SARAH
Al otro día decidí recorrer la casa, afuera estaba nublado y parecía que pronto caería la lluvia, entré a tantas habitaciones innecesarias que me aburrió, intenté entrar la última pero estaba con seguro, en eso alguien en su interior la abrió, era la habitación de Sebastián quien al verme se puso serio.
— ¿Qué necesitas? —preguntó atento.
— No nada, estaba recorriendo la casa y encontré tu habitación —reí con gracias y él sonrió.
— Está bien ,el señor Whirlan envió un paquete para usted, pero como no estabas en tu habitación te le dejé allí —habló casi dejando de sonreir, en cambio yo si lo hice, sentí intriga y terror, no quería tocar la herida, aún era muy profunda.
— Gracias —dije antes de irme y volver a mi habitación donde encontré una caja blanca sobre mi cama, la cual abrí sin entusiasmo, pero en cuanto lo vi mis ojos picaron y las lágrimas brotaron, era el oso, aquel oso que quedó de un día de pura risa, diversión y amor, aquel oso representaba tantas cosas, removió recuerdos tras recuerdo y comenzó una vez más la ruleta rusa. Guardé el oso con ira al darme cuenta de que esos recuerdos ocultaban mentiras, lo guardé dentro del armario dejando caer la ropa. Mi teléfono comenzó a sonar y en cuanto vi su nombre mi estómago se estremeció y el tiempo se detuvo, no quería contestar pero seguramente enviaría a alguien por mi.
— ¿Si? —respondí seca.
— Hola —me saludó con la voz apagada— solo quería saber si te llegó mi regalo —
— Si —fue lo único que dije.
— Sé en lo que estás pensando, en que te enamoraste de un monstruo —dijo con dureza.
— No quiero hablar de eso ahora ,me tengo que ir quedé en ayudar a mi madre en la cocina —mentí tratando de sonar discreta y neutral, como si ausencia no me afectaba, pero por dentro me moría, y creo que él lo supo.
— Está bien, hasta luego —dijo con tristeza.
— Adiós —dije con simpleza y corté la llamada, solo entonces solté el sollozo que reprimia, traté de verme firme y seque mis lágrimas pero no podía parar las de mi corazón.
No lograba dejar de pensar en aquellas imágenes, incluso tuve pesadillas. Ha roto mi confianza, ya no sabía que era verdad o mentira. Él sabía que quería ayudarlo, y tal vez por eso el destino no quiso, estaba cometiendo un error al no decirme lo que realmente pasaba y ocultarlo restandole importancia. Amo lo que Sam dejó ver de él, su lado tierno y protector, pero traía problemas consigo y nunca quiso que yo lo supiera, yo tan ilusa en creer cada palabra, de tratar de ser lo que necesitaba, de no oresionarlo demasiado ,nunca pensé en algo así.
¿Después de estar conmigo iba a lastimar personas por diversión? Como iba a saberlo.
Observé mi habitación casi a obscuras pensando e imaginando cosas negativas, sin poder dormir. Yo quería ser su todo, quería ser la mejor compañera que haya tenido, ser una buena mujer y esposa, acompañarnos en cada momento y situación, ayudarlo ser su apoyo, pero jamás creí que el problema era de esa magnitud.
Sé que me ama y que quiere cambiar por mi, pero eso lo demostrará con el tiempo, solo espero que no sea tarde que mi corazón no lo odie en ésta distancia y dolor.
Sentí que me había visto la cara de idiota todo éste tiempo, podía manipularme y esa fue su ventaja, no quería pensarlo así pero el resentimiento que ha dejado era grande. Me hizo amarlo con mentiras ,siempre me hizo creer que todo era culpa de su padre, pero olvidó contar que era parte de una pandilla también, ya no se si su lealtad también fue quebrada, todos sabemos como son las personas poderosas, no quieren una, quieren a todas, además quien sabe lo que hacía allí aparte de torturar, entre personas malas y sin futuro, con dinero y drogas.
Ahora lo entendía todo, su carácter, su ego, sus pesadillas...creció entre esa gente, pero también me ha demostrado el amor que aún quedaba en él, solo faltó entregarme su confianza, jamás lo hubiera juzgado, todo lo contrario ,lo hubiera ayudado a salir o buscar alguna solución. Pero prefirió hacerlo sin mi, y eso solo no llevó a ésto. A quedarnos con la mitad del corazón y el alma perdida, una vez más.
Siempre creí en él, en que todo estaba bien y que lo tenía bajo control, que no me preocupara que debía hacerlo sólo. Pero no podía controlar una guerra de pandillas, ahora uno de los suyos estaba muerto, espero que al menos haya sido una muerte rápida.
Observé la ventana y pensé en lo que estará haciendo, si puede o no dormir, si podrá parar con ésto o realmente iban a matarme por él. Tenía tantas preguntas para hacerle pero mi orgullo me lo impidió, sabía lo justo y era todo. También yo necesitaba paz y estando aquí creí que la tendría, pero mi cabeza seguía pensando en aquello, en Sam torturando cruelmente o al contrario él era la víctima, pensaba que así lo trataron allí.
Fueron días largos para mi, solo esperaba con ansias un cierto horario en el que Sam me llamaba sin falta, rezaba porque siempre llegase y no otra que me dijera malas noticias. Estaba al borde del colapso y a pesar de tener a mi madre y a Sebastián, no podía llenar ese vacío.
Siempre, todo el tiempo me preguntaba si estaría bien, si comió, si tiene frío o calor, después de todo no quería que nada malo le pase. Él seguía siendo un pilar en mi vida y si lo perdía, perdería nuevamente esa parte de mi, el coraje y la valentía sabiendo que tenía un buen hombre que me cuidaria y entendería a la perfección, pero creo que eso ya no se puede, debía estar allí encerrada en una jaula de oro por mi seguridad. La libertad se no fue, y todo por su pasado, nuevamente. Me estaba cansando pero también tenía miedo, no por mi, sino por mi madre, no quería dejarla sola, solo nos teníamos la una a la otra.