La facilidad para prescindir de mí El entusiasmo de Filippo por el embarazo no cambió con el tiempo. Por mi cuerpo cambiado, alterado por el embarazo, él parecía sentir una especie de disgusto. Sus bromas pesadas eran cada vez más frecuentes pero luego no dejaba nunca de acompañarme al médico: después de su interés, su participación acababa en la sala de espera. El periodo del embarazo fue para mí una serie de días de enorme fragilidad emotiva, mucho más de lo que era normal. Hubiera deseado que las cosas con Filippo hubiesen mejorado porque quería convencerme de que estaba haciendo la elección justa: a Pietro había renunciado en cuanto supe lo del niño, le había explicado con lágrimas que me ahogaban en la garganta, que no podía seguir viéndolo. Me hizo mucho daño renunciar a él, a

