Él observó que Daniela se movía incomoda y se contorsionaba estirando su brazo tras la espalda. Frunció el ceño a la expectativa. No pretendía tocarla. Promesa era una promesa y anoche se lo prometió a sí mismo. —Me siento muy incómoda desde anoche—se quejó— Meticuloso caminó hacia ella y empezó a husmear tras su pijama. Se Burló y una sonrisa se dibujó en su rostro mientras metía la mano tras su cuello para arrancar la etiqueta de la prenda nueva. —Es un milagro que con tu hipersensibilidad sensorial hubieses podido dormir con esta etiqueta en tu espalda—la arrancó y la puso en las manos de Daniela—estabas muy ebria anoche. Tanto que te fuiste a comer las frutas y aperitivos de un desconocido. —No—negó asombrada. —Claro que sí. Y si no hubieras sido porque estaban caminando en zigz

