S2: With the Devil on My Shoulder

615 Words
Al día siguiente planificamos darle una visita a su papá. Pasamos por la casa de la bruja primero para ver cómo estaba la zona, y por lo visto, no me equivoqué cuando dije que estaría asustada. Había una patrulla estacionada en la acera. Su auto estaba estacionado en la bajada de la marquesina. Como si eso fuera a evitar que llevara a cabo mis planes. Por fortuna, en la casa de su padre no había ninguna patrulla. Según Estefanía, se supone que él estaría trabajando, pero su auto estaba estacionado frente a la casa. Eso cambia por completo el plan principal, pero no importa, esta vez tenemos prohibido dejar las cosas a medias. En la casita de herramientas dónde nos estamos quedando, encontramos una interesante ballesta de pistola. Solo contamos con seis flechas, pero son más que suficientes para defendernos. Para prevenir dejar huellas de que estuvimos aquí, decidimos tomar medidas y nos pusimos guantes. Esta vez no cometeré errores. Estefanía le tocó la puerta en repetidas ocasiones y tapé el agujero con tal de que no la viera antes de abrirnos. Su rostro palideció al verla, tal vez porque no la esperaba o simplemente porque estaba al tanto de la situación. —¿Qué estás haciendo aquí? —¿Me extrañaste, papá? Solo para adelantarme y evitar que vaya a alertar a los vecinos, le disparé la flecha en la pierna y ella lo empujó para acceder a la casa y cerrar la puerta detrás nuestro. Presionaba la flecha de su pierna tratando de quitársela, pero el dolor no le permitía hacerlo. Estefanía subió el volumen del televisor y yo me quedé vigilando que no se levantara del suelo. —¿Por qué? — fijó su mirada en mí y le sonreí—. A ti... yo te he visto — dijo entre quejidos. —Probablemente. —La policía… la policía te está buscando… —Veo que has escuchado mucho de mí. No creas en todo lo que dicen por ahí, porque te puedo asegurar que se quedan cortos en describirme. Debo admitir que Estefanía se quedó corta al hablarme de ti. Resulta que das más asco en persona de lo que pensé. Te diría que es un gusto conocerte, pero la verdad es que el único gusto que podría sentir, es cuando dejes de respirar. Estefanía se acercó y se le quedó viendo. —Te creí diferente, papá. Pero resultó ser que eres igual o hasta peor que esa maldita que me trajo a este mundo. Me cerraste la puerta de tu vida, de tu casa, incluso me diste la espalda cuando necesité más de ti. Creí que tendría tu apoyo y amor incondicional para siempre, porque fui tan ilusa que creí que la sangre para ti valía más. En su tiempo, creí que eras el mejor padre que alguien pudiera tener, pero me equivoqué. Me dejaste sola y desamparada ahí fuera, con frío, sed y hambre. Pasando necesidades extremas y expuesta a muchos cerdos en la calle. ¿Qué fue lo que en realidad pasó cuando estuvimos separados? Dejándome llevar por su expresión, debieron ser muchas cosas desagradables. —No gastes más energías, muñeca — me fui a su espalda, poniendo la ballesta entre sus manos y juntándolas—. Tienes frente a ti a una de las personas que más daño te ha hecho. La diferencia del antes y el ahora, es que ya no lo necesitas porque me tienes a mí. Mientras yo exista, no necesitarás de nadie más. Lo que no aporta nada en tu vida como él, es algo que no debe existir y punto. Demuéstrame tu lealtad y valentía. Demuéstrale tu odio y hazle pagar. Dispara. Hazlo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD