Ángela
299.792,458 kilómetros por segundo.
Esa es la velocidad de la luz.
¿La velocidad de Max? Ni idea, pero pasar de una ciudad a otra en cinco minutos es simplemente increíble. Durante ese tiempo yo mantuve mis ojos cerrados, sentía que me iba ahogar y mis pestañas revoloteaban junto a mi cabello ¿se imaginan donde hubiera tenido pestañas postizas o peluca? No, yo no me lo quiero imaginar.
La velocidad de Max era inigualable, dejamos a todos los lobos atrás excepto a uno con un tamaño no tan grande como Ian ni tan pequeño como los demás.
Cuando llegamos la escena ante mis ojos se puede definir en una palabra … caótica.
Toda la calle estaba cubierta de nieve, sangre, liquido infernal, cuerpos sin vida de lobos, humanos y demonios; en esta ocasión habían el triple de esas cosas asquerosas, y al apenas llegar nos recibió la figura de mi pequeña vecina de tan solo seis años con una lanza atravesando su cuerpo inerte y con una expresión de pánico en sus ojos, su boca medio abierta y de la cual salía un chorrito de sangre; los demás lobos llegaron a los pocos segundos para masacrar demonios e intentar salvar las pocas vidas humanas que quedaban, Ian me abría paso hasta donde se hallaba mi apartamento. La verdad esperaba lo peor, siempre espero lo peor, las personas llaman a eso negatividad, yo lo llamo realismo, subí las escalas y Max se quedó en la calle batallando, su tamaño no lo dejaba pasar por el marco de la puerta.
Al entrar me encontré con la casa patas arriba, había varios cuerpos de demonios y olía asqueroso pero mi madre estaba bien, el alivió recorrió mi cuerpo al verla debajo del comedor mientras dos lobos la protegían, los cuales al ingresar me dieron espacio para llamar a mi madre.
—¡Mamá! —ella levantó su mirada y sus pupilas estaban dilatadas ante el miedo.
—¡Hija! Oh por Dios, gracias a los ángeles estas bien —comenzó a sollozar mientras salía del comedor y me abrazaba fuertemente, yo le devolví el abrazo pero inmediatamente la aparté.
—Tenemos que salir de acá, no te preocupes estaremos bien y luego te explicaré todo —fui a mi habitación y tomé mi bokken para defenderme.
Agarrando la mano de mi madre comencé a bajar al tiempo que uno de los lobos nos brincaba posicionándose delante y el otro atrás resguardando nuestras espaldas.
—Está bien, pero creo que la que debe explicaciones soy yo —fruncí mi entrecejo y la miré por un segundo mientras continuaba el camino.
—¿Qué? —pero antes de salir me detuvo poniendo sus manos en mis hombros haciendo que la mirara, por el rabillo del ojo podía notar el caos afuera.
—Yo sabía que esto pasaría pero tenía miedo de que rechazaras tu destino, siempre te protegí lo más que pude e hice mi mejor esfuerzo para llevarte por el camino de la fe y aunque no lo logré quiero que me prometas que te mantendrás alejada de la oscuridad, pase lo que pase debes creer que la luz puede superar las tinieblas.
—Mamá …
—¡Promételo! —exigió.
—¡Lo prometo! —no tuve de otra que responder para poder salir de ese lugar —Ahora vámonos que este no es momento de hablar —tenía mi corazón a mil, las palabras de mi madre eran demasiado confusas.
Al salir todo estaba aún peor, ahora había más demonios y los lobos parecían en desventaja, mi hermoso lobo estaba cubierto de ese líquido espeso y asqueroso y mataba demonio tras demonio que se acumulaban sobre él.
—¡Max! —grité lo más fuerte que pude con la esperanza que me escuchara sobre todo el ruido de la batalla y él inmediatamente me miró y varios lobos nos rodearon.
* Estamos en desventaja ahora mi Luna, no podré sacarte en este instante de acá, mis lobos te protegerán mientras llego a ti *
Lo entendía, Max tenía por lo menos 4 demonios encima y los lobos a nuestro alrededor hacían hasta lo imposible por mantener la barrera, pero eran demasiados y se lograron pasar.
Solté la mano de mi madre y tomé mi bokken con fuerza mientras me ponía en posición y lancé un golpe en la cabeza del demonio haciendo que cayera a un lado aprovechando para clavárselo en la frente, éste chorreo liquidó infernal y soltó un alarido que tapono mis tímpanos, saque el sable de madera y no pude disimular una arcada mientras daba pasos hacia atrás, no entendía como Max se aguantaba eso en su boca.
Miré a mi madre y de verdad que me sorprendía, ella estaba orando, se encontraba arrodillada con sus ojos cerrados, su cabeza inclinada hacia atrás y las palmas de sus manos hacia arriba sobre sus muslos, se veía tan tranquila, pero no podía quedarme observando tal escena sacada de los villancicos de navidad, otro demonio que Max nombró como Cambión había pasado entre la barrera de lobos, me preparé para pelear, no tenía poderes pero sí o sí protegería a mi mamá.
Poco a poco notaba como los lobos se estaban cansando pero había menos demonios y sí, también menos lobos, yo había acabado con cinco cambiones y los dejé más que muertos, me sentía poderosa al poderme defender a mi madre y a mí, el conjunto deportivo caro lo tenía completamente pegado por el sudor y mis brazos empezaban a arder pero el alivió llegó a mí cuando Max me habló.
* Mi Luna me acercaré, quiero que subas a tu madre y luego te montes tú *
Sin dudarlo tomé el brazo de mi madre para levantarla, ella abrió sus ojos y me dio esa sonrisa tierna y llena de orgullo.
—Nos vamos mamá, estaremos a sal … —no pude terminar.
Sus ojos se abrieron casi saliendo de su órbita haciendo una mueca de dolor y salpicando a mi rostro sangre que salió de su boca al toser, calló de rodillas y yo la sostuve mientras veía como una lanza salía de su espalda, miré al frente y el demonio que la había acabado de lanzar venía a toda prisa hacía nosotras, pero Max llegó y lo partió a la mitad.
Volví la mirada a mi madre y en ese momento me desconecté del lugar, sentí como mi pecho se estrujó mientras lágrimas corrían por mis mejillas, solté un gemido de dolor, mi madre, mi hermosa madre estaba agonizando, la sensación de poder que sentí antes se reemplazó por dolor.
—Hi … ja.
—Tranquila mami, todo estará bien —sollocé sabiendo que era mentira.
Ella se dejó caer y yo sostuve su cabeza con mis manos para ponerla suavemente en el asfalto, sollozaba mientras veía como la vida se iba de sus ojos, con su última fuerza levantó su mano temblorosa y fría y la puso en mi mejilla derecha mientras yo la cubría con mi mano.
—Es … cúchame.
—No mamá, no hables —podía ver como le dolía hacer cualquier movimiento, podía ver como la sangre salía de su espalda.
Mi madre se estaba desangrando delante de mí.
—El amor —regurgitó sangre —es … la fuerza … más … grande —suspiró y yo solo lloraba —te … cuidaré … desde el cielo —y esas fueron sus últimas palabras.
Mientras su mano caía sus ojos me miraban pero ya no había vida en ellos, mi mente procesaba la palabra “la perdí” mientras un grito desgarrador salía de mis entrañas.
—¡NOOOO! —mientras gritaba y lloraba sentía como como mi espalda se calentaba como si me hubieran prendido fuego, y luego solo había oscuridad.
Arcángel Metatrón
Esto no debía pasar.
Teníamos la esperanza que su despertar fuera en calma y consciente, que despertara en la luz y ya se hubiera unido con su pareja destinada para resguardar el amor y la fe en su corazón, pero ahora todo está perdido.
No tenemos contacto con la tierra pero podemos verla y seguir vigilando a los humanos, ahora, el Reino Celestial está paralizado, escucho como Miguel sale del trance y empieza a dar órdenes para prepararnos para la guerra que posiblemente se avecina.
Pero como dicen en el mundo terrícola “la esperanza es lo último que se pierde”.
Ian
Vínculo emocional.
Es la capacidad que poseemos los licántropos para sentir las emociones de nuestro mate, este vínculo se empezará a sentir luego de completar el segundo paso de la unión: El primer paso es la aceptación de tu destino con tu pareja; el segundo paso es la marca, esta se lleva a cabo mientras haces el amor con tu mate y entierras tus caninos en el cuello de tu pareja, allí la unión estará lista y empezarás a sentir todas sus emociones como si fueran tuyas.
Pero el dolor de mi pequeña era tan fuerte que lo sentí como mío aunque no tuviéramos el vínculo completo.
Después de partir en dos al demonio que se acercaba a ellas Max me dio el control y cambiamos a mi forma, miré a Ángela y allí pude sentirlo, el dolor de perder a alguien … no, no era tan simple, este era el dolor de perder a una madre, a una buena madre.
Quería acercarme y abrazarla pero me contuve de hacerlo al ver la escena, su madre estaba diciendo sus últimas palabras, mis oídos captaron el último pulso de su corazón y luego nada, su aura se desvanecía, esa aura única de color rojo con manchitas negras se esfumó.
—¡NOOOO!
En medio de su grito di un paso para sacarla de este lugar y ponerla a salvo pero lo siguiente que pasó detuvo la pelea haciendo que todos los presentes pusieran sus ojos en aquella chica “humana”.
Su aura cambió, ahora era toda negra con minúsculos punticos blancos, todo rastro humano desapareció cuando su espalda se iluminó haciendo que por un momento apartara mi vista de ella cerrando mis ojos y tapando con mis brazos mi rostro, cuando noté que la luz había desaparecido volví mi vista a ella y quedé en shock.
De su espalda salían dos enormes alas.
Su ala derecha era blanca e iluminada, tenía pequeños destellos dorados en las puntas de sus plumas que hacían la combinación más pura que había visto en mi vida. Su ala izquierda era completamente negra, pero no era un n***o opaco o marchito, era un n***o brillante y hacía que sus plumas parecieran gruesas y resistentes.
Ella continuaba aferrada a su madre mientras lloraba, los presentes aún estaban estáticos, era la primera vez que demonios y lobos estaban en el mismo lugar viendo hacia un mismo punto. Brandon nos había acompañado y me sacó de mi ensoñación cuando habló por el link.
—Alpha … ¿esas son alas de verdad, verdad? ¿Nuestra Luna es un ángel? ¿Por qué tiene dos colores? —me bombardeó con miles de preguntas las cuales ni Max ni yo teníamos respuesta.
—¿Ángela? —la llamé pero ella seguía mirando hacia abajo mientras sollozaba, así que me acerqué hasta quedar al frente del cuerpo sin vida de su madre y de mi pequeña la cual temblaba con sus mejillas mojadas, y verla tan vulnerable me partía el corazón —Ángela mírame por favor —ella levantó su mirada lentamente y tensé la mandíbula al verla.
Sus ojos cambiaron, era una extraña combinación de los ojos de los demonios y los ojos de los vampiros, su esclerótica ya no era blanca sino negra y su iris completamente rojo.
¿Qué más sorpresas nos tenía el día?
Hubiera querido no pensar en eso porque al instante todo fue peor, su rostro paso de sufrimiento a ira, sus alas se tensaron y al batirlas produjo una fuerte corriente de aire que elevó todo lo que tenía al frente.