James.
Salgo del hotel a eso de las ocho de la mañana. Me detengo en el lobi buscando mis llaves, el celular y la billetera dentro del saco que llevo en la mano, recuerdo que traje mi BMW y lo estacioné en el aparcamiento subterráneo ¡vaya, sí que necesitaba relajarme! Creo que debería hacerlo más a menudo. Hoy es domingo y mi hermana va rumbo a las Bahamas en un viaje de Luna de Miel que durará un mes. Logan y Brennan van con ellos, eso me quita un gran peso de los hombros, ya que van muy bien cuidados. Tomo el ascensor y bajo hasta el parqueadero. Aprieto el control y el auto no enciende, lo busco y no lo veo. Es un modelo descapotable rojo con el parachoques en plateado, muy difícil de esconder ¿no creen?
¡Excelente, me han robado el auto!
Marco el número de Zed, luego el de Randall y por último el de Phil, pero recuerdo que deben estar en un coma etílico a causa de la boda ¡mierda, tendré que llamar un taxi! Lo del auto lo resuelvo después por ahora necesito dormir. Me comunico con recepción explicando el inconveniente y la chica me informa que de inmediato envía un taxi para que me recoja en el parqueadero. Busco un sitio cómodo para esperar, percatándome que el celador no se encuentra a la vista. Es raro, pero no es mi problema.
Espero sentado como niño bueno en una silla que debería ser usada por nuestro celador que en serio ignoro dónde puede estar, me llama la atención una sombra y salto de la silla para ver que es.
— ¿Hola, hay alguien? – me acerco y desaparece ¡ok, los fantasmas no existen! — ¡hola, salga de ahí! – ordeno esta vez acercándome un poco más.
Escucho el clic de un sonido conocido. Un arma cargada y lista para disparar. No me giro, si va a matarme va a tener que hacerlo sin que lo mire, si solo es un asalto que se lleve lo que quiera y me deje en paz. Levanto las manos.
— ¿Quién dijo que te movieras idiota? – no respondo, no me muevo.
Me encuentro en una encrucijada, digo: tengo algunos conocimientos en Artes marciales, pero ¡vamos! El hombre me está apuntando con su arma. Trato de sopesar todas mis posibilidades y en ninguna salgo bien parado, por el contrario me veo lastimado.
¿Lúgubre no?
— ¡Hey te hablo a ti cabrón! – espeta malhumorado lo que me hace poner de manera insolente los ojos en blanco — ¿qué, te pondrás mamón? – esa frase me es conocida porque una amiga la expresa en español, si bueno, soy observador y prestarle atención a estos detalles me aleja un poco de mi pobre realidad y de hacer algo que me cueste por ejemplo... la vida.
— ¡No me pienso poner nada amigo! Si quieres llevarte la billetera y el teléfono ¡hazlo! – ríe a carcajadas. Veo su reflejo en la ventanilla del auto que tengo enfrente sus ojos son color verde, tez clara y nariz aguileña, cabello corto en punta con un castaño oscuro casi n***o, detalles, detalles, detalles — ¿en serio te ríes? – carraspea, debe tener veinte años a lo sumo... es un niño —. Te daría el auto, pero creo que ya es tuyo – levanto las llave y oprimo el botón de despejarlo y no hay sonido, me gira de súbito golpeándome la espalda con la puerta del coche.
— ¿Insinúas que robé tu coche? – sus ojos me indican que quiere destrozarme... mucho.
— ¡No, no espera! – subo las manos en el momento que intenta golpearme, levanto las llaves de mi ático — ¡toma! Todo lo que encuentres es tuyo, sin rencores, ni remordimientos – hago un segundo intento y fallo olímpicamente.
Me asesta un golpe en la mandíbula que me deja viendo estrellas, es menos corpulento y más bajo que yo, pero decido no actuar, no tiene que ver con que sea un cobarde, pero frente a un arma nadie es tan valiente y yo prefiero preservar mi vida.
— ¿Un apartamento? – se carcajea de nuevo lanzando partículas de saliva a mi rostro — ¡tío, tú cabeza vale mucho más que eso! – entonces caigo en la cuenta. Va a secuestrarme.
— ¿En serio quieres secuestrar al fiscal del Distrito? – intento desembarazarme de la situación de una manera más... sublime. Buscando desestabilizarlo para poder desarmarlo.
— Créeme, eres oro entre las pandillas o algo así dicen, hay quienes quieren liquidarte y otros quieren intercambiarte por pesados en la máxima – suspiro profundo, las rodillas me fallan. A estas alturas ya estoy cagado de miedo.
— ¿Y tú chico listo, qué quieres? – pregunto provocándolo al ver la cámara del parqueadero encendida y justo frente a nosotros — ¿matarme quizás? – resulta. Cae en la trampa.
— ¡Yo quiero meterte una maldita bala en esa bocaza que tienes desgraciado! – me lanza de nuevo contra el vidrio del auto —. Metiste a mi hermano en la cárcel y él no tuvo que ver en nada – aprieta el cañón del arma en mi frente —, mi nombre es Edward y ahora despídete de tu vida cabrón... – cierro los ojos esperando la detonación.
— ¡Déjalo Ed, yo me encargo! – abro los ojos de golpe buscando esa voz femenina — ¡ahora, no seas imbécil! – grita, la escucho, pero no la veo.
— ¡No, voy a vengar a Harry! – lloriquea el maricón.
— Harry está muerto y no hay nada que hacer, él está vivo y vale más así como está – aprieta un poco más el arma en mi frente, duele, no pronuncio palabra alguna.
— ¿Y qué hago con esta mierda? – se golpea el pecho.
— Pues supéralo, no seas llorón, aparta – el chico no cede y se escucha otro clic —. O te apartas o te aparto Ed, escoge – Ed abre los ojos al sentir un arma en la cabeza, no puedo moverme lo que me impide verla —, ahora fuera de mi camino, me llevo el premio – se aparta y quedo embobado con la chica.
Tiene un cuerpo de infarto, toda envuelta en cuero y ese cabello que... ¡Dios, es ella! La chica que apodan “Fuego”.
¡Es la chica del banco, sus hermosos ojos la delatan!
Se escucha un disparo y Ed se lanza al piso, espero que sean los buenos porque de lo contrario estaré en la línea de fuego entre dos bandas. Dispara y caen dos – no son policías – al instante. Tiene una puntería magnífica.
— ¡Veo seis más Fuego! – ¡ok! La suerte no se encuentra de mi lado.
Tira del cuello de mi camisa para trasladarme hacia el frente del vehículo y cubrirnos con el, obedezco al instante, escucho gritos y detonaciones. Todo es un caos de balas y cuerpos que caen. Un sujeto se acerca poniendo una pistola en mi cabeza y ella despliega una gran sonrisa, de repente el hombre cae de espaldas con un cuchillo clavado en la garganta – el cual pasó muy cerca de mí – lo veo desplomarse, mi cuerpo tiembla, cierro los ojos un momento tratando de no entrar en pánico ¡maldita sea voy a morir!
Se escuchan sirenas cerca, muy cerca. Abren fuego, la chica masculla una maldición y gira a verme, sus ojos se clavan en los míos con una intensidad que me produce un espasmo involuntario, sonríe, lanza un beso y escapa en una motocicleta con otro sujeto.
...
Me encuentro en la comisaría con una bolsa de hielo al lado derecho de la cara, frente a mí un vaso con agua sobre el escritorio de Swayer al lado de un par de analgésicos listos para ser ingeridos. Mi padre grita mil insolencias a todos, Malcolm aguanta su mal genio con rostro pétreo, su resaca es evidente igual que la de Randall, Phil y los otros, Zed ni siquiera se ha reportado porque yo les di el día libre.
— Apareció de la nada papá, estoy bien, solo fue el... susto – gruñe y golpea la pared.
— ¡Esto no debe pasar James! – me señala con el dedo directo a la cara, tomo el par de ibuprofenos, los lanzo a mi boca para ingerirlos y le doy un sorbo al agua, los trago con dificultad, sigo asustado —. Eres el fiscal ¡te quieren muerto! El índice de delitos ha bajado desde hace diez meses que ganaste el cargo, tú no eres un político ¡eres un maldito héroe! – respira con dificultad, sus ojos inyectados en sangre amenazan con explotar — te.quieren.muerto. – recalca — Por esa razón debes estar protegido ¿ahora lo entiendes? – concluye con los puños apretados.
— ¡Cariño, ven, ven conmigo! – la voz sedosa de Channel lo calma de inmediato.
Llevan saliendo algunos meses y al parecer les va muy bien, ella es dulce agradable, divertida, puede con su mal humor y sobre todo... lo ama, nos ama a todos en realidad.
— ¿Quiénes eran James? – suspira Swayer tranquilizándose —. Al menos los vivos – arrugo el entrecejo.
— La chica que llaman Fuego – todos me miran, masajeo mis sienes —, un tal Ed, hermano de Harry “fresa” Mashton – Phil gruñe — y otro sujeto de cabellos largos en una Ducati negra, lleva un tatuaje de una serpiente en el brazo derecho – escucho otro gruñido.
— Doggo Santoni ¿qué hace aquí? – me encojo de hombros.
— El chico Ed dijo que soy una celebridad o algo así, habló acerca de un intercambio y un precio a mi cabeza en la máxima – revuelvo mi cabello, el dolor de cabeza me está matando.
— Es natural que deseen deshacerse de ti – alzo las cejas al cielo —, estas arruinando los planes de las pandillas más poderosas de Rainier Valley James – explica Pierce —. Imagino que Alfonso “el intocable” Reyes ha ofrecido una buena suma para quien te lleve ante él, por otro lado... – piensa un poco — ¿qué hace una asesina tras de ti y dejándote vivo? – toso atorado con mi propia saliva.
— ¿Quién... quien es una asesina? – pregunto con voz trémula.
— Andrómeda Monroe por supuesto, hija de Penélope Lennon, una de las prostitutas más famosas en Hally Park y la más bella, se casó con su chulo Gregor Monroe, tuvieron dos hijos y aun así ella tuvo que continuar con su trabajo ya que el desgraciado se lo exigió, la golpeaba – lo miro asombrado — hasta que lo denunció y la mató, luego de salir en libertad – se encoge de hombros.
— No olvides decir que la niña se crió entre bandas desde los ocho años – refuerza Jesse — mató por primera vez a los diez por orden de Reyes, ya que era su protegida – expone Adam, quien fuera el “Jefe”, de un Cartel llamado Astoria —, le enseñó todo lo que sabe, pero ella trabaja sola ¿Qué hace con los Reyes? – me recuesto al espaldar de la silla, me siento mareado y aturdido, necesito descansar.
— ¡Vaya, creo que es demasiada información! – me levanto tambaleante —. Soy una celebridad entre los barrios bajos ¡ja! esto se pone bueno – intento dar un paso y mi cuerpo se siente como gelatina, mi vista se nubla y los oídos me zumban de manera horrible, siento que voy cayendo poco a poco...