El pasado sigue presente
POV Erin
—Toma esta maleta de dinero, vive tu vida y olvídate de nosotros —Mi rostro se llenó de lágrimas, no lograba entender qué estaba haciendo.
—No lo acepto, no puedes alejarlo de mí, soy su madre —aquello salió en súplica, necesitaba que entrará en sí, que desistiera.
—Ya no es tu hijo…. Ahora es mío y de mi esposa, olvídalo —esposa aquello me golpeó tan fuerte, estaba casado, todo este tiempo estuvo casado y me mintió.
—Es mi hijo y no vas a alejarlo de mí —Sequé mis lágrimas, ya poco importaba si me mintió o no, ahora lo primordial era conservar a mi hijo, tenía que sacarlo de aquí a como diera lugar.
—No tengo tiempo para esto. Espero no volver a verte —camino hasta la puerta con mi hijo en brazos, mi corazón empezó a romperse, sentí que dejaba de respirar. El hombre que me juro amor estaba alejando a mi hijo de mí.
Me puse de pie aún adolorida por la reciente cesárea, el parto se había complicado y tuvieron que hacer la intervención de emergencia, todo mi cuerpo empezó a protestar, pero no importó lo único en mi mente en estos momentos era mi hijo.
Como pude llegué hasta él y me aferre a su camisa mientras intentaba hacer que se detuviera, pero fue en vano, camino hasta el auto y le entregó mi bebé a la enfermera qué me había estado cuidando estos meses.
La miré con sorpresa y odio a la misma vez había confiado en ella, la creía mi amiga y solo estuvo aquí para ayudarle a robarme a mi bebé.
Con visible molestia se volvió a enfrentarme, en sus ojos había un vacío y desinterés que jamás vi en él, todo este tiempo solo estuvo fingiendo, nunca sintió nada por mí.
No soporté aquello le di una bofetada y me abalance contra la mujer dentro del auto dispuesta a quitarla a mi hijo, pero antes de siquiera poder tocarlo sentí mi cuero cabelludo arder, el jalón fue tan fuerte que caí al suelo, jadeos de dolor salieron de mí.
—¿Qué sucede contigo? Estuve contigo casi dos años y ahora me tratas así —mi voz salió quebrada, dolida, casi sin aire —Es mi bebé, yo lo di a luz, lo lleve 9 meses dentro de mí y ahora me dices que se lo llevarás a tu esposa. No me importa nada, solo dame a mi bebé y no me verás nunca más.
—Eres estúpida, no entendiste lo que te dije. No fuiste más que solo un vientre el cual use para tener un hijo. No vales nada —Se inclinó a mi altura apretó mis mejillas sacando gemidos dolorosos de mí —Te saque de la calle, te alimente y te di placer, deberías agradecerme —escupí su cara ganándome un fuerte bofetada de su parte.
Mi vista se nublo y un zumbido sordo se apoderó de mí, pero aún así me aferré a la basta de su pantalón, me abrace de sus piernas, no podía dejar que se llevará a mi bebé que a la distancia lo escuchaba llorar, aquello me arrugó el corazón y me dio las fuerzas para intentar detener al hombre que ahora me golpea mientras buscaba la manera de zafarse de mí.
Me hizo poner de pie por medio de mi larga cabellera solo para volver a abofetearme, lo hizo repetidas veces tantas que sentí el sabor metálico de la sangre llenar mi boca y al volver a caer al suelo un par de patadas fueron depositadas en mi costado, aquello me dejó sin aire y con un dolor agonizante tan fuerte que pensé que moriría. Aún así mientras veía el auto alejarse como pude me arrastre tras de él, como si en mi estado pudiera alcanzarlo.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, lágrimas de impotencia, de dolor, de rabia, se había llevado a mi bebé, y lo pondría en manos de otra mujer, una mujer que quién sabe si sería capaz de amar a un hijo que no era suyo, no pude evitar pensar en mi pequeño niño ser rechazado o maltratado, buscando consuelo y amor de alguien que tal vez jamás estaría dispuesto a dárselo.
Me seguí arrastrando hasta que mi cuerpo ya no pudo más, hasta que agote todas mis energías, hasta que perdí el conocimiento envuelta en desilusión y desesperanzas, pero sobre todo cargada de venganza, una tan cruel y dolorosa como lo que Edward me hizo. En ese momento de agonía me juré vengarme del hombre que me enamoro, engaño y luego me robó lo más preciado que tenía, mi pequeño bebé.
Desperté desesperada, quedé sentada en la cama de un envión, con la respiración acelerada, sudorosa, temblorosa y con lágrimas llenando mi rostro, ya habían pasado 2 años y aún tenía pesadillas con ese día, mi subconsciente me recordaba a diario cómo fue que me arrebataron lo que ahora me esfuerzo tanto en recuperar. Aún puedo escuchar su llanto desesperado mientras el maldito de su padre me golpea sin contemplación.
No hay día que no piense en mi bebé, en que no anhelé tenerlo en mis brazos, me arrebataron todo, no pude verlo crecer, no escuché sus primeras palabras, ni cuando empezó a caminar, de solo pensar en todo lo que me perdí mi corazón vuelve a romperse una y otra vez, no había consuelo alguno que hiciera aliviar el permanente dolor que habita dentro de mí.
Después de llorar y tratar de aliviar un poco aquello, me puse de pie y empecé con mi rutina de belleza, de eso dependía recuperar a mi hijo.
Ese día al despertar estaba en el hospital, una mujer un tanto elegante estaba a mi lado, según contó me encontró inconsciente al lado de la carreta, ella fue mi salvación se mantuvo a mí lado en esos momentos en donde lo único que deseaba era morir.
Intenté poner la denuncia del secuestro pero no procedió, el maldito ni siquiera me dió su nombre real y al parecer se encargó que desestimaran cualquier denuncia respecto a un bebé desaparecido, sin saberlo había estado intimando y di a luz de un hombre poderoso, con mucho dinero, tanto que una simple asistente como yo no podría ganarle jamás está pelea.
Después de ese día Marilyn, la mujer que me salvó se ofreció en ayudarme, dijo que la única forma de recuperar a mi hijo, era convirtiéndome en alguien poderosa también, alguien que él no pudiera solo ignorar, y para ello tenía que involucrarme en su mundo, rodearme de gente importante, con mucha influencia y tal vez casarme con alguien tan poderoso que me ayudará a enfrentarme a Alan Sthepman, la verdadera identidad del padre de mi hijo.
Me propuso trabajar con ella, con la promesa de presentarme a los hombre más ricos y poderosos del país, ayudarme a hacer las conexiones necesarias hasta lograr llegar a la Familia Sthepman, la familia más importante del lugar, tan importante que era casi imposible llegar a ellos. Después de años seguía sin poder conocer a alguien lo suficientemente importante que tuviera algún tipo de relación amistosa con ellos.
Pero aún así no me rendí, en algún momento llegaría mi oportunidad y entonces ese maldito se arrepentirá de haberme engañado y sobre todo de haberme robado a mi hijo.
Ahora soy Erin Harris, dama de compañía, cobró mucho dinero por acompañar a hombres importantes y millonarios a todo tipo de eventos sociales, y aunque muchos me catalogan de puta me vale un carajo aquello, tengo algo en mente una razón demasiado de importante que lograr, para ponerme a explicar a cada uno cuál es mi verdadero trabajo, hago lo que tengo que hacer, sin detenerme ante nada.
—Erin llegaremos tarde —Recogí mi bolso y salí a toda prisa, hoy había un evento y teníamos que ir por los vestidos y al salón por peinados y maquillaje para la ocasión.
—Lo siento Alessa, me quedé dormida —Era dos años más joven que yo, con sus 23 años había pasó por cosas difíciles, tuvo que huir de su casa por los maltratos constantes de su padre, una noche después de que quiso abusar de ella salió de allí y terminó con Marilyn y ahora era casi una hermana para mí.
—¿Otra vez ese sueño? —Me pregunto.
—Como casi todas las noches, eso nunca me abandona, es como si mi bebé me recordará a diario que existe y está esperando por mí —le respondí con pesar.
—Pronto lo encontrarás y estarán juntos, y ya no sufrirás más Erin —Le abracé con mucho cariño y deseando que sus palabras se hicieran realidad.
Subimos a la camioneta que nos esperaba, Marilyn nos mantenía protegidas, a dónde sea que fuéramos nos enviaba con chófer y dos escoltas.
Al llegar al centro comercial más cotizado de la ciudad, bajé de prisa sin detenerme a ver a mi alrededor.
Giré la cabeza sin detener mis pasos, quería asegurarme de que Alessa me seguía cuando sentí chocar con alguien, al levantar la cabeza para disculparme aquella mirada me hizo enmudecer.
Un hombre mucho más alto que yo, de cabellos negros y ojos color miel, tan claros que podía verme refleja en ellos, aquel hombre me escudriñó sin pudor y dejar de hacer visible su cara de arrogancia.
—No se cuando aprenderán que este lugar no es apto para cualquiera —Le dijo al hombre a su lado después de darme la espalda, pero lo dijo lo suficientemente fuerte para que yo lo escuchará.
—Tal vez cualquiera le deja mucho dinero por ese motivo tienen que soportar su presencia —dije igual de fuerte para que escuchara —Esos tipos ricos y sus ínfulas de grandeza, al final están en la cima gracias a las personas que tanto humillan.
Su andar se detuvo al escucharme, se giró y caminó hasta mí que lo observé sin parpadear, no le iba a dar el gusto de verme asustada.
—Aparte de despistada, sin educación —Me dijo en tono burlón, sus ojos se habían tornado un chocolate más oscuro, no puede evitar observar la cicatriz en la esquina de sus cejas izquierda, aquella se repetía en su labio superior también izquierdo, como si algo filoso hubiera hecho ambos cortes, aquellas cicatrices le daban un toque de misterio, lucia peligroso y atractivo al mismo tiempo.
—Cualquiera no merece mi educación. Ahora cualquier niño rico se cree con derecho a clasificar a los demás — Una sonrisa ladeada adorno su rostro provocando un revoloteó en mi estómago, aquello me alertó, hace mucho que alguien no había provocado algo así en mi solo con una mirada.
—¿Cuál es tu precio? —pregunto de manera morbosa, disipando cualquier emoción que había sentido segundos antes.
—¿Disculpa? —le pregunté ofendida.
—Se nota que eres de las que ofrecen servicios sexuales, dame tu cuota —Me quedé estática repitiendo sus palabras en mi cabeza —Cuando estés disponible y necesites el dinero llámame, me encanta hacer caridad —Colocó su tarjeta en mi mano y si más se fue, dejándome allí sorprendida y ofendida por su atrevimiento.
Vi su espalda desaparecer entre el grupo de personas que entraba tras él, lo maldije con todo tipo de palabras, pero como si hubiera dejado algún tipo de hechizó en mí, no puede dejar de pensar en él todo el día, en el arrogante y guapo hombre de las cicatrices.