S2: Unidos

670 Words
Entramos a la casa y miré los alrededores. —¿De quién es esta casa? —Era de un señor. —¿Y dónde está ese señor? —Está… — guardó silencio por unos instantes—. Está muerto, pero eso no es importante. Ponte cómodo. No hay luz, pero hay agua. —Pensé que irías a la casa de tu papá. —Mi papá… — guardó de nuevo silencio. —¿Qué pasa con tu papá? ¿Por qué has puesto esa cara? —No tengo papá. —¿Cómo que no tienes papá? ¿Qué pasó con él? —No es tan diferente a esa mujer que dice llamarse mi madre. —¿Te hizo algo? ¿Qué te hizo? Háblame — le puse las manos en los hombros. —Me dejó sola y desamparada. Me cerró las puertas de su casa y de su vida. Él también se arrepintió de haberme traído a este mundo. No lo culpo, debe sentirse muy avergonzado, decepcionado y triste de la hija que le tocó. —No digas pendejadas, Estefanía. ¿Por qué habría de sentirse avergonzado, decepcionado o triste por la hija que le tocó? Eres una buena hija, ellos son quienes no te merecen. ¿Cómo pudo hacerte eso? Maldito canalla. Esto no se va a quedar así. —No vale la pena. —Si tú te quedarás lamentándote por lo que te hizo y no harás nada al respecto, lamento informarte que yo sí lo haré. No pienso tolerar ni una injusticia más ni hacia mi, ni mucho menos hacia ti. No me quedaré de brazos cruzados. Todos a nuestro alrededor se han convertido en una maldita plaga. Todos están cortados con la misma tijera. Cuando más jodidos hemos estado, nadie dio la cara por nosotros. Al contrario, esas personas que se supone que velaran por nosotros, son las mismas que no movieron ni un solo dedo por nuestro bien, solo en nuestra contra. Se volvieron nuestros enemigos y en esta guerra no pienso perder. Y a esos vecinos, especialmente ese que alertó a la policía ese día, es el mismo que no movió ni un solo dedo para alertar cuando escuchaba nuestros gritos de desesperación por las golpizas que nos daban y será el mismo que cortaré trozos. Estamos solos en este mundo, Estefanía. Nadie más se va a preocupar por nosotros y no pienso bajar la cabeza ante esos seres miserables. Los haré pagar uno a uno. —Yo no quiero que vuelvan a alejarte de mí. —Eso no volverá a pasar, pelotita. Haremos las cosas bien o no las haremos — le hice un guiño—. Esta vez las cosas serán diferentes, ¿sabes por qué? porque nos convertiremos en la peor pesadilla para ellos. Vamos a torturarlos lentamente con nuestra presencia. Los acecharemos de día y de noche hasta que pierdan por completo la cabeza, y no desearán nada más que no sea morir. Por otro lado, nosotros pronto tendremos la vida que tanto nos merecemos. No estaremos toda la vida aquí, pero para eso, tenemos primero que volvernos fuertes y reclamar lo que por ley nos corresponde. Guardaremos un bajo perfil mientras la angustia la carcome por dentro, porque debes saber que esa bruja se comerá las uñas y le saldrán más canas cuando sepa que he regresado por ella. El miedo no la dejará dormir y nosotros tampoco. ¿Imaginas su cara de angustia y miedo? porque yo sí, y no sabes lo que daría por verla. Tu papá no se puede quedar atrás. Él es como ella, tú misma lo has dicho. Si fue capaz de despreciarte, le daremos a probar de su propio veneno. No necesitamos de nadie más, mientras nos tengamos el uno del otro, ¿no crees? Su rostro logró relajarse y en sus labios se reveló una hermosa sonrisa. Hasta que por fin concordamos en algo tan importante. Y mejor aún, al fin puedo verla sonreír de nuevo. —Tienes razón; siempre la tienes, Athan.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD