Andrómeda. — ¡Maldita sea, ya lo tenía! – lanzo el botellín de cerveza contra la pared, la chica de la barra salta en el sitio y me mira horrorizada — ¿tenías que echarlo a perder, cierto Ed? – se encoge de hombros y aprieto los labios —. Tengo muchas ganas de dispararte por idiota – abre mucho los ojos, tiembla visiblemente. — ¿No querías intimidarlo? – niego, resoplo una maldición. — No lo intimidaste genio, solo lo golpeaste por vengarte de la lacra de tu hermano – me mira mal y ruedo los ojos —, espero que te hayas sentido mejor al hacerlo porque no pienso consentirte que vuelvas a cagarla de ese modo - gruñe como perro, tiro del cuello de su camiseta y abre mucho los ojos cuando lo apunto con mi arma en la cabeza —. Puedes hacer lo que te dé la gana, pero la próxima vez que interru

