Capítulo 1.
Alessandro iba montado en su coche acompañado por su chófer Eliot camino a su oficina como casa mañana. Venían de dejar a Amber, su novia en su casa.
Habían pasado una noche muy fogosa en su apartamento. Ya parecía costumbre que quedarán después del trabajo y se dedicaran a tener s**o gran parte de la noche. Hasta hace cuatro meses que la conoció, se había dedicado a ir de mujer en mujer sin tener ningún tipo de compromiso.
Alessandro era uno de los multimillonarios solteros más codiciados de Italia. Con su más de metro ochenta de estatura, su porte elegante, moreno, de ojos grises e intensa sonrisa, unido a ese carisma tan seductor que volvía a las mujeres locas y era portada de revistas sensaciolistas del país. La prensa seguía pasó a paso sus conquistas. Era discreto en cuanto a las relaciones, pero muchas veces algo llegaba a la prensa y por ende a su familia. Estaba algo cansado de que su familia le reclamara sus amoríos e insistían en un matrimonio. Consideraban que una imágen de hombre responsable y centrado era mejor imagen para la compañía. Es por eso que desde que conoció a Amber y había quedado prendado de esta escultural rubia, pensó que ya era momento de formalizar una relación. La había conocido en una fiesta de un amigo, ella era una de las tantas modelos invitadas. Se conocieron esa noche y esa misma noche se acostaron. Alessandro pensaba el próximo fin de semana presentársela a sus padres y formalizar el compromiso.
Bajó del coche, subió a su oficina y ya le esperaba su vicepresidente y mejor amigo Marcus Sanroman. Se conocían desde la escuela, estudiaron juntos en la universidad y tras terminar decidieron embarcarse en agrandar la compañía hotelera de la familia D'Angelo.
—Buenos días mi amigo. –saludó muy sonriente Alessandro.
—Buenos días. ¡Qué sonriente vienes! ¿Te ha dejado descansar esta noche esa rubia?
—Buuff he descansado poco. Pero es que me tiene loco. Me encanta. Es guapa, lista, está buenísima, tenemos buen s**o. Lo tiene todo. Este fin de semana se la voy a presentar a mis padres.
—¿Enserio? Alex no crees que vas muy rápido? Apenas lleváis cuatro meses.Pero realmente no la conoces como para casarte. Si está buena ¿pero que más?–Marcus tenía sus dudas sobre la chica, consideraba que era un tanto frívola e interesada.
—Da igual, no creo que me interese ninguna otra mujer como para casarme. Estoy seguro que es la indicada para mi. La conozco lo suficiente, ella me aporta que yo necesito.¿Acaso no ese eso lo que quieren mis padres? Que me case.
—Si pero...estoy seguro que no con cualquiera...
— Yo solo me casaré con quien yo quiera. Alguien que me aporte lo que yo necesito.
—No se, antes de precipitarte deberías hablarlo con tu familia. Ya sabes tus padres se casaron por un matrimonio de conveniencia y tu abuelos también. No creo que elijan a cualquiera.
Esas palabras dejaron pensativo a Alessandro que no pensaba cambiar de opinión, así sus padres no estuvieran de acuerdo.
Al finalizar la mañana se dirigió a comer a la mansión D'Angelo. Allí vivían sus abuelos paternos y sus padres. Era una impresionante mansión del siglo XX en el mejor barrio a las afueras de Roma. Saludó a sus abuelos y a sus padres y se sentaron a comer.
—Hijo ¿Cómo ha ido el trabajo? –le preguntó su abuelo Thomas. Era un hombre que pasaba los ochenta años y fundó la compañía hotelera D'Angelo junto a su suegro cuando era joven. Había dedicado toda su vida a esa empresa, pero hacía ya unos años, tras sufrir un infarto, decidió retirarse. Aunque siempre estaba muy pendiente de los asuntos de los hoteles y Alessandro le pedía consejo a él o a su padre siempre que lo necesitaba.
— Bien, muy bien abuelo. No me puedo quedar el último informe trimestral nos sitúa como la mejor compañía hotelera
—Eso está muy bien, pero no debes confiarte, siempre tienes que trabajar muy duro, hijo. Es el legado de la familia.
—Lo sé papá, lo dices siempre.
— Trabajo muy duro para que la compañía y nuestros trabajadores tengan un futuro.
—Hablando de futuro...tienes treinta y dos años. ¿Cuando piensas casarte? Quiero que tengas hijos antes de que me muera. Quiero que me hagas bisabuela, hijo.–pidió su abuela Sarah algo compungida intentando ablandar a su nieto.
—Con respecto a eso...–no puedo terminar la frase porque su madre lo interrumpió.
—¿Sabeis quien vuelve de New York?
—¡¡¡Ooooh es fantástico!!!¿Enserio vuelve?–la abuela Sarah estaba emocionadisina y Gia, la madre de Alessandro asintió igual de emocionada
—Me alegro mucho de que por fin vuelva a su tierra ya estaba haciendo falta por aquí.– habló el abuelo Thomas.
—¿De quién habláis? –Alexander estaba ya cansado de esa conversación, no sabía de quien hablaban. Todos estaban contentos por el regreso de alguien misterioso y para colmo él no había podido contar que tiene novia.
—De Allegra Giordano. ¿La recuerdas?Vuelve a Italia y esta vez para quedarse. El próximo fin de semana Francesco y Martina darán una fiesta de bienvenida para ella.
Alessandro claro que recordaba a esa niña gordita, pelirroja y llena de pecas que desde niña iba detrás de él siguiéndolo a todos lados. Luego de adolescentes seguía igual pero cuando Alexander por alguna cosa le hablaba ella se ponía muy nerviosa. Sabía que estaba enamorada de él, aunque esperaba que después de ocho años que no la veía, ya se le hubiera pasado ese enamoramiento estúpido y lo dejara en paz.
—Allegra Allegra. Aah si ya me acuerdo esa gordita y pelirroja tan pesada. Si me acuerdo de ella.
—¡Alessandro! No hables así –le regañó su abuela. Ella sabía que Alegra siempre estuvo enamorada de él y siempre tuvo la esperanza de que ellos algún día estuvieran juntos.
—Es una chica fantástica y además es una muchacha muy linda.
—Bobadas. No lo creo. Lo que yo recuerdo de ella es que no era nada guapa y estaba algo gordita.
—¡Hijo! –su padre le habló. No le gustaba la superficialidad de su hijo. Consideraban que así nunca encontraría una buena esposa.
—Nosotras hemos ido a verla con Martina a New York y te puedo decir que es una muchacha elegante, muy trabajadora, inteligente, simpática y muy guapa. – añadió su madre Gia que pensaba como su suegra, que Allegra era la candidata perfecta para su hijo.
Estaba cansada de que sus amistades le recordarán la extensa lista de modelos con las que su hijo se codeaba de fiesta en fiesta.
—Lo ves, justo lo que tú necesitarías como esposa. ¡Sería maravilloso! Dos de las familias más ricas de Italia unidas en matrimonio. – la abuela Sarah estaba entusiasmada de solo pensarlo.
—¿Qué dices abuela? Eso no va pasar. De hecho quiero decirles que tengo novia y quiero presentársela formalmente.
Más de uno abrió los ojos asombrados.
—¿Qué?
—¿Quién es?
—¿Quien es su familia?
—¿De dónde es?
—¿Cuál es su apellido?
Alessandro solo escuchaba preguntas y más preguntas.
—Vale Vale. Se llama Amanda y es modelo.
—¿Cómo? ¿Modelo?
—Si, modelo de lencería y es guapísima. No entendemos bien y quiero casarme con ella. ¿ No es eso lo que queréis? Que me case. Que un hombre casado es mejor imagen para la compañía de cara a los posibles inversores. Pues ya está me casaré.
Las dos mujeres de la mesa quedaron sorprendidas ante esta inminente noticia. Era algo que no esperaban. Sabían que se veía con muchas modelos actrices y diferentes mujeres sin ningún compromiso pero de ahí a casarse no se lo llegaron a imaginar. Los hombres se quedaron callados, ellos sólo escuchaban, ya dirían su última palabra.
—Bueno...Eeh ¿Y cuanto tiempo lleváis?
—Cuatro meses.
—Eso es poco tiempo, hijo.
En la mesa no se dijo mucho más. La dos mujeres suegra y nuera, que por su relación muchos dirían que eran madre e hija no se quedaron tranquilas, eso ella no lo iban a permitir, sobretodo la más anciana.
—Bueno tengo que irme. Tengo una reunión en una hora.
—Hijo no se te olvide que el sábado tenemos la cena en casa de los Giordano y sería una ofensa muy grande que no acudieramos todos a darle la bienvenida a Allegra.–insistió la abuela Sarah
—No creo que pueda. Uuf tengo mucho trabajo, tal vez otro día.
—Hijo tienes que venir. Los Giordano son personas muy importantes y amigas de la familia.
—Asi es. Haz un hueco en tu agenda y ven con nosotros— el más anciano, el abuelo Thomas insistió a su nieto.
— Está bien iré pero solo un rato luego he quedado. Adiós nos vemos.
—Adiós hijo. Te queremos.
Alessandro salió hastiado de la mansión tenía que acudir a esa absurda fiesta de bienvenida para Allegra. Se montó en su coche donde su chófer lo esperaba y se fue a su oficina. Tenía una reunión importante a la que acudir en su oficina y más tarde pasaría a recoger a Amber que se encontraba en una sesión de fotos para una revista masculina.
Mientras en la mansión a la abuela Sarah se le había atragantado el postre.
—¡Una modelo de lencería la futura señora D'Angelo! ¡Ni hablar! Sobre mi cadáver.–la abuela Sarah estaba exaltada. Era una mujer de carácter y muy sensata pero que acostumbraba a salirse con la suya cuando consideraba que era algo bueno y debido a su carácter y personalidad muchas veces era difícil decirle que no.
—Cariño tranquilizate. Eso no es bueno para tu corazón. –el abuelo Thomas le cogió la mano por encima de la mesa. El estaba muy tranquilo.
—Asi es mamá. Eso no va a pasar.
—Para que hemos trabajado tantos años por la compañía y la familia para que venga una cazadortunas y acabe con nuestra reputación. No. Eso no.–Ella insistía.
—Lorenzo cariño. ¿Qué vamos a hacer con Alessandro?–el hombre sonrió mirando a su esposa.
—¿Por qué te ríes? Acaso te hace gracia que nuestro hijo desperdicie su futuro de esa manera, casándose con cualquiera?
El hombre siguió sonriendo, viendo como su mujer ahora era la que perdía los nervios. Su padre y él tenían un AS en la manga del cual ninguna de las dos mujeres había reparado hasta el momento.
—Amore (mio) ¿Tu y yo como nos casamos?–miró a su esposa con profundos ojos de amor.
La mujer miró extraño a su esposo porque no entendió al principio a que venía esa pregunta.
—Aaaah vale. Estaba asustada de tu pasividad.
—No. Es que no veo por qué tenemos que disgustarnos porque el haya encontrado un "entretenimiento" de más de una noche. Un hombre en su posición y heredero de una fortuna ya debería saber que se casará con quien nosotros consideramos oportuno.
—Asi es hijo. Así como tú madre y yo elegimos la mejor esposa para ti y treinta y tres años después sé que no nos equivocamos. ¿Verdad mío caro (querida mia)?–ambos ancianos mantenían entrelazadas sus manos. Tenían un matrimonio longevo, habían pasado muchas dificultades pero seguían juntos porque se amaban.
— Pues si mío caro ( Querido mio). Así como nuestros padres nos unieron a nosotros y tampoco nos ha ido tan mal. Así como le pasará a Alessandro con Allegra.
—Estuve hablando con Francesco el mes pasado, cuando comentó que Allegra terminaba sus estudios en EE.UU y volvía a casa. El también está preocupado por el futuro de su nieta. Ellos ya tienes una edad y Allegra como sabemos no tiene a nadie más con quien contar, y quieren asegurarse un buen matrimonio para ella. Alguien que les de seguridad a ellos y futuro a ella.
— ¿Y pensaron en Alessandro? –se interesó Gia.
—Así es. Lo comentó de una manera hipotética de que quería buscar un hombre capaz, que pudiera ayudar a Allegra a manejar el fortunon que le dejarán, poderoso, que no tenga interés en su fortuna más allá de ayudarla, sensato, honesto...Bueno básicamente pensó en Alessandro.
—¿Y qué le dijiste?
— Que sería lo mejor que nos podía pasar a ambas familias. –ambas mujeres sonrieron, estaban encantadas. Ellas siempre pensaron que Allegra sería la mejor esposa para Alessandro pero nunca se imaginaron que sus maridos ya lo tenían todo pensado.
—Eso es fantástico. Pronto en esta casa se celebrará una boda y pronto seré bisabuela. ¡Brindemos por esta maravillosa noticia!
Los cuatro sentados a la mesa brindaron por la feliz noticia, pronto habría una boda.
Solo habría que saber que pensarán los novios sobre el acontecimiento.