Cuando estaba a punto de abrir la puerta decidí hablarles, si no lo hacía probablemente morirían de un infarto, ¿Qué cómo lo sé? Lo presiento. _ ¿Están aquí? – dije en voz alta tratando de que no se asustaran tanto, no los quería ahuyentar, después de todo era mi culpa que estuvieran aquí, yo los traje. _ ¿Quién eres? – dijeron ambos al mismo tiempo, seguramente no me recordaban ya que estaban muy emocionados cuando les di la dirección de Elizabeth. _El que los trajo aquí. – mencioné recordando que la chica que causaba esa atracción tan increíble en mí, se encontraba sola con Gladis, un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando me imaginé lo que podía ocurrir si la dueña de Rosternat se volvía a convertir en esa bestia. _Y Elizabeth, ¿Dónde está? – volvieron a preguntar, al mismo tiempo n

