Era evidente que ninguno de los dos pudiera conciliar el sueño durante la noche. La puerta de la habitación nunca la abrieron. Había amanecido y todavía seguíamos encerrados. Traté de abrir la puerta en varias ocasiones, pero no pude abrirla. No salimos por la ventana durante la noche porque es bastante peligroso, además de que ambos creímos que mi papá nos dejaría salir hoy, pero al parecer no está en sus planes. Tal parece que tiene mucho miedo por lo que hizo anoche y por eso nos ha mantenido aquí.
—Me arriesgaré… — dije.
—¿A qué?
—Trataré de cruzar y entraré por la ventana de la habitación del lado. Si hago todo con cuidado, no tiene por qué salir mal.
—¿Estás loco? Te puedes caer.
—¿Quieres quedarte aquí por más horas? No sé tú, pero yo no quiero.
—Es peligroso.
—No sé por qué te preocupas tanto.
—¿Y cómo abrirás la puerta?
—Tiene una aldaba larga por fuera. No escuché que hubiera cerrado con llave anoche. Es la única manera de salir.
—¿Y si no funciona y te descubre?
—¿A dónde se fue tu optimismo? ¿No eras tú la que anoche me dijo que buscaríamos juntos una forma de solucionar esto?
—¿Aún te duele?
—Como un demonio. ¿Y a ti?
—Ya no me duele tanto, aunque me siento muy rara.
—¿Rara en qué sentido?
—No lo sé.
—No perdamos más tiempo. Cámbiate de ropa rápido y luego quédate cerca de la puerta. No estás en condiciones de salir en esas fachas.
—Ten mucho cuidado, por favor.
Le tengo miedo a las alturas, pero las ganas de salir de ahí eran mucho más fuertes, como para pensarlo dos veces. Traté de mirar lo menos posible hacia abajo, solo quise enfocarme en sujetarme bien y no perder el equilibrio. La barra era muy fina y así fuera apoyando la mitad de mis pies, debía a como dé lugar cruzar. Forcé la ventana desde fuera y pude ponerme a salvo entrando a la habitación. Por fortuna, esta habitación no la usan con ningún invitado hace mucho tiempo. Solo la usan para guardar sus porquerías.
Salí en puntillas al pasillo, tratando de hacer el más mínimo ruido posible. Alcé la aldaba y abrí la puerta dejando solo un espacio en el que ella pudiera salir. Si la abro completamente, hará un escandaloso sonido y podría alertarlos. Ni siquiera sé si sus autos están estacionados frente a la casa y tampoco voy a averiguarlo entrando a mi habitación. Mi meta era sacarla de la casa y en eso fue en lo que me enfoqué.
Tan pronto salimos a la entrada, vi solamente el auto de mi padre estacionado, supongo que esa cualquiera durmió fuera de la casa. Salimos corriendo por la acera, sin mirar atrás y con un solo destino; algún lugar público. La traje a una tienda cercana del colegio, pues aunque cualquiera lo podría ver como una torpeza, es el único lugar donde ella podrá estar segura por ahora. Al menos mientras la busca su papá.
Mi siguiente objetivo era despistarla, porque sé lo necia que es y buscará la forma de seguirme si sabe que mis planes son dejarla aquí sola. Si regreso a la casa, puedo asegurarme de que mi papá no logre dar con ella y así estará a salvo mientras la buscan.
—Entra y pídele permiso al dueño para hacer una llamada. Llama a tu papá y dile que estás en peligro, que te busque. Mantente ahí dentro y no salgas.
—No.
—¿Te harás la difícil ahora?
—¿A dónde vas tú?
—Solo voy a vigilar que el idiota de mi padre no aparezca. Solo ve y haz lo que te digo.
—No te creo una sola palabra. Veo intenciones en ti de volver.
—Confía en mí. No te dejaré sola.
—Prometelo.
Crucé mis dedos en la espalda y sonreí.
—Lo prometo. Ahora ve, no tenemos mucho tiempo.