El doctor Gaspar arregló todo esa misma noche, y por orden directa de Jacques, Casey la recibiera en la residencia a primera hora lo que por supuesto significó que Priscille y el doctor se levantarán más temprano para llegar antes de su hora de entrada.
Y la única que parecía triste con esta nueva situación era la esposa del doctor, a pesar de que el hombre le explicó la necesidad de ese cambio, la señora Eleanor no parecia muy convencida, pues en poco tiempo se habia encariñado de Priscille, sin embargo, comprendió que por el momento era mucho mejor para ella y sobre todo, más seguro.
Así ambos emprendieron el camino a la residencia, con la única promesa de que volvería cada fin de semana a casa de los Trembley y por supuesto que ella accedió, de cualquier manera en teoria era su familia y pasar tiempo con ellos era lo más congruente, llegando solo un par de horas antes a su nueva residencia, donde los recibio Casey para darle las indicaciones más necesarias además de mostrarle cual sería su habitación y sus compañeros de casa.
Afortunadamente la famosa amabilidad canadiense seguía dándole la bienvenida a Priscille, sin embargo también lo hicieron sus nuevas obligaciones, pero en realidad eso no le importaba, si bien nunca había hecho ningúna labor doméstica, ella parecía muy entusiasmada por estas nuevas actividades lo que seguía sorprendiendo a las personas a su alrededor, pues parecía una niña pequeña muy dispuesta a hacer cuanto le pidieran y aceptando con una natural curiosidad que resultaba divertida y fascinante lo que para cualquiera podría resultar una tarea monótona y hasta desagradable.
Pero el día laboral empezaba ya y mientras caminaban hacia las oficinas, Casey no dejaba de observarla con curiosidad, su andar, sus gestos y manerismos, la elocuencia que demostraba al hablar, cuando lo hacia, y su aspecto en general parecía el de una persona de clase y hasta podía atreverse a asegurar que había vivido rodeada de lujos y comodidades, lo que solo aumenta a su curiosidad sobre qué la había obligado a venir hasta aqui.
Priscille, sin darse cuenta, comenzaba a levantar las sospechas de las personas a su alrededor y lo único que evitaba que alguien hiciera más preguntas era el hecho de que era familiar del doctor Gaspar pues de no serlo alguien habría sospechado lo peor de ella, pero aún era muy pronto para averiguar más sobre la misteriosa mujer de los ojos melancólicos, como Lindsey comenzaba a llamarla.
Y así empezó otro día,en el que Priscille continuaba sorprendiendo a sus compañeros y jefa, al menos así fue hasta la hora de la comida, ya que tan solo esta mañana ella había recibido más llamadas de quejas, burlas y hasta amenazas que el día anterior, y contrario a lo que el resto de sus compañeros hacía, ella demostraba una sorprendente cordialidad y educación ante gente que solía ser muy agresiva, incluso parecía ajena a esos hirientes comentarios y no es que no le afectaran, pero la realidad era que esa agobiante pasividad se debía a su historia de maltrato en la que cualquier insulto que pudiera recibir resultaba un patético intento comparado con aquello que Michael expresaba, eran, si acaso, unos vulgares aprendices comparados con su esposo.
- Lindsey......- un hombre muy elegante se acercó a las mujeres que compartían la hora de la comida- ha que estas jugando?- cuestionó muy curioso mientras clavaba su penetrante mirada en la indiferente chica que lo miraba con cansancio.
- A qué te refieres?!- preguntó Lindsey con cierto dejo de fastidio pero de verdad no quería recibir los habituales regaños de ese hombre a la hora de la comida.
- Los informes que enviaste de ayer........parecen muy.....uhu......bien hechos- sentenció con burla.
- Eso te molesta?!.....pensé que era lo que querías!
- No, no me molesta, en realidad me preguntaba si finalmente entendiste tu trabajo.
- Por qué lo dices?!- Lindsey parecía indiferente pero estaba a punto de aventarle la lasagna a ese hombre sobre el elegante traje.
- Porque todo esta muy bien redactado, es conciso y puntual, hasta podría decir que esta......ordenado.
- Wow, tantos halagos seguro que agotaron tu dotación anual.......pero eso no es mi responsabilidad.....es gracias a mi nueva adquisición- indicó la joven señalando con ambas manos a Priscille- esos hermosos informes que tanto te gustan son gracias a ella- aclaró con la intención de que el hombre volteara su vista hacia su acompañante para que la dejara comer en paz.
Y en efecto, ese hombre calvó sus ojos de inmediato en la timida mujer que apenas y sonrió ante el gesto de Lindsey.
- Esos reportes son tuyos?!- cuestionó con sarcasmo e incredulidad, pero Priscille no supo que responder se limitó a medio sonreir ante el asombroso interés del hombre.
- Si, son de ella......Bree es la que se ha encargado de hacer esa sorprendente labor- indicó Lindsey al ver que su compañera no hacía el menor intento de responder.
- Y si esos reportes son tuyos, qué haces en call center?!, es lo más bajo de la escala!!!- indagó con un indignado y sarcástico tono de voz que no le agradó a Lindsey.
- Ahí me asignaron- sentenció Priscille sin comprender muy bien que pasaba a su alrededor o mejor dicho, sin entender quién era este hombre.
- Y por qué?- refutó con una molesta mirada hacia Casey.
- Era la posición que había........no pretenderas que la pusiera como coordinadora de campaña o sí?!- exclamó Casey con cierta condescendencia.
- Jah- pero esa respuesta no pareció complacer al hombre- al menos hiciste algo bien y nos facilitaste el trabajo al equipo de análisis.....aunque me gustaría saber más de ti- sentenció mirando a Priscille pues si ella era tan buena como sus reportes, no pensaba dejarla con el equipo, que según él, era el más bajo en la cadena.
- No sé que quiere saber- indicó Priscille pues no estaba en posición de revelar nada de su vida, al menos eso fue lo que Elizabeth y el doctor Gaspar le dijeron.
- Lo que tenga que saber- pero el hombre no tenía intención de jugar así que fue muy directo pero en respuesta solo obtuvo que Priscille se encogiera de hombros gracias a el nerviosismo por la falta de una respuesta obligándola a sonreír con ansiedad.
El hombre la miró fijamente al notar que, a pesar de su inquisitiva mirada, no obtenía respuesta alguna y eso no era para nada bueno, y si a Casey y Lindsey ese comportamiento comenzaba a parecerles sospechoso a él le resultaba absurdamente inquietante y desde luego que no tardó en suponer lo peor.
- Quién eres?!- cuestionó directamente cruzandose de brazos- de dónde saliste?, cómo llegaste aqui?!......quién te envió?!- arrojó pregunta tras pregunta con paranoia pero de nuevo obtuvo solo el silencio como respuesta mientras los labios de Priscille empezaban a temblar.
Y Casey y Lindsey no podían negar que tambien deseaban conocer esa información así al igual que el hombre, clavaron su mirada en Priscille esperando conocer esa ansiada información, sin embargo, no estaba interesada en que las preguntas empezaran tan pronto, jamas supo que dijo el doctor Gaspar y no había un acuerdo sobre la historia que debía contar.
- Ugh, es sobrina del doctor Trembley........- intervinó Casey al ver el temor en los ojos de Priscille, si bien quería saber más al respecto tampoco era tan desconsiderada para agobiarla, era sobrina del doctor y si eso era suficiente para Jacques Levesque, tendría que ser suficiente para ella.
- Y?!- pero no era suficiente para el hombre y de nuevo esas inquietantes miradas se cernían sobre la nerviosa mujer.
Desgraciadamente sabía que tal vez pudo eludir a sus compañeras pero no sería lo mismo con este hombre que aparentemente estaba muy decidido a obtener alguna información, por lo que tendría que contar parte de su historia.
- So....so.....soy sob....sobrin.....sobrina del doctor Gaspar, y no sé que más quiere saber?!- exclamó esperando que el hombre no hiciera preguntas a las que no pudiera responder de forma más precisa y evitar caer en un error que la pusiera al descubierto.
- Eres sobrina del doctor Gaspar, supongo que por eso estas aquí- aceptó con un poco de recelo, pues a él, como a la mayoría del equipo, no hubo quien los recomendara y tuvieron que ganarse su puesto- pero de dónde eres?! o por qué estas aqui?!
- Soy estadounidense, vengo de Westminster- esa era una respuesta a la que podía responder fácilmente porque era algo que ya había contado.
- Eso me queda claro.....pero por qué aquí?!
- Aquí esta mi única familia y bueno......este fue un trabajo que pude conseguir rápido para no ser una carga para mis tíos.
- Ya veo......a qué te dedicabas antes de venir?!- indagó haciendo que los ojos de Lindsey comenzaran a brillar por la posibilidad de saber más de Priscille o aún mejor, poder darle satisfacción a todas aquellas preguntas que venían atestando su cabeza desde que la conoció.
- Er....era ama de casa.....solo eso.
- Estudiaste algo?
- Estudié la universidad....bueno parte de ella, no acabé una carrera- expresó otra mentira esperando no seguir llamando más la atención, si sus acompañantes sabían que no solo había estudiado una carrera sino que lo hizo en una de las universidades más importantes de su país, probablemente tendrían la misma reacción que el doctor Gaspar y provocaría más innecesarias preguntas sobre un pasado que no deseaba ni podía contar.
- Qué estudiaste y en dónde?!
- En una universidad pública e intenté estudiar ingeniería civil pero......me casé!- exclamó como avergonzada mientras el hombre continuaba en su afán de no perderla de vista.
Bueno, parte del misterio había sido aclarado, ahora al menos sabían que Priscille tenía algo parecido a una educación y aunque no era mucho, por lo menos les dejaba en claro que si había cierta preparación.
- Y por qué eres tan buena atendiendo llamadas y haciendo reportes?!- de nuevo el hombre intentaba corroborar que Priscille no fuera una espía, pues sin importar su historia aún había muchas interrogantes.
- Supongo que porque estuve casada.....te vuelves demasiado buena atendiendo solicitudes!- exclamó intentando hacer un chiste para parecer serena.
- Tú esposo vino contigo?- afortunadamente no, pensó Priscille.
- Me divorcié- y habló con total calma esperando que no preguntaran más sobre el fallido matrimonio o el paradero de su esposo.
El hombre asintió más calmado aunque al igual que a las otras dos mujeres aún le quedaban algunas dudas, sin embargo, por ahora todo parecía en orden, y afortunadamente no hubo más cuestionamientos por lo que las tres mujeres pudieron continuar con su comida en aparente paz cuando el hombre se alejó, no sim antes regalarle una última mirada inquisitiva.
Aunque este intenso interrogatorio si le dejó a Priscille la firme convicción que debía averigüar con el doctor qué historia había contado y qué historia debían contar pues sabía que eventualmente alguien haría más preguntas que no podrían eludir con facilidad.
Pero de eso se preocuparía el fin de semana que viera a los Trembley, pues su día laboral había acabado y ahora debía preocuparse por cumplir con las obligaciones que le habían asignado, aparentemente no era algo tan complicado, solo debía trapear la sala y después deshacerse del agua sucia, sin embargo, ya que nunca antes había realizado una tarea similar los nervios por hacerlo correctamente la empezaban a agobiar.
Y en cuanto llegó a la casa de inmediato puso manos a la obra, ni siquiera se dió el tiempo de cambiarse solo se puso su sudadera, sujeto un poco más su cabello y sin preocuparse por usar guantes, apenas cruzó la puerta, rápidamente, sin demora y a consciencia, comenzó a limpiar el piso.
Pero Priscille no solo estaba limpiando, prácticamente trapeaba cada centímetro del piso de la sala con excesivo cuidado, el trapeador recorrió el lugar casi en cámara lenta, en más de una ocasión y cada vez con un líquido diferente y cualquier mancha, por mínima que fuera, que llegase a ver ameritaba una nueva limpieza, la pobre mujer estaba tan ansiosa por hacerlo correctamente que comenzó a llamar la atención de las demás personas de la casa que terminaron mirándola con extrañeza.
Nadie se atrevía a preguntar, se limitaban a simplemente verla, y aunque ninguno de ellos pudiese comprender su estado, el recuerdo de las horribles consecuencias que sufrió a manos de Michael no dejaban de atormentarla, las humillaciones, las crueles palabras y los golpes eran para ella un recordatorio constante de lo perfecta que debía ser.
Hasta que afortunadamente, al fin terminó, dejando el piso tan limpio como quizas nunca antes lo estuvo, haciendo que sus compañeros quedarán tan impactados que no se atrevian siquiera a mirarlo por temor a arruinar el arduo y excesivo trabajo, desgraciadamente ni siquiera al verlo tan limpio Priscille pudo calmarse en su totalidad, al contrario, estaba experimento una tensa calma, para ella era imposible dejar de revisarlo mientras recogía la cubeta de agua y los líquidos que había usado, temía encontrar la mínima mancha que pudiera enfadar a su ausente esposo.
Así que cuando todos los utensilios estuvieron levantados para llevarlo a su sitio, Priscille revisó una última vez el piso mientras su respiración se agitaba esperando de verdad haber hecho un buen trabajo, pero después de más de ocho años viviendo aquellas consecuencias, sería absurdo que simplemente lo olvidara y actuara como si nada hubiese pasado, a pesar de que era consciente del hecho de que Michael no estaba ahí para vigilarla, aún así, su presencia no dejaba de perseguirla.
- Creo que ese piso no puede estar más limpio.....hasta podríamos comer en él- interrumpió uno de sus compañeros intrigado por el extraño proceder de Priscille quien permanecía de pie mirando con cautela cada centímetro- de verdad..... aquí ya no hay rastros de nada- aclaro al ver que ella no hacía absolutamente nada más que continuar con su cometido.
Y la pobre mujer lo sabía, pero ya era algo tan mecánicamente aprendido que tenía que hacerlo, debía hacerlo por su bien, al menos eso creía.
- Ya no hay más que puedas hacer más que llevar eso a su lugar- exclamó de nuevo esperando que finalmente Priscille se convenciera de que así era.
Pero de nuevo ella necesitaba hacer una última revisión solo de ese modo podría continuar y cuando finalmente comprobó que aquel piso estaba en perfectas condiciones tomó todo lo que había usado para llevarlo a su sitio; primero se encargó de dejar todos los líquidos en el gabinete del fregadero y después llevó la cubeta con agua hacia el jardín trasero dónde una pequeña coladera colocada hábilmente en un costado de la casa fungia como desague.
Ya había oscurecido lo suficiente y las tenues luces de la propiedad apenas y alumbraban el jardín, sin embargo, Priscille había recorrido este lugar en más de una ocasión en la última hora y media así que conocía el camino a la perfección y de memoria por lo que se acercó lo suficiente y sin pensarlo arrojó el agua, desafortunadamente en ese momento un hombre se cruzó en su camino y lo que debería haber terminado en la coladera terminó en los pies del desconocido.
El hombre se detuvo en seco al sentir el golpe del agua mientras Priscille dejaba caer la cubeta al piso para cubrirse la boca quedando pasmada al darse cuenta de la situación, no había sido su intención y aún así el líquido terminó sobre ese hombre.
- Qué diablos!!!!!- exclamó el hombre al darse cuenta que el agua de la cubeta escurría desde sus pantorrillas hacia sus pies.
- Ahh.....ahhhhh....ahh.....ahhh.....ahhhhghh.....yo lo....aghhhh.....- pero Priscille no era capaz de emitir nada más que extraños balbuceos mientras el hombre volteaba a ver sus pies y sacudía las piernas intentando quitarse un poco del agua.
- Maldita sea!!!- sentenció al ver sus perfectos zapatos de gamusa arruinados por el agua.
- Yo.....agh.....agh.....lo lamento!- finalmente pudo articular palabra.
Priscille rápidamente se acercó para intentar al menos secar un poco al molesto hombre quitandose su sudadera pues era lo único que tenía a la mano para hacerlo.
- No.... no....no.....no es necesario!- exclamó él alejando a la mujer que insistía en secar la parte baja del pantalón- no.....no.....ya basta!!!.....no es necesario!!!- increpo un poco más fuerte al ver que la mujer no entendía- no es necesario, gracias!- repito, intentando sonar más calmado, tomando a Priscille del hombro para alejarla.
- Lo lamento.....fue un accidente!!- se excusó muy apenada dando un par de pasos hacia atrás mientras apretaba su sudadera contra su pecho.
El hombre levantó su molesta mirada hacia ella permitiéndole a Priscille verlo mejor bajo la luz del jardín, era un hombre de entre 35 y 40 años con un aspecto bastante varonil, en dónde sus ojos color verde enmarcados por unas prominentes cejas, resaltaban de su blanca piel, su mandíbula estaba perfectamente marcada pero no dejaba de ser angulosa contrastando con unos pómulos masculinamente proyectados, y los labios finos, eso sin mencionar su perfectamente peinado cabello color castaño claro estilo boomerang que acentuaba ese imponente aspecto.
Desgraciadamente, Priscille estaba más enfocada en lo mucho que contraía el ceño mientras se debatía entre verla a ella y la parte de su cuerpo que fue mojada para admirar a semejante espécimen.
- Lo.... lamento.....fue un accidente!- repitió ella tragando grueso, pues no tenía idea de quién era ese hombre pero por la ropa le quedaba claro que no era un empleado de la casa.
- Uhummmm.......si, ya lo noté- respondió con sarcasmo- al menos dígame que era agua limpia!- dijo esperando que la cubeta que yacía tirada en el piso con una diminuta cantidad de agua escurriendo aún de ella no tuviera rastros de suciedad alguna pues era evidente que había sido usada para limpieza.
- Agh....aghh.....agh.....- fue todo lo que Priscille pudo emitir, pues aunque hubiera querido decir que era agua limpia, en realidad era agua con limpia pisos y sin importar que fuera la última ronda no estaba limpia del todo.
El hombre cerró los ojos ante el obvio titubeó de la mujer, en realidad, si esperaba que fuera agua limpia o al menos recién salida del grifo, pero para su mala suerte sus temores se estaban confirmando.
- Tenía cloro?!- ya que no estaba limpia ahora debía preocuparse por que tan dañada quedaría su ropa y calzado si esa agua contenía algún otro químico.
- No, no,no.....por supuesto que no- se apresuró a responder- era solo limpiador de lavanda......- pero su respuesta no quedó ahí, en un intento de relajar el ambiente Priscille se mordió el labio e inocentemente soltó un último comentario- al menos olera bien.
El hombre levantó su incrédula mirada hacia la mujer frente a él, quería decir algo y tenía mucho que decir pero el comentario de Priscille lo dejó totalmente boquiabierto, se preguntaba si ella se había dado cuenta de lo que acababa de pasar; desgraciadamente para ella, esa mirada logró asustarla, ya había sido testigo de esa incredulidad y enojo en los ojos de Michael por lo que de inmediato espero la misma reacción que solía tener su esposo, haciendola retroceder mientras agachaba la cabeza.
Fueron unos pequeños instantes en los que él trataba de procesar lo que había ocurrido, tratando de comprender cómo pasaron del inesperado ataque de agua a un alegre comentario de la inconsciente mujer culminando con el absurdo miedo que su cuerpo expreso, todo era un tanto ilógico y hasta podría decir que irreverente.
- Agh.....uhu.....uhum- exclamó el hombre levantando sus manos a la altura de su cara para terminar con ademán como si estuviera espantado a alguna mosca, pero qué más podía hacer?, y así, sin más, continuó su camino hacia el sendero que llevaba a la casa principal.
Priscille se asomó ligeramente por entre los pinos que dividían la casa del cuartel de campaña viendo como el hombre se alejaba rápidamente sacudiendo su pantalón de vez en cuando, mientras ella dejaba salir todo el aire contenido, no podía decir que no estaba asustada porque si bien había sido un accidente no sabía con certeza quién era ese hombre y si podía haber alguna represalia, sin embargo, este momento era aún más incomprensible para la mujer porque por primera vez en mucho tiempo cometia un error sin experimentar las horribles consecuencias que sufrió a manos de Michael.
Y si, no podía decir que sabía que hacer ante un escenario tan nuevo, había aprendido como reaccionar ante las humillaciones y los golpes, sabía que debía callarse y aguantar hasta que su esposo acabará de descargar toda su furia y con suerte no acabar en el hospital pero en esta ocasión, sin saber que iba a pasar, no tenía más opción que aguardar con la esperanza que el hombre lo olvidara pero su experiencia le hacía imposible continuar como si nada, pero era lo único que le quedaba, permanecer expectante a lo que pudiera suceder.
Así que sin más opción, entró a la casa pero su nerviosismo aún era latente, en su rostro se reflejaba la preocupación y aunado al hecho de que no dejaba de ver hacía el jardín sus compañeros no demoraron en darse cuenta que algo había ocurrido.
- Todo en orden?!- cuestionó una de las mujeres.
Priscille apenas y enfocó la mirada en la persona que la llamaba debido a que su atención seguía puesta en la puerta del jardin o mejor dicho, lo que había detrás, y aunque las personas de la casa parecían lo suficientemente amables, ella no estaba acostumbrada a contar sus problemas o preocupaciones, otra pequeña consecuencia que la relación con Michael le había dejado, para una mujer que había vivido el maltrato, callar y fingir que todo estaba en orden era la unica, y mejor, alternativa, así que sonrió como tantas veces lo hizo antes de mentir.
- Si, solo que el jardín......parece un poco tétrico a esta hora, nunca lo iluminan?!- cuestionó tan sorprendentemente bien que nadie creería que en realidad estaba preocupada pero cuando lo haces tantas veces frente a policías, médicos, amigos y conocidos, la constancia te vuelve experto.
- Algo muy norteamericano de tu parte.......aquí no es necesaria tanta iluminación, hay mucha seguridad y no somos tan paranoicos!- expresó a modo de broma otro de sus compañeros.
Priscille soltó una alegre carcajada, al menos aparentemente así era, porque en el fondo no estaba relajada y mucho menos alegre pero eso también lo había aprendido después de varias golpizas.
- Si, tal vez......creo que ya es algo tarde y estoy un poco cansada.......será mejor que suba......- indicó creyendo que de ese modo evitaría que su ansiedad terminara por delatarla frente a sus compañeros.
Y de inmediato se fue directo a su habitación que para su mala fortuna daba directo a la parte trasera de la casa principal, el camino pir el cual se había marchado el desconocido, la pobre mujer se sentó en la orilla de la cama observando hacia aquel lugar, recordando lo que había hecho y reprendiéndose por no haberlo evitado, se cuestionaba porque no revisó antes de solo aventar el agua pero como ya era tarde supuso que nadie pasaría por el lugar, se recriminó por no vaciarla con más delicadeza directamente sobre la coladera pero ya estaba cansada y quería acabar lo más rápido posible, pensó en que si tal vez no hubiera trapeado el piso hasta el cansancio nada de esto habría pasado, sin embargo, por más que lo intentara ya no había nada que ella pudiera hacer, todo lo que le quedaba era hablar con Casey a primera hora para explicarle la situación y con suerte descubrir que no mojó a nadie importante pues de lo contrario su despido sería inminente e inevitable.
Por su parte, el hombre al que mojó también se encontraba en su habitación, ya se había quitado los zapatos y los pantalones para revisarlos con detenimiento, al parecer no tenía ninguna mancha que revelara que el agua tenía cloro, aunque si había una mancha que dejaba en claro que parte de la prenda había sufrido, eta consciente que en realidad solo era el resultado del accidente.
Y para ser honesto, su ropa solo estaba ligeramente rígida aunque no podía decir lo mismo de sus zapatos, los cuales recibieron el mayor daño, pero al ser de gamuza la mancha de la humedad era difícil de ignorar y más cuando ocupaba todo el calzado haciéndolo parecer más oscuros en ciertas áreas, el hombre pensó que probablemente podría rescatarlos si los limpiaba a consciencia pero conocía la delicadeza del cuero y lo fácil que era dañarlo, por lo que en el fondo sabía que era perdida total.
Así que sin más opción arrojó el pantalón al sesto de basura y volvió a clavar sus ojos en los zapatos mientras colocaba sus manos en la cadera, el día había sido un poco complicado pero jamás pensó que terminaría mojado y con su calzado arruinado, y considerando seriamente la situación, dejó escapar un hondo suspiro de cansancio e incredulidad.
- Jajajajaja......jajajaja......jajajajajaja.....- de pronto el hombre soltó tremenda carcajada mientras llevaba sus manos hacía la nuca- jajaja.....jajajaja.....jajajaja.......- soltaba una y otra vez mirando sus zapatos y el cesto de basura donde el pantalón iba hundiendose paulatinamente- jajajaja.....jajajaja......al menos olerá a lavanda!!!- exclamó en voz alta al recordar el imprudente comentario de la mujer que casi lo baña con agua sucia- al menos olerá.....jajaja....dios.....jajaja!!
El hombre trataba de controlar su risa pero era imposible ante la forma en que aquella extraña respondió despues de disculparse y parecer tan apenada hacer un chiste así no parecía algo coherente pero lo hizo y ahora que lo pensaba con calma era bastante divertido.
- Veamos si tenía razón!- sentenció acercándose al cesto para tomar el pantalón y corroborar que lo dicho tuviera fundamento, y en cuanto su nariz estuvo lo suficientemente cerca, comprobó que si, su pantalón tenía un ligero olor a lavanda y contrario a lo que pensaba no olía a agua sucia- al menos no me tocó lo más sucio!.....jajajaja.....vaya, que mujer!!!
Repuso una última vez y volvió a arrojar el pantalón, pero todo ese encuentro le dejo una sonrisa en el rostro, cada que recordaba el suceso y el hábil comentario no podía evitar sonreír o soltar alguna ligera carcajada, en definitiva su día no acabó como pensó pero fue algo tan surreal que resultaba cómico, y lo único que le faltaba era averigüar quién era esa mujer.