SAM
Me coloqué la chaqueta del traje, coloqué el arma bajo mis brazos junto a algunos cargadores, esa noche iría personas que podían ayudarme a saber quien era el maldito o quien sabe, podría ocultarse a simple vista. Llegué al club junto a Matt e ingresamos por la parte trasera yendo directo a la oficina donde se montaron una mini fiesta con mujeres, Matt y yo nos miramos inseguros pero aún así ingresamos y buscamos a Leo, quien estaba hablando con un hombre el cual al verme sonrió.
— Sam Whirlan —dijo como si pronunciar mi nombre era ácido para su boca. Lo noté al instante su mirada clavada en mi y su postura rígida.
— Buenas noche, necesito hablar con Leo si lo permite —le dije serio. Ese hombre me daba mala espina, tanto que incluso Matt lo notó.
— Claro —dijo con una gran sonrisa y se retiró.
— ¿Quién es ese tipo? —pregunté sin titubear.
— Es un socio de Italia, hace ya unos años —dijo sirviendo tequila en dos vasos, me ofreció y lo negué, quería estar lo más lúcido posible. Comencé a observar a los hombres, la mayoría ya los conocía a excepción del Italiano. Quien cada vez que cruzaba mirada conmigo sonreía, como si se burlarse en mi cara.
Me acerqué a él y me paré firme.
— Creo que no nos presentaron —dije y él sonrió orgulloso.
— Alessandro Porcelli mucho gusto —dijo marcando más su acento si es que lo era.
— El gusto es mío señor Porcelli —dije con educación y analizando sus reacciones.
— Eres una leyenda ángel de la muerte, un brindis por eso —dijo con malicia.
— No es algo que se festege señor, al menos no yo —hablé recto. Él me miró y sonrió.
— Bueno, yo lo haré —dijo bebiendo su Copa entera. Aquel acto me levanto los bellos de punta— creí que te habías retirado hace mucho —procedió a dejar una copa y tomar otra.
— Lo hice —respondí crudo y serio, éste tipo me llevó a entender que estaba informado de todo, sabía quien era apesar de nunca verme en persona y además eso era un secreto ¿cómo mierda lo sabía?.
— Era lo mejor, tú tienes talento para otras cosas también, mirate ere un gran hombre ahora —habló con asco y aún que quiso ocultarlo, todos a nuestro alrededor notaron la tensión que había entre nosotros. Lo observé con disgusto y él lo notó— bueno, iré a disfrutar la fiesta —dijo yéndose con algunas mujeres.
— Quiero toda la información de ese tipo —le dije a Leo quien me miró desconfiado.
— Ten cuidado, o no podrás vacacionar en Italia —dijo éste con una sonrisita— él siempre fue así, raro pero funcional —habló sin interés. Lo observé con rabia.
— La vida de muchos está en riesgo ¿crees que es un chiste? —mi dureza lo hizo ponerse serio.
— Está bien, pero no creo que a papá le guste que molesten a nuestros socios —respondió molesto.
— ¿Qué garantía tiene? —pregunté más tranquilo.
— Su esposa y su hija, viven aquí no podrían salir de la ciudad sin saberlo primero —soltó relajado.
— ¿Es legítimo? —mi mirada se clavó en él.
— Lo es —contestó con desdén.
En eso, entre la multitud lo vi acercarse a mi, mi cuerpo se puso rígido y se preparó para descuartizarlo si era necesario. Se paró frente a mi y sonrió.
— Hola viejo amigo, ah pasado tanto tiempo —dijo con sarcasmo y volvió a sonreír. Me puse de pié y caminé hasta estar cara a cara con él ,lo miré de arriba a abajo y sonreí de lado.
— ¿Qué vienes a buscar aquí Augusto? —pregunté mirándolo sin mover ni un músculo.
— Solo vine a saludarte ¿aún sigues con el resentimiento? Si, yo también pase por eso, pero bueno esas cosas son del pasado ¿No? —habló relajado y sonrió.
— No te lo preguntaré de nuevo bastardo —apreté los dientes reprimiendo la golpiza que quería darle.
— Aún sigues siendo el narcisista de antes —comentó— solo te vi y te saludé es todo —siguió con esa estúpida sonrisa y su confianza al hablarme.
— Entonces lárgate, algunos de estos hombre podrían confundirte con una mujer —dije y todos los que estaban oyendo rieron, igual que Augusto.
— No puedo irme aún que quisiera, es que estoy acompañando a un gran amigo —dijo soltando un suspiro. En eso el Italiano se acercó.
— Es hora de irnos —le dijo a Augusto y éste le sonrió. Observé a ambos y supe quienes eran mis enemigos, los tenía frente a mi, ellos me sonrieron en mi cara, fue una oleada de furia y rencor que me gritaban que los matara allí mismo.
— Que pasen buenas noches —dijo Augusto con alegría y se largaron.
No podía creer que estaban frente a mis narices.
— ¿Cómo es posible que recién me entero sobre éste tipo? —le pregunté con furia a Leo, quien no se inmutó.
— Nunca preguntaste —dijo bebiendo un sorbo de ron— ¿de dónde conoces a Augusto? —preguntó el imbécil. Al instante le di un puñetazo que lo tiró de la silla.
— Fue un compañero de la escuela —le respondí y me largue con Matt que estaba sorprendido al igual que todos al rededor.
— Maldición —dijo Matt y rió.
— Maldito hijo de puta —solté con furia. Debía empezar a tomar cartas en el asunto, recordé las palabras de Ámbar y todo encajó, era él . Estaba cien por ciento seguro sin tener pruebas, Augusto podría ser capaz, después de todo éste tiempo nunca supe de él y ahora me doy cuenta que mi relación con Sarah tuvo daño colaterales, su presencia allí solo indicaba una cosa, tenía poder, tenía a alguien que lo respaldará y buscará problemas, era la única razón al acercarce a mi con esa confianza que me hervia la sangre.
Llegué a casa y comencé a dar vueltas pensando en todo, Leo se ha comportado como un completo imbécil restando importancia a lo que estaba pasando conmigo, no me brindo la información completa y ahora estoy jodido, era socio de Martin y además tenía al imbécil de Augusto a su lado, eso significaba que mi enemigo estaba un paso delante de mi.