¡¡MIERDAA!!
Lo que tenía frente a ella era un ángel caído del cielo, un ángel con aura oscura peligrosamente atractivo. Un imponente hombre que vestía vaqueros azul marino, camisa blanca a su medida mangas dobladas hasta los codos mostrando parte de sus tatuajes, cinturón y zapatos cafés, uno que otro anillo de plata que decoraban sus dedos masculinos y reloj que hacia juego con ellos.
Se le secó la garganta, sintió como sus vellos se erizaban y su corazón se aceleraba.
Sus lentes oscuros que cubrían la belleza de sus ojos, pero que también cubrían la manera en que devoraba con la mirada a la hermosa mujer que tenía frente a él le estorbaban.
¡Era ella ,Dios Santo!
Pensó que ese sentimiento insano había muerto con los años y la distancia, ese mismo sentir que lo hizo irse lejos, porque se sentía un degenerado, el que su prima con tan solo diez años le atraía de una manera inexplicable.
Por eso siempre se mantenía alejado de ella, nunca le hablaba, se conformaba con mirarla, solo con eso.
Hasta ese día que Anastasia los había encontrado a él y Wendy besándose en la sala de su casa.
Llevó a Wendy después de tanta insistencia por parte de ella y como sabía perfectamente que cuando el llegaba a casa de Anthony Anastasia siempre subía a su habitación y no salía hasta que él se fuera, ¡le tenía miedo! ¿Qué como lo sabía? Su tío se lo dijo, ¿los motivos? Probablemente Anastasia se daba cuenta en la forma que la miraba.
Pero ¿podía acaso evitarlo?
Ese fue el día en que Ilianovich cruzó la línea que el mismo había puesto, le habló y vaya que hasta llegó a tocarla.
¡No de la manera que hubiese querido!
Fue estúpido de su parte intentar decirle a una niña que le gustaba y que además era su prima, hija de su tío, hermano de su papá. Así se lo repetía siempre que podía para que le quedara claro.
Más sin embargo la atracción y el deseo seguía tan vivo como una herida en la piel recién hecha.
Era toda una mujer, una hermosa mujer con solo mirarla podía sentir la excitación en su ser.
Como era posible que sin siquiera hacer nada más que estar viéndolo con expectación, pudiera causarle tanto, que incluso podía sentir los latidos de su corazón latir tan fuertemente.
¡Que Dios lo ayudara para que no saliera de su pecho y cayera a sus pies!
Debía controlar sus impulsos, pues la idea de devorar esos preciosos labios rojos lo tenía con el pulso acelerado y todo lo demás acelerado.
Anastasia se quedó sin palabras, nunca había visto a un hombre tan guapo y sexy en su vida, aunque algo le decía que se le hacía conocido.
¡Imposible!
Era muy elegante, no era de sus barrios estaba segura, todo en el gritaba poder y dinero, de su círculo social imposible que fuera.
Observó como el hombre quitó sus gafas oscuras y no pudo evitar la sorpresa.
¡Lo conocía! ¡claro que lo conocía
Esos hermosos ojos grises y esa mirada tan intensa que la hacía temblar jamás los olvidaría. No pudo articular palabra alguna, no sabía que decir o hacer solo que un ligero temblor invadió su cuerpo, una sensación inexplicable y un cosquilleo en su vientre se apoderaron de ella.
Ilianovich dio un paso hacia Anastasia, intentó decir algo pero fue interrumpido por Anthony.
–¡Hija que pasa porque no entran!—. Sorprendido Anthony lo observó, una gran sonrisa iluminó su rostro–. ¡No lo puedo creer hijo, que maravilla!, estas aquí .
Se fundieron en un cálido abrazo, Anastasia se hizo a un lado de la puerta accediéndole la entrada a él pelinegro, su fragancia la invadió, ¡simplemente exquisita! Al grado de llegar a sentir un cosquilleo en su vientre. Por el amor de Dios tenía que controlarse!.
—¡Como en los viejos tiempos hijo!
—¡Que no lo diga ,que no lo diga, por favor!– Articuló en un hilo de voz apenas susceptible, casi inaudible, suplicante.
—¡Ilianovich no sabes lo feliz que me hace verte!
¡Joder ¡lo había dicho, había dicho su nombre.
Tenía la esperanza que no fuera él o que fuera un maldito sueño, pero a quien quería engañar estaba segura de quien era, pero solo de escuchar su nombre otra vez le hacía perder las fuerzas de sus piernas, tanto que se recargo en la puerta y apretaba la manija con fuerza para poder controlarse y no caerse ahí mismo.
—¡Laura mira quien llegó—. Gritó Anthony extasiado—, ¡pasa hijo no te quedes ahí, mírate haz cambiado bastante!
De inmediato Anthony llevó a Ilianovich a la sala, antes de salir del pasillo, Ilianovich volteó a mirarla, ella seguía ahí con la puerta abierta, sus miradas se cruzaron por unos segundos, pudo jurar que una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
¡DIOS!
—¡También me alegra de verte tío, no sabes cuanto!—,contestó Ilianovich con sinceridad.
—¿Ilianovich? —.Sorprendida Laura entró a la sala ,no había nada del chiquillo que dejó de ver hace años.
—¡ Laura! ¿Cómo has estado?—.De igual forma la estrechó en sus brazos, ella aún no pasaba del asombro.
—Bien ,muy bien¿ y tu?
—No me puedo quejar —. Sonrió
Anastasia se unió a ellos, se recargó en el muro de la entrada a la sala, cruzada de brazos, incómoda, por no saber que hacer, miraba a todas partes menos a él.
—¡Hija!¿ya saludaste a tu primo?—, preguntó Anthony emocionado.
Anastasia, hizo gran esfuerzo para que no se notara su nerviosismo y sonrió, llevó los mechones de cabello que le caían en el rostro hacía atrás de su oreja, el pelinegro la observó atento a todos sus movimientos y gestos, en espera de su respuesta.
—¡Hola!— , pronunció, volviendo a cruzar sus brazos, solo levanto la mano.
Ilianovich frunció el ceño, cambiando su semblante neutral a uno serio.
—¡Hola!—, contestó.
¿Qué le molestó? Ni el lo sabía, talvez esperaba otra reacción por parte de ella, que corriera a su brazos y que le dijera talvez que lo extrañó o algo así. Porque el estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no hacerlo, se moría de ganas por sentir la suavidad de su piel, de ese hermoso cabello, su olor.
¡Maldición!
—¡Siéntate Ilianovich, por favor!—.Laura ofreció.
—¡Gracias! ¿pero ..te quedaras ahí?—. Se dirigió a la rubia quien seguía de pie.
—¡Aahm..yo ..si ¿gustas algo de tomar?-le preguntó con nerviosismo, tragando saliva con dificultad.
—¡Gracias!, solo agua.
—Ok,voy por él—. Anastasia se dirigió hacia la cocina, mientras los demás tomaban asiento.
—¿Por qué no avisaste que venías?
—Bueno pues no estaba en mis planes venir hoy, solo que andaba cerca y sin pensarlo tanto me dirigí hacia acá, una disculpa por no avisar
—No ,no tienes porque disculparte, solo que nos tomaste por sorpresa ,si bien sabía que venias a Nueva York, no sabía cuándo. Roberts no me lo dijo, pero mírate ,como en los viejos tiempos cuando venias a visitarnos todos los domingos pero ahora ya es distinto, yo ya estoy más viejo y tu ya eres todo un hombre empresario. Estoy orgulloso de ti Ilianovich.
—¡Muchas gracias tío!, me alegra que lo estés, estoy feliz por haber vuelto.
Anastasia se acercó con el vaso de agua y se lo dio en la mano en ningún momento levantó la mirada.
Al tomar el vaso de agua sus dedos rozaron los suyos, una sensación de electricidad recorrió el cuerpo de ambos, se atraían no había duda de eso.