Capítulo 3: Pruebas de Lealtad (Narrado por Elara Vargas)

907 Words
—Joder, ese Alfa era un volcán andino disfrazado de hombre: caliente, impredecible y listo para estallar. Desde que me soltó en la guarida, con su mano aún latiendo en mi nuca como un eco de poder, su olor se me quedó prendido en la piel: pino tormentoso, tierra mojada y un dejo salvaje que hacía difícil respirar. El vínculo, esa maldición plateada que la luna nos grabó en el alma, me ardía bajo la piel como fuego líquido. Cada pensamiento, cada recuerdo suyo, era una chispa en la noche. Pero no podía dejarme arrastrar por ese deseo instintivo. La manada me miraba con desconfianza; sus ojos eran cuchillos disfrazados de respeto. Thorne, el beta de mirada gris y sonrisa torcida, ya me había marcado como su presa. —Sobrevive la cacería, sombra —me dijo antes de irse, su voz mezclando burla y amenaza—. Tal vez el Alfa te deje lamer sus heridas. Me dieron una choza en el borde del yermo, hecha de adobe y paja, que olía a humedad y musgo. Allí me visitó Lira, la beta de rizos dorados y mirada miel. Era la única que no parecía querer mi cabeza. Me trajo un chal bordado con runas guardianas y un cuenco de sopa humeante. —Come, hermana errante —dijo sonriendo—. La cacería no perdona a las flacas. Su tono era ligero, pero sus ojos escondían algo más: comprensión. Nos sentamos en el suelo de tierra, compartiendo el silencio. El calor de la sopa me devolvió un poco de humanidad, y su presencia, un atisbo de calma. —¿Por qué me ayudas? —le pregunté sin rodeos—. Tu Alfa me ata con su poder, y su hermano me mira como si quisiera probar mi destino. Lira rió suave, con un sonido que se sintió como viento entre quenas. —Porque yo también fui errante. Kai me salvó cuando todos me daban por perdida. Es duro, sí, pero justo. Y tú... —me miró con intensidad—. Huelo en ti el mismo fuego que él teme y necesita. Me estremecí. Sus palabras cayeron como piedras en el río de mi pecho. —Thorne es distinto —continuó—. Siempre ha querido ser más que el segundo. Te ve como una oportunidad... o una amenaza. En la cacería te probará. No falles, Elara. Si brillas, Kai te verá con otros ojos. Agradecí en silencio, sintiendo que aquella loba era más hermana que aliada. Le mostré el tatuaje lunar que marcaba mi pecho, herencia de la bruja Isadora, y ella trazó con su dedo un símbolo en mi palma. —La Pachamanca guía a las fieras, no a los débiles —susurró—. Duerme. Mañana nacerá la luna de las pruebas. Esa noche soñé con fuego y colmillos. Kai me hablaba desde la penumbra: Eres mía, sombra, mi maldita salvación. Luego aparecía Thorne, con ojos que prometían traición. Y al fondo, Isadora, riendo entre niebla y ceniza: La plata te traicionará, niña. Únete a mí o muere en su hierro. Desperté empapada en sudor, el corazón latiendo al ritmo del vínculo. Afuera, la manada ya se reunía bajo la luna creciente. Thorne lideraba la cacería. Su voz resonó como un tambor seco. —Cazamos un puma macho. Tú irás con Lira. Si flaqueas, te dejo atrás. Me sostuvo la mirada y se acercó demasiado, su aliento tibio y venenoso. —Kai no bajará a salvarte. Pero si sobrevives... puede que te gane un respeto que aún no mereces. Le respondí sin temblar: —Guárdate tus advertencias, beta. No muerdo sobras. Sus labios se torcieron en una sonrisa, y en sus ojos brilló una chispa de peligro. Nos internamos en las quebradas bendecidas por un chamán viejo que parecía ver más allá del tiempo. —La sombra une o destruye —me dijo—. La tuya aún no ha decidido. Y comenzó la caza. El puma apareció como un rayo dorado entre las rocas. Rugía con furia antigua. Thorne fue el primero en lanzarse, pero la bestia lo derribó, abriéndole el flanco. Lira y yo flanqueamos; sentí mis garras latir, mi lobo interno rugiendo por salir. Nos abalanzamos, cuerpo y alma, contra el peligro. Entonces, el caos. De la niebla surgió una jauría de lobos salvajes, parias andinos atraídos por el olor de la sangre. Thorne retrocedió, maldiciendo. Lira luchaba junto a mí, pero uno enorme me lanzó al suelo, colmillos a un respiro de mi garganta. Y fue ahí cuando Kai llegó. Su lobo plateado irrumpió entre la neblina como un relámpago, derribando al atacante con una furia imposible. Todo se detuvo. La tierra tembló bajo su rugido. Su pelaje rozó el mío, y una corriente de energía me atravesó. No era solo poder... era destino. Volvió a su forma humana, su cuerpo marcado y cubierto de polvo y sangre. Se arrodilló a mi lado, presionando mi herida con sus manos. —No te atrevas a morir aquí, sombra —gruñó con voz rasgada. Sus ojos, dorados y profundos, me atraparon. No necesitó tocarme más; el vínculo nos habló por dentro. Supe que me había salvado no por deber, sino porque ya era parte de él. —Prueba superada —susurró al fin, con un leve temblor en la voz—. Pero la próxima vez, Elara... no solo cazaremos. Y su mirada prometía una tormenta que ni la luna sería capaz de contener.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD