Capítulo 29. La resaca. El regurgitar tras las paredes del baño y las arcadas que le causaban contorsiones, lo instaron a brincar sobre ella y tomarla en brazos segundos antes de que vomitase y se desplomase en el pulcro porcelanato del baño. La taza blanquecina recibió el más de los despectivos saludos mañaneros al verter sobre ella lo que su estómago rechazaba. Un hedor impregnado de alcohol fermentado, restos de pizzas, aceitunas y anchoas delataban el origen de su malestar y la palidez de su semblante antes de llegar al mall center. Él la sentó en el piso y corrió al mini refrigerador en busca de una botella de gaseosa que destapó y sirvió en un vaso de caña transparente. Se lo hizo beber obligada, mientras masajeaba su estómago frotando su pijama. No demostró repugnancia alguna y c

