meta o finalidad. Nuevamente intenté entrar a su chat y pude fijarme que éste aún estaba en línea, ¿Qué demonios había sido eso? .. ~ ¿Qué es eso? ✔️✔️ 3:09 am Visto. Me había dejado en visto. No estaba en línea, no respondía y yo había quedado como estúpida al intentar hablar. Él no era Hugo, él no era quien creía. Sabía que era Daniel y aún así yo trataba de hablarle como si no fuese él. Quizás sí estaba enferma, quizás sí estoy mal después de todo. Había intentado convencerme de que al igual que ellos haría un plan de venganza cuando ciertamente aún estaba esa estúpida esperanza irrealista. Dormir no estaba en mis planes y, aunque ya no habían señales de él, mis ojos ardían adormecidos viendo la barra de notificaciones como si éste fuese a escribirme en cualquier instante salvo que ésto nunca sucedió. Había perdido la noción del tiempo y mientras mis ojos al fin se dignaban en cerrarse, dos toques firmes en mi puerta lograron despertarme de ese corto tiempo que se sintieron como 5 minutos de sueño. — Pase — indiqué soñolienta intentando despertarme por completo. — ¡Oh! por Dios — murmuró Adelaida apenas había entrado mientras veía mi rostro y su mirada viajaba de mi cara al celular a un lado. — ¿Te haz visto en un espejo? — preguntó comenzando a notarse un poco su disgusto. — Una chica hermosa no debería llevar esas espantosas ojeras. ¿Ojeras? ¿Se escandalizaba por ojeras?. — No dormí bien anoche — confesé levantandome bajo la mirada decepcionada de Adelaida. — Ya puedo imaginarme — soltó despectiva — te desvelaste hablando con tus amigos, ¿No es así? — preguntó sin dejarme contestar. — Ya te he dicho que no me agrada la idea de que te relaciones con esa gente, no tienen clase en lo absoluto y son ése prototipo de chicos que se desvenlan en las noches porque no tienen nada que hacer por la mañana o terminan siendo nada productivos debido a su falta de descanso. — Estoy en el día ocupada, abuela — confesé — ¿Cómo hablo con ellos? — precisamente — afirmó. — No les hables, ellos solo te aportan malos recuerdo y malas enseñanzas — regañó. — Ahora, por favor, quiero que te arregles y tapes esas ojeras, más tarde vendrán unas personas importantes, tienen hijos y quiero que se sientan cómodos. — ¿Hijos? — pregunté esperando lo que venía. Quizás cuando te dicen "hijos" la primera impresión que te viene es que ellos podría o tener tu edad o ser mucho menores, y ciertamente, así ocurría siempre, yo era la menor entre una jauría de animeles juzgones y antipáticos que hacían lo posible por tratarte en los suelos. Preferí tratar con los niños más pequeños, que a pesar de que podían ser muy imprudentes con su sinceridad cruel, eran más fáciles de manejar. Tenía 20 años y aún cuando era mayor de edad, si aquellas personas tenían hijos, mi deber era tratar con ellos, según Adelaida, y con tratar con ellos se refería a todos. Ser cortés era la primera petición pero llegaba un momento en el que simplemente no podía. — Así es, El señor y la señora Harrison son personas muy rectas, quedé en una reunión con ellos, algo sencillo, les hablé de ti y están curiosos — comentó con orgullo — son amigos de siempre, sus hijos son muy correctos, te pido que te comportes. Ellos creen que sería una maravilla que tengas amigos de nuestra misma clase, — soltó con arrogancia — sus hijos son contemporáneos contigo, debería de hacerse fácil para tí. Ella no esperó a mi opinión y solo se dió media vuelta dirigiendo su atención a la puerta del cuarto de ropas como si pensara en algo sumamente importante. — Intentaré agradarles — intenté calmar siendo ignorada completamente. Adelaida se acercaba a aquella puerta y sin pedir permiso o anunciarse, abrió ésta adentrandose y perdiendose de mi vista dejándome completamente confundida. Ella no solía entrar allí. Ahora que recordaba, la última vez que la había visto entrar había sido el primer día que había llegado a su casa, pero verla entrar me resultaba algo extraño. Estaba a punto de levantarme y acercarme para ver, sin embargo, a penas mis pies descalzos tocaron la pequeña y acolchada alfombra debajo de la cama, una apresurada Adelaida salió de el cuarto de ropas con unos ganchos y ropas en manos que luego de colocarlas en la cama junto con unos tacones relucientes y blancos. — Te pondrás ésto — Ordenó dedicándome una última mirada y dirigiendose a la puerta de salida. — Sabes que no te exijo mucho, Luci — comentó y gran parte de mí se contuvo para negarle divertida ya que sabría que se molestaría — pero ésta vez es importante. No suelo alardear de todo lo que logro, usualmente suelo demostrarlo para que los demás vean que no exagero al presumir — confesó — De tí he presumido mucho con esas personas, no quiero un solo error, te lo pido. Presión. Sentía presión. Yo no era perfecta y que me pidiesen algo tan seriamente, me daba le sensación de que terminaría haciendo algo mal y en la forma en que me lo pedía hacía que aquello más que un favor como solía tomarme las otras veces, se sentía como si fuese una obligación de mi parte hacerlo, más que una obligación, una orden amenazadora. Mis labios no se movieron para quejarse ni contradecir a nada, solo me limité a asentir ante sus palabras y su mirada enorgullecida al ver que no rechistaba en lo absoluto. — Vendrán a las 2 de la tarde — indicó finalmente saliendo de mi habitación dejándome nuevamente en el silencio que aquél lugar caracterizaba. Gente importante, casi todos los que venían eran importantes pero, en la forma en la que hablaba solo me dejaba confundida. Se había molestado en indicarme exactamente qué vestir, se había molestado en darme una charla más larga que aquellas 4 palabras que cruzabamos cuando venía alguien. Se supone que las clases de cómo comportarme ya me las habían dado, sin embargo, ella se había tomado la libertad de explicarme su preocupación como si yo no estuviese al tanto de ello. Mi mirada después de todo el rato que había salido, al fin viajaron a la ropa posada enfrente de mí sobre la cama, y además de aquellos hermosos tacones que nunca había usado, un crop top de tirantes blanco y un pantalón beige algo suelto de tiro alto y ajustado a la cintura, rápidamente llamaron mi atención, además de un fino cinturon blanco con tonos dorados que convinaba con algunos detalles de los tacones. Una ropa hermosa, con partes esenciales al descubierto sin que se viese tan reveladora y que, al contrario, te harían lucir linda y elegante al mismo tiempo. Y sin duda, prefería aquella vestimenta que los típicos vestidos que me aconsejaban colocarme. Adelaida siempre ha preferido verme en vestidos, ya que según ella me hacen ver mucho más femenina y delicada, pero aquella elección es un estilo de ropa que me colocaría al ir a un restaurante o de compras, no en una visita importante. Lo que me hizo pensar que, tal vez, aquellas personas eran mucho más conservadoras, refinadas y críticas a tal punto de hacer que la misma Adelaida se tomara la libertad de elegir por su cuenta lo que iba a vestirme exactamente.
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