Frustraciones

1251 Words
Andrómeda. Rebusco entre mis cosas y el dinero que guardé, no aparece, suspiro cansada de esta mierda. Quiero alejarme de todo esto, necesito paz y tranquilidad, pero este mundo es tan cruel que no puedo ni siquiera dormir sabiendo que mi hermano sigue en sus manos, no entiendo por qué la vida me ha tratado de este modo. Tal vez si él, mi padre se hubiese quedado con nosotros las cosas fuesen de otro modo, pero prefirió no solo venderme, sino matar a mi madre. Una familia perfecta ¿eh? Ahora debo volver a mi antigua vida por un favor que Gregor Monroe le debe a Reyes, esa es la razón por la cual debo convertirme en esa persona que ya había dejado atrás, esa mujer cruel, despiadada y con corazón de hielo. Debo convertirme en... Fuego. Esa mujer a quien no le importaba ver morir a las personas que pasaban por su lado y que gracias al pacto de sangre con Reyes, siempre estaba a salvo de cualquier peligro, era su cazadora, la que llevaba cada cordero al matadero y la que purgó una condena de tres años por él gracias a una deuda de vida, la cual ya había pagado saliendo libre de entre sus asquerosas manos porque hizo el intercambio con mi padre, pues yo le servía más que él. Pero ahora mi padre debe nuevamente y yo tengo que solventarlo otra vez para salvar a mi hermano. ¿Una mierda, no? Sin embargo esta vez lo voy a hacer con el mayor de los gustos ya que mi hermano es la única persona por la cual daría mi vida en este momento. — ¡Jefa, jefa! – escucho en sueños los golpes desaforados y salto de la cama. — ¡Jackes, la próxima vez que me espantes de ese modo voy a dispararte! – el chico se asombra aunque sabe perfectamente que no lo dañaré — ¿qué pasa? — ¡Llegó un paquete! El hombre dijo que era urgente, por eso vine a decirle yo mismo – asiento. Jackes es hijo de una de las chicas del refugio: Ámber, es la mujer de Joker uno de los pesados, es un caballerito inteligente y osado. Un chico encantador que debe tener unos nueve años, pero desea pertenecer a las bandas callejeras y portar un arma de fuego. No me engaño, tal vez lo haga, quizás no solo consiga entrar a alguna, sino que logre joderse la vida completa como todos nosotros, como todos los miembros de ellas. — ¡Entiendo! Entonces peque... – me hace un saludo militar — veamos que nos dice ese paquete – sus ojos verdes prácticamente iluminan el pasillo. Nos dirigimos al ático de la casa que es el Refugio del Sol. Ente ubicado entre Rainier Vista y Holly Park, la crema y nata de las pandillas, hogar de cada uno de ellos. Todos se reúnen en el patio de la casa la cual jamás es visitada por la policía ya que nuestro benefactor Reyes es el dueño y señor de todo este sector. ¡Sí Rainier Valley le pertenece a Alfonso Reyes! ... Bajo la escalera observando detenidamente las paredes mugrosas y el entorno descuidado de la casa, nada es como nos prometieron, los niños solo son un señuelo para que los entes políticos intervengan en cada una de las celebraciones y vean la fachada de Reyes en toda su extensión. Suspiro. Necesito aire, necesito... tranquilidad. Y tal vez un alma piadosa que desee ayudar a estos pobres chicos abandonados a su suerte. — ¡Jefa, aquí! – en el desván que llamamos “el ático”, se encuentra el sujeto que trae la caja. Debe estar armado y también debe ser peligroso. Ajusto mi chamarra y paso los dedos por la cacha de mi arma – una magnum automática – para asegurarme de que se encuentre donde quiero. Retoco el correaje con mis preciados cuchillos y tomo una bocanada de aire. , pienso. — ¡Eh, Peque! – el niño gira para mirarme. Hago una seña con el índice y el dedo medio directo a los ojos para que se quede vigilando. Acepta con los labios apretados. Asiente a una responsabilidad ficticia. Luego subo el dedo índice hasta el oído y mis labios cerrados, y entonces se tensa. Sabe que debe quedarse aquí cumpliendo su misión. Abro la puerta barriendo el lugar, veo a dos sujetos: Frank y Joseph, este último es el hermano de Joker, el rubio me da un repaso descarado quedándose especialmente en mi busto. La valija se encuentra sobre la mesa. , pienso. — ¡Esto es para ti encanto! – señala la valija —. Y esto también, si lo quieres – agarra su entrepierna. Ruedo los ojos, no solo por el apelativo que utiliza para referirse a mí sino por el descaro de ofrecerme su... p**o. Joseph sonríe, niega incrédulo. Yo mantengo la seriedad que me caracteriza. Mientras no intente tocarme no lo lastimo. — ¡No te lo aconsejo tío! – el sujeto resopla una risita —. Ella no es como todas las chicas, no sabes con quien te metes – el sujeto se carcajea y Joseph me mira con afecto. Niego haciéndole ver que no pasa nada. — ¡Bah, todas esas zorras son iguales! – levanto la ceja en una señal clara de advertencia — ¿qué, crees que tengo miedo estúpida? Me acerco cautelosa a la mesa, el rubio da un paso adelante tratando como cualquier macho alfa de amedrentarme ¡qué equivocado está! Tomo una respiración profunda, sin perder de vista sus manos, mientras sus ojos azules como el mar bailan entre mi rostro y escote, relame sus labios como si fuese a degustar una exquisitez. — ¡Frank! – grita Joseph cuando ve la intención del chico. — ¡Cállate maricón! – levanta la mano con intención de tocarme. Esta sale disparada hacia atrás, atravesada por uno de mis cuchillos y queda clavada en la pared. Los gritos de dolor llenan el espacio completamente insonorizado por tratarse de una cámara de torturas que utilizan los Reyes para su beneficio. — ¡Cállate maricón! – utilizo sus propias palabras en tono de burla hacia él. — ¡Voy a matarte maldita perra! – grita llorando de dolor. — ¡Ok, nos vemos! – le digo con una vocecita inocente tomando entre mis manos la maleta con la información y lo que necesito para el trabajo —. Si bueno – giro a verlo una vez más — la próxima vez acepta los consejos o las órdenes, veo que tienes un problema con ello – sonrío solo con los labios — ¡Peque! Cuando saques el cuchillo, sabes dónde encontrarme – el jovencito asiente, me dirijo hacia la puerta con la valija en la mano — ¡ah! Y dile a Reyes que para una próxima vez, no envíe imbéciles, no es necesario porque siempre salen lastimados – asiente. Le hago un guiño y salgo de la habitación. — ¡Listo jefa, todo en orden por aquí! – escucho a Jackes justo detrás de mí, su ceño fruncido me hace sonreír. Su concentración es envidiable. Lo observo aun al lado de la puerta recostado a la pared, este chico podrá hacer lo que se proponga gracias a su convicción. Solo espero poder salvarlo de una muerte súbita al querer integrarse a alguna de las pandillas.
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