Me tiré en la cama derrotada, y creo que me dormí inmediatamente porque ni me acuerdo de algo que haya hecho después, pero sí que dormí y plácidamente, es más fue la primera noche desde que llegamos a la casa en la que logro dormir decentemente, aunque solo he pasado dos noches. Me hacía falta dormir todas las horas necesarias, confieso que esas horas en las que no dormía me ponían de muy mal humor al día siguiente. Cuando me desperté me di cuenta que estaba arropada, pero y ¿Cómo?...
_Hola. – dijo una voz grave que me parecía familiar, pensé que mi mente estaba jugando conmigo así que seguí durmiendo. – ¿Cómo estás? – volví a escuchar su voz, era él, no había dudas, pero ¿cómo?
Levanté la mirada y me encontré con nada más ni nada menos que al chico Rosternat, ¿Cómo nadie se percató de que subía la escalera? Por otra parte, creo que ese nombre es un poco cruel, pero no sé su nombre verdadero y bueno es lo único que se me ocurrió ya que no soy muy buena con los sobrenombres ni nada de eso.
_E...h, Hola... – tartamudee, que puedo decir, si mi maldita voz no está conmigo en estos momentos. – Bien gracias, pero, ¿Qué haces aquí? – dije cuando más o menos cuando calculé que mi voz no me fallaría. Me quedé mirándolo cómo una idiota, se va a dar cuenta Beth, pareces psicópata. Me repetía una y otra vez, pero se me era imposible apartar la mirada de él.
_Que bueno que estés bien. – respondió casi de inmediato el chico que se encontraba en mí habitación, ¿Será posible que él haya sido quién me arropó? Alejé esos pensamientos casi enseguida, no era posible. – Y mi familia esta abajo. – dijo serio después de unos segundos en los que se quedó analizando mi mirada. – ¿Crees que podamos ser amigos? – volvió a agregar y quedé estática, que se puede responder cuando un chico que entra en tu habitación cuando aún duermes te pide algo así de la nada… digo, sé que no me está pidiendo que sea su novia, pero, de todos modos.
_ ¿Nosotros? Pero no contestaste mi pregunta... – dije. La verdad seguía un poco confundida y su mirada no ayudaba en nada, solo lograba que estuviera aún más nerviosa. Sus ojos grises atravesaban cada una de las capas de mi piel, se colaba por mis huesos y aún así parecía no saciarse, porque lo único que hacía era mirarme, en ningún segundo apartó sus ojos de los míos cómo si tratase de ver en lo más profundo de mi alma.
_Nosotros no. – respondió nuevamente sacándome de mis pensamientos. - Nuestras familias. – agregó. – Y en relación con tu pregunta, quise hablar contigo personalmente. – ¿acaso nunca sonríe? en verdad yo me consideraba seria, pero ni siquiera una mueca, este chico es realmente extraño, y lejos de molestarme me hace querer estar más cerca de él. – ¿Qué dices? – volvió a articular.
_Q.... ¿Qué digo de qué? – me atrapó, no estaba prestando atención a nada de lo que decía, pero cómo hacerlo si su mirada seguía pegada a mí, sus ojos me llamaban a mirarlos, son tan deslumbrantes y únicos, ¿Cómo no hacerlo? Me incita a pecar con su mirada, pero no tengo la intención de demostrarle absolutamente nada, no debo quedar cómo una idiota.
_Acaso somos amigos, nuestras familias... que sean amigas, eso. – comentó el chico, estaba un poco impaciente, lo pude notar cuando hizo sus manos puños, aunque cualquiera lo estaría si hablara con una idiota cómo yo.
_Se supone que eso lo deciden ellos, no nosotros. Pero si te interesa mi opinión te digo que me gustaría ser tu amiga. – ¡que dije, estás loca Beth! ¿Cómo dices eso? Justo en este momento empecé a sentir como me sonrojaba y para mal de males él no me quitaba los ojos de encima. – Digo, si quieres. – traté de remendar mi estupidez.
_Sí, sí quiero Elizabeth. – dijo con esa voz que me mata. Siento cómo me derrito por dentro al escuchar mi nombre salir de sus labios, me estremecí con lo que mi cuerpo sintió al escuchar su voz. – Eh, ya me tengo que ir, hablamos otro día. – agregó.
_Por favor solo dime Ela o Beth. – sonreí bajando la mirada, no puedo creer que estuviera hablando con el chico Rosternat y más aún, en mi habitación.
_Perfecto, Elizabeth. – lo escuché susurrar a la distancia. En verdad mi nombre pronunciado desde sus labios no se escuchaba para nada mal, su voz cambiaba cuando lo decía, aun así, me fascinaba.
_O como quieras, chico anti sonrisas. – dije volviendo a meter la pata, y para empeorar las cosas creo que escuchó porque se dio la vuelta, bajé mi vista y lo vi de reojo mientras de ganaba frente a mí.
_ ¿Cómo me llamaste? – respondió sentándose en la cama, justo enfrente de mí. Tomó mi mentón con una de sus manos y lo levantó para que nuestras miradas se volvieran a cruzar, se sentía mágico, pero sé que lo hace por otro motivo.
_Chico anti sonrisas, perdón si te molesto. – respondí casi de inmediato, parecía una niña asustada por haber roto alguna reliquia familiar, me sentía tan indefensa que me quité de su agarre y volví a bajar mi rostro.
Con sus manos volvió a tomarlo y delicadamente lo alzó para que mi vista y la suya volvieran a cruzarse, tanto que de nuevo esos grises invadían mi interior, nada quedaba libre de su alcance, era algo que nunca antes había sentido y tenía miedo de ello.
_No sonrío porque aún no llega un motivo a mi vida para hacerlo. – respondió él, estoy tan indefensa ante él. – Ojalá eso cambie pronto, ahora sí, adiós, me tengo que marchar. – agregó y salió de la habitación.
_Espera se me olvidó preguntarte tu nombre... – se volvió a ir antes de decirme su nombre, creo que es algo que siempre se mantendrá entre nosotros.
Iba saliendo de mi habitación para saber si aún estaba por el pasillo, pero cuando cerré la puerta casi me da un infarto, mi mamá apareció de repente frente a mí y más encima diciendo que me arreglara porque había visitas allá abajo, pensé que quizás me encontraría al chico Rosternat, pero no fue tan así.
Cuando bajé, me dirigí a la sala para ver a quien me enfrentaba, me llevé una gran sorpresa, eran los mismos de Rosternat excepto el chico que hace poco estaba en mi habitación, no me gusta que me vean cuando recién despierto, pero bueno había que darle si quería respuestas, pero antes hay que matar el hambre porque no quiero que me gruña el estómago, luego de tomar desayuno mi madre me llamó para presentarme a la familia esa que estaba en la sala.
Resulta que la familia se apellidaba Lawren, yo pensaba que eran tres hermanos y los padres, el chico, Brandon, la chica Teresa, el señor, Agustín y la señora Rosaura, nunca había escuchado ese nombre, pero bueno cada padre le arruina la vida a sus hijos cómo quiere...
Bajé la mirada y pude apreciar a Brandon y Teresa tomados de la mano, eso no lo hacen los hermanos, pensé, y me empezó a dar curiosidad, traté de evitar preguntar porque cómo dicen la curiosidad mató al gato.
_ ¿Ustedes son hermanos? – pregunté sin previo aviso y vi cómo Teresa sonreía ante mi pregunta.
_Claro que no Elizabeth, él es mi novio. – respondió la chica. Ahora me sentía estúpida.
_Um, yo creía que eran hermanos, perdón. – agregué algo sonrojada por la vergüenza que sentía en estos momentos.
_No te disculpes niña, no es necesario. – dijo Agustín. – Y cuenta, ¿Qué te parece el pueblo? – algo en él no me convenció del todo, me causaba desconfianza, pero aun así decidí responderle.
_No me quejo, hasta ahora a los únicos que conozco son ustedes. – mencioné siendo sincera y observando la reacción de Agustín, creo que lo tendré entre ceja y ceja.
_Pronto conocerás más personas. – dijo Rosaura cuando seguramente notó el ambiente algo tenso.
_No lo creo muy posible, pero habrá que intentarlo. – sonreí de manera distante.
_Así se habla Elizabeth. – volvió a decir Rosaura. Era medio rara, o eso pensé a primera vista.
_Sí, pero solo una cosa, llámenme solo Beth o Ela, encuentro que mi nombre es muy formal.
_Debes de estar orgullosa de tú nombre, porque aquí la única llamada de esa manera era la difunta Elizabeth, la dueña de esta casa. – dijo Brandon.
_No lo sabía, ¿Tú de casualidad no sabes que le paso?
_Sí... – vi como Agustín lo empezaba a mirar haciendo que el chico pensará lo que iba a decir. -La pobre ya estaba muy viejita. – terminó diciendo Brandon.
_Ah, ¿No tienes hermanos? Porque de ser así déjame decirte que tienes suerte... – será posible que el chico Rosternat sea hermano de Brandon, después de todo ese día andaba con ellos comiendo.
_Sí, lamentablemente tengo un hermano, se llama...
_Tenemos que irnos. – dijo Agustín interrumpiendo a su hijo, quién estaba a un segundo de darme el nombre del chico Rosternat.
_Tan pronto se van. – anuncio mi madre. – No vieron malas caras, ¿verdad? – dijo mirándome.
_No, claro que no. – dijo Rosaura. – Adiós Elizabeth.
_Ah sí... Adiós. – y subí a mi habitación dejando con la palabra en la boca a la mujer que me dio la vida.