Capítulo 9

1325 Words
Capítulo 9 CHARLES Me alegré de haber tenido esa plática con Axel, para mí era muy importante dejar claras las cosas y por supuesto que yo tomaría su consejo y estaría con Vale cuidándola y amándola siempre, no pensaba dejarla para nada. Iba caminando a la cabaña para encontrarme con ella, cuando ella venía caminando en el bosque y nos cruzamos en el camino. —Mi príncipe de Mónaco ¿dónde estabas? —preguntó—ya tengo todo empacado para irnos a la ciudad. Necesito irme cuanto antes de este lugar y ya ha llegado Alejandro. De hecho, se quedó subiendo las cosas al auto. —Ya venía de regreso, mi princesa y sí, ya nos vamos—dije encantado—tenemos muchas cosas que hacer en la ciudad. —Sí mi amor, quiero ir de compras para lo de París. No quiero ir con la ropa que ando siempre, es mi primera oportunidad en grande—dijo muy emocionada—y quiero arreglar mi recámara en casa de Sofía que se quedó hecha un desastre. —Sobre eso, hay algo de lo que quiero hablarte Vale—le dije abrazándola tiernamente—pero ya lo platicaremos de camino a la ciudad, sí tú quieres. —Siempre quiero, pero vámonos ya. Se ve que va a llover y si nos alcanza la tormenta, no podremos irnos. Me urge salir de este lugar, de este pueblo y olvidar todo lo que pasó aquí. Hoy empieza una vida nueva para mí, para nosotros, mi príncipe. —Bueno, eso dependerá de tu respuesta—dije emocionado—sí tú me dices que sí. —Para ti, siempre habrá un sí, mi príncipe. Llené de besos a Vale y llegamos con Alejandro mi chofer. Él ya tenía todo en el auto y apenas nos vio a mí y a Vale, nos abrió la puerta de la camioneta para que nos subiéramos y así lo hicimos. Tomamos camino a la ciudad y nos pusimos a jugar cartas con Vale y después de perder contra ella, varias veces en el póker terminé dándome por vencido. Entonces, nos quedamos en silencio y aproveché ese momento para mostrarle algo en la pantalla de la camioneta. Ella se quedó maravillada viendo lo que le mostré y después que terminó el video, se volvió para mirarme y me perdí en la belleza y la ternura de sus ojos. —Charles, si esto es tu nuevo piso en la ciudad, está precioso—dijo emocionada—muchas felicidades. Aunque donde vives es una zona hermosa, pero supongo que son lujos que les gusta darse a los miembros de la realeza. —Sí Vale, hay un poco de verdad en lo que dices, pero lo compré no solo para mí—le aclaré—quiero que una hermosa princesa, vaya a vivir conmigo. —Esa no la vi venir, es que no creo que eso les vaya gustar a los reyes de Mónaco, que vayas a vivir conmigo sin estar casados, pues no me has propuesto nada—ella se empezó a reír—y tampoco es como si yo quisiera casarme. Mi vida apenas comienza. —Quiero que comience con esto, con nosotros juntos y de mis padres no te preocupes—dije despreocupado—mi padre me contactó con el agente de bienes raíces que me vendió el piso y dijo que teníamos permiso para vivir juntos. Ellos están tan seguros como yo, que serás la princesa de Mónaco. Así que, la decisión es tuya. Vale se quedó pensativa, pero no en el mal sentido. Ella empezó a ver de nuevo el video y estaba muy contenta. Yo la veía muy emocionada y así era como me gustaba verla siempre, con sus ojos llenos de ilusión y no de las tristezas que siempre llevaba a cuestas. Ella merecía todo lo hermoso y maravilloso que existe en el mundo y me alegra ser yo, quién pueda vivir esas experiencias con ella. Me quedé pensando en tantas cosas que ella y yo podíamos hacer juntos que, me quedé de piedra cuando ella empezó a gritar. —Sí, Charles—gritó emocionada—sí me voy a vivir contigo. Sé que es un gran paso, pero llevamos años de novios y sí quiero estar contigo. Además, si ya tenemos el permiso de los reyes, ¿para qué esperar más? Eso sí, me tienes que dar unos días para despedirme de Max y de Sofía, los voy a echar mucho de menos. —Sí, mi princesa. Tendrás los días que necesites, además vamos con calma. Te propongo que nos mudemos juntos cuando volvamos de París, de grabar tu comercial y de los compromisos que yo tengo en Mónaco con mis padres. A los que está claro que me puedes acompañar, si quieres. —Ya veremos, mi amor—dijo un poco nerviosa—una cosa es que estemos juntos, pero aún no me puedo acostumbrar a todo lo que representa el acoso de los medios por ser novia de un m*****o de la realeza. Entendía a Vale perfectamente y siempre le estaría muy agradecido por lo mucho que ella ha tenido que hacer para aguantar a los medios. Son realmente insoportables y fueron en gran medida una de las razones por las que me vine de Mónaco para la ciudad, porque no aguantaba su acoso y porque quería saber lo que se sentía vivir como cualquier mortal y terminé amando esta vida y amando a una chica normal que me había robado el corazón y todos y cada uno de mis pensamientos. Llegamos a la ciudad y fuimos a casa de mi prima Sofía. Yo pensaba dejar un rato a Vale y volver para verla más tarde, pero ella no quiso que eso pasara. —¿A dónde vas, Charles? —me dijo jalándome de la camisa en la entrada de su casa—con todo esto de ir al pueblo, no hemos celebrado mi recepción en privado. —Lo haremos, mi princesa. Solo que no creo que aquí en casa de mi prima sea lo indicado, aunque viendo que no está, bien podríamos aprovechar la oferta. —Claro que podemos, mi amor. No todo debe ser tan planeado, lo que no se planea siempre es lo que mejor resulta, ven, sube conmigo a la recámara. No me pude resistir, ante la propuesta de Vale. Claro que subí a la recámara con ella. Y apenas nos quedamos solos y nos empezamos a besar como desesperados y en cierta forma, así lo estábamos. Estos días allá en el pueblo no habíamos podido usarlos como hubiéramos querido, pues Vale estaba con mucha tensión por todo lo que había tenido que ir a hacer allí y yo, simplemente quise respetar su espacio y acompañarla. Pero, ahora que estábamos a solas, dejamos salir nuestras pasiones e instintos reprimidos. Ella me encendía de mil maneras y su forma loca y arrebatada de ser, me tenía vuelto un súbdito ante su hermosa belleza. Vale era una diosa, un sueño de mujer y era eso… mi novia, mi princesa y mi mujer. Ella se separó de mí y se empezó a quitar sensualmente la ropa hasta quedar con solo su lencería puesta y entonces me aventó a la cama y empezó a caminar sensualmente por la recámara modelando solo para mí. —Charles, ¿crees que me puedan contratar los de Victoria’s Secret? —me preguntó—yo creo que tengo posibilidades. —Serían unos estúpidos si no lo hacen—dije riéndome como un estúpido—estás preciosa. Estás más hermosa que todos sus ángeles juntos. —Sí eso piensas, ven y quítame la ropa mi amor—dijo dulcemente—es mi primera vez como modelo profesional, que estaré con un m*****o de la realeza. —Tú eres mejor que cualquier mujer de la realeza—declaré mientras me acercaba a ella—será para mí un placer, despojarte de tu lencería, mi Vale…
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