SAM
— Sam —me llamó Matt por teléfono— la chica está aquí —me informó. Matt me había dicho que la amiga de la prostituta había salido de la ciudad ,alquilamos una casa común para poder contactar con ella y no tenes ningún inconveniente.
— Haz que entre —le dije desde la cocina, él la dejó pasar y ambos se saludaron con confianza, en cuanto se sentó, salí y la enfrente, ella al instante intentó escapar.
— Por favor no me mates, yo no hice nada —lloró entre los brazos de Matt.
— Calmate, solo quiero la información —hablé tranquilo.
— No se nada —dijo de inmediato.
— No es momento para que te gane el miedo, habla o perderás lo poco que tienes —le advierte Matt.
— Lo siento —dijo entre sollozos.
— Solo quiero saber porque la perra de tu amiga mató a uno de mis hombres —hablé con más fuerza.
— Un tipo se lo pidió, le pago un millón de dólares —habló mirándonos con miedo— era rubio, joven y abusivo con las chicas, todas decían que las golpeaba —su rostro mostró más tranquilidad.
— Dinero que nunca gastará —comentó Matt.
— ¿Éste es el abusivo? —le mostré una fotografía de Augusto y ella asintió. Ambos nos miramos y caímos en la cuenta de todo, ya teníamos al objetivo.
— Si van a hacer algo en su contra, por favor mata a ese imbécil, nos harías un gran favor —dijo secando sus lágrimas con furia.
— Vete de la ciudad, van a matarte si te encuentran —le recomendé y nos fuimos de allí.
Augusto era mi objetivo e iba a hacer hasta lo imposible porque sufra y hunda a su amigo también.
Regresé al club, pero no me dejaron entrar.
— Lo golpeaste frente a sus socios hermano, está furioso —me dijo Clark el jefe de seguridad.
— Marica de mierda —dije antes de irme y dejar a Matt en mi casa.
— ¿A donde vas? —me preguntó cuando vio que no salí del auto.
— Iré a ver a un viejo amigo, esperame con cena echa cariño —bromee queriendo alegrar la situación.
— No, yo te acompaño —dijo decidido eh intentó ingresar al auto, pero ya había asegurado las puerta.
— Volveré en un rato —le dije y arranque el auto.
— No debes estar sólo joder —lo oí decirme antes de alejarme del todo.
Conduje hasta donde alguna vez fue casa de Augusto, e investigue el panorama, estaba abandonada al parecer hace años. Tomé mi teléfono y llamé al agente Mackavit quien recibió mi petición con gusto. Pasé por él en unas horas en las que solo me quedé viendo los alrededores y pensando en cómo se metió en ésto.
— Fue fácil encontrarlo está en la lista de violadores sexuales —dijo él al entrar y mi sangre hirvio en ese momento de solo recordar a ese maldito intentando abusar de Sarah.
— Habla —le dije mientras conducía por las calles.
— Pues no se graduó, sus padres se divorciaron hace ya dos años, ha vivido con su abuela en Ohio hasta la fecha, no hay empleos registrado, no hay multas ni arrestos después de intentar violar a una de sus compañera de la escuela —revisó los papeles distraídos mientras yo luchaba por dejar de pensar en esas imágenes.
— ¿No hay nada más? —pregunté histérico.
— De echo no, el otro nombre no me dio resultados, el tipo está bajo tierra hace ya 5 años —dijo mirándome.
— Así que usa la identidad de un muerto, que conveniente —dije con ira, aún estaba como empecé, sin conocer a mi oponente.
— Es ingenioso nadie lo buscará, mucho menos si es un inmigrante ilegal —comentó.
— Pues necesito saber quien es y con lo que cuenta, está metido en los negocios alguien tiene que conocerlo —hablé de malas.
— Trataré de comunicarme con algún colega de Italia, espero que ellos puedan ayudarnos —dijo decidido.
Lo dejé en el mismo lugar que lo recogí y luego fui a casa con un nudo en el pecho y otra en la cabeza, lo único que quería hacer era ir por Augusto y que él me dijera todo. Quería torturarlo como lo he anhelado desde que apareció en mi vida, intentando intimidarme. Y cuando se dio cuenta que no podía procedió a meterme en su grupo lo cual hice solo por una apuesta, que era acostarme con su novia de ese entonces, si tal vez fue cruel, pero en ese momento no me importó, además él se vengo queriendo hacer lo mismo, pero fue mucho más lejos.
Comencé a llamar a Sarah pero no respondía y me desesperaba, hasta que después de la segunda llamada respondió.
— ¿Si? —dijo con simpleza.
— Solo quiero saber como te encuentras —hablé con calma, queriendo ser delicado con ella.
— Estoy bien, no respondía porque estaba en la ducha —dijo casi en un suspiro.
— Esta bien y ¿tu madre cómo está? —traté de alargar más la conversación, necesitaba oír su voz, me tranquiliza de alguna forma.
— Está muy bien, se ha enamorado de tu cocina —dijo y por primera vez en el día sonreí, pero fue una sonrisa de alegría y tranquilidad.
— Es toda suya —contesté con la sonrisa intacta, un silencio se produjo.
— Debo irme, tengo que cambiarme y aún debo cenar —la oí suave.
— Está bien, enviame un mensaje antes de irte a la cama por favor —le indiqué con ansias.
— Okey adiós —se despidió y cortó la llamada.
No podía dejar de lado todos los sentimiento que estaba provocando su ausencia una vez más, admito que ésto es mucho peor y mas difícil de sobrellevar, la vida de Sarah dependía de mi, al igual que la de su madre, y por supuesto que estaba haciéndome en los pantalones del miedo por fallar, pero mi amor por ella me da el valor para tomar ésas difícil desiciones y para prepararme físicamente. Aún así siento que cada día dentro de mi, algo se va, o al menos intenta irse, no quiero que sea ella, no quiero que sea su recuerdo queriendo dejarme y que todo lo malo tome su lugar otra vez. No verla no tocarla, no abrazarla, cosas tan simples, puede destruir un matrimonio y a una persona.
Su ausencia estaba debilitando mi corazón, el cuál estaba siendo devorado por el odio y el rencor, la necesitaba, pero también necesitaba que estuviera a salvo, incluso de mi.