Capítulo 4
VALENTINA
Charles y yo, salimos de mi recámara y después entraron Tony y Axel. Asereth se quedó cuidando a mi sobrina Valentina. Sofía se acercó a nosotros y viendo cómo estábamos, se preocupó por la situación de inmediato. Ella siempre ha sido muy perceptiva.
—Chicos, vengan anímense—nos dijo ella—nadie ha gozado casi de la barra libre y eso es un pecado ¿cómo sigue Danna?
—Se siente muy mal y creo que la he hecho que se sienta peor—dije preocupada—ella insiste en que vaya a despedirme de Suzette al pueblo y sabes que no quiero volver allá nunca más.
—Tranquila mi princesa, vamos a descansar un rato—propuso Charles—prima, ¿nos prestas tu recámara?
—Claro, pasen—nos dijo Sofía—pongan el letrero de no molestar para que hagan sus cosas.
—No será necesario—respondió Charles—para eso tendremos el fin de semana.
Charles y yo, nos fuimos a la recámara de Sofía y nos recostamos en la cama. Él me abrazó dulcemente y empezó a acariciar mi cabello como siempre lo hacía cuando nos relajábamos juntos. Yo pensé que apenas estuviéramos solos, íbamos a pasar a lo obvio, pero no fue así. Charles estaba pensando como ayudar a Danna, yo lo sabía porque lo conocía muy bien y él era demasiado amable para decirme las cosas.
—Charles, dime lo que piensas y no me digas que no piensas en nada porque no te creo—le dije muy segura—sé que estás pensando que debo regresar al pueblo solo para que Danna esté feliz.
—No Vale, yo no estoy pensando en eso—respondió—sólo quiero que hagas lo que sea mejor para ti y no lo digo por Danna. Lo digo por ti. Quiero que seas feliz.
—Gracias, pero feliz he sido desde que estoy contigo. Conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida—confesé—nunca pensé que alguien como tú, se fijaría en una persona como yo y lo que son las cosas, me siento una cenicienta que conquistó el corazón de un príncipe.
—Soy un hombre que te ama y lo demás es sólo un título. Vale, no quiero que guardes rencores en tu corazón y sea lo que sea que pasara entre tu hermana y tú, debe quedar atrás. No te digo que vuelvas al pueblo si no es eso lo que quieres, sólo te digo que pienses bien las cosas Vale, no es bueno albergar malos sentimientos.
—Lo sé y te juro que si me hubieras conocido cuando vivía en el pueblo, yo creo que te habría gustado más. Antes no era la de ahora y vaya lección que la vida me ha dado—respondí—la de no confiar en nadie y no ser buena con nadie tampoco.
Lo que le dije a Charles, no era más que la verdad. No era justo para mí la vida que me tocó y eso que él, aún no sabía que mis padres no existían en mi vida, porque mi mamá mató a mi papá y porque ella para mí, está muerta en vida. No creo que eso le agradara saber de la mujer que ama, porque si algo también me había enseñado la vida es que el amor no lo puede todo, pues a pesar del amor que nos teníamos Axel y yo hace años, terminamos yendo por caminos separados.
—Mi Vale, te entiendo perfecto. Pero, pese a lo que pasaste con esa hermana tuya, sé que por dentro sigues teniendo esencia y alma de niña buena y, además, el que te fueras del pueblo, tuvo su parte buena—dijo Charles mirándome con ternura—mi madre dice que todo pasa por algo y de no haber pasado lo que pasó, tú y yo, nunca nos hubiéramos conocido.
—Quizás eso hubiera sido, lo mejor para ti mi amor—declaré afligida—porque yo solo traigo la desdicha y la mala suerte para la gente que me rodea. A lo mejor hubieras encontrado una mujer mejor y más guapa que yo, alguien que fuera digna para ser tu princesa.
—Ya la he encontrado y eres tú—declaró muy enamorado—te amo, Vale. Te amé desde el primer momento en que te vi. Ahí supe que había encontrado a la mujer que busqué toda mi vida y, además, mis padres ya te adoran ¿qué hago para que me creas? Tú eres todo lo que necesito en mi vida, mi pasión, mi arte y mi poesía.
—Es que no soy lo que piensas, Charles y hay muchas cosas que no sabes sobre mí y si no te las he dicho, es porque muero de miedo de perderte.
—Nunca me perderás, Vale. No tengas miedo—él me abrazó con más fuerzas—te amo y eso nunca cambiará, tú eres mi musa, mi inspiración, mi princesa.
Me quedé quieta por un momento en la paz que los brazos de Charles me daban y supe que había llegado el momento al que tanto miedo le he tenido desde que él me pidió ser su novia, ese momento donde le cuento que además de ser una pueblerina, no soy para nada una princesa y que soy hija de una asesina y vengo de una vida dramática espantosa.
—Charles, tengo que contarte todo lo que he callado y te pido que no me digas nada, hasta que termine de contártelo—le dije mirándolo a los ojos tiernamente—y sé que, con esto, me arriesgo a que te vayas y a que decidas que no quieres estar conmigo y a que me digas que no podemos amarnos.
—Será como tu me digas, mi princesa—me dijo con amor—te escucharé, pero te prometo que no iré a ningún lado y que aquí estaré.
Tomé valor y le conté todo a Charles, él, aunque se quedó impactado por la verdad de mi vida y de mi existencia, solo tuvo amor y comprensión para mí. Me abrazó y me besó con mucha ternura y comprensión, y me amó aún en ese momento que necesitaba de su consuelo, de su calma y de su amor.
—Vale, ahora te amo más por como has podido salir adelante a pesar de la vida que te ha tocado vivir—me dijo con lágrimas en sus ojos—nadie en este mundo debe sufrir lo que has sufrido tú y te prometo que, a mi lado, las únicas lágrimas que saldrán de tus preciosos ojos solo serán las de felicidad.
—Gracias mi amor, no pensé que fueras a aceptar mi pasado—dije convencida y llorando desconsolada—pero, me siento aliviada que ya lo sepas. Ahora sí, ya estamos a igualdad de situaciones, sabes mi pasado como yo sé el tuyo. Ahora ya te has dado cuenta que no soy una princesa.
—Siempre lo vas a ser, mi princesa—Charles me consintió más que nunca—te amo por ser valiente, decidida, inteligente. Eres una mujer preciosa, por si fuera poco, yo soy el que se siente afortunado por tener a la mujer más hermosa del mundo.
—Lo dices porque me ves con ojos de amor, Charles. Yo solo soy una mujer como cualquier otra, una mujer que te ama como sé que nadie podrá amarte nunca más.
—Y no quiero que nadie más lo haga, quiero que tú corazón y el mío estén siempre unidos Vale. Que nuestro amor sea como el de mis padres, a prueba de todo. Es por eso que quiero que consideres lo de ir al pueblo—me pidió—no quiero que manches ese corazón hermoso que amo, con el odio y el resentimiento. Deja fluir mi princesa y verás que la vida es mejor, si la vives sin malos sentimientos dentro.