Capítulo 5

1496 Words
 —Buenos días, papá —saludo al entrar en la cocina. Como siempre solo estamos él y yo mientras Calista nos sirve. La holgazana de su esposa se levanta al mediodía a dar órdenes, se cree la reina del lugar.    —Anthony te va a llevar hoy a la academia. Le he dado el día para que te lleve a almorzar y luego salgan a divertirse. No sé si reír, llorar o golpear la mesa. Mi papá debe estar bromeando.  —No me toca ir a la academia hoy. Los miércoles, al igual que los fines de semana, tengo descanso. —Hago una mueca, pero él ni se entera, sigue con su cara metida en el periódico.  —Mejor, entonces. Así se pasan el día juntos y pueden arreglar las cosas. Pronto tendrán que casarse. Inhalo y exhalo varias veces.  —No, papá. No iré con Anthony a ningún lado, tampoco me casaré con él. ¡Rompimos hace cinco meses! ¿Por qué no lo entiendes de una buena vez?  —Deja tu insolencia, Amber. —Papá pone el periódico sobre la mesa para encararme—. Ya Anthony te perdonó por tu inmadurez y está dispuesto a arreglar las cosas contigo. Y lo de tu matrimonio con él no está en discusión. ¡No lo puedo creer! ¿De verdad fui tan ingenua en creer que papá me dejaría vivir mi vida como quisiera? ¿Cómo puede ser tan frívolo e insensible? ¿Perdonarme? Ese hijo de puta no tiene nada que perdonarme, fue él el que falló. Hago esfuerzos para no llorar, tragándome mi dolor e indignación.   —No amo a Anthony, es más, su sola presencia me da asco, de la misma manera en que tu esposa me es nauseabunda. ¿Cómo puedes estar tan ciego? ¿Por qué no me crees? Ellos...  —¡¡Ya basta, Amber!! —Salto del susto cuando papá golpea la mesa hecho furia—. Deja de inventar estupideces y afronta tu responsabilidad. Ser una Doncorvel no es solo disfrutar de riquezas, buen estatus y reconocimiento. ¿Quieres tener los beneficios, pero no asumir tus deberes? Deja tus niñerías y compórtate como una adulta.  —No me casaré con Anthony. Como dices, soy una adulta y, como tal, tomo mis propias decisiones.  —¿Tus propias decisiones? En esta familia las cosas no funcionan así, Amber. Creo que te lo he dejado claro.  —¿Familia? ¿Cuál familia? Tú ni siquiera te comportas como un padre y mi mamá... —Las lágrimas brotan de mis ojos y resbalan por mis mejillas—. Mi mamá no existe. Entonces, ¿dónde está la familia que proclamas?  —Tasha, tú y yo somos una familia. Río sin gracia.  —Esa cualquiera no es mi familia. No me ofendas de esa manera.  —¡Respeta a Tasha! —El señor Doncorvel sube la voz con expresión ofendida—. Te guste o no, ella es como tu madre.  —¡No te atrevas! Esa asquerosa mujer nunca sería como mi madre. Es una oportunista traidora, gracias a ella mi mamá ya no está. Y para colmo se atrevió a meterse...  —¡Deja de difamar a mi esposa! ¡Y no me cambies el tema! Mejor y te preparas para tu cita con Anthony; si te niegas a casarte con él, despídete de tu academia de música. ¿Quieres continuar tus estudios del piano? ¡Cásate!  —¿Qué? ¿Me estás chantajeando? —El dolor en mi pecho es tan fuerte que no sé si pueda soportarlo más sin estallar en llantos.  —Estamos negociando. No tendré ningún problema en pagarte la basura musical, siempre y cuando, me obedezcas. —Y con esas últimas palabras se despide, dejando sus dagas clavadas en mi corazón, que sangra de dolor e impotencia. ***  —Deja esa cara, Amber. No tienes que fingir molestia, sé que estás feliz de que pasemos el día juntos. ¿Por qué no nos vamos a mi apartamento y recuperamos el tiempo perdido? —Lo miro con ganas de matarlo. El simple hecho de imaginármelo encima de mí, moviéndose como idiota y haciendo esos sonidos raros, me asquea.  —No me jodas, Anthony. A mí no me tocarás ni un pelo. Si he salido contigo es porque papá está insoportable y necesito que siga pagando la academia por un tiempo. No te creas que me casaré contigo, los voy a sorprender a todos y les demostraré que no necesitaré su asqueroso dinero por siempre. —Lo he pensado mucho esta mañana. Tengo veintidós años y conocimientos de contabilidad, buscarme un empleo sería la solución para independizarme y tomar las riendas de mi vida.  —¡No me digas! —ironiza con sorna—. ¿Cómo harás eso? ¿Tocando piano en la calle por unas monedas? Acepta tu destino y disfruta de tu dicha. Tienes la vida resuelta y el mejor partido para casarte, muchas matarían por tener tu suerte. Ignoro a este idiota. Su ego es tan grande que no ve más allá de sus narices. ¿Qué fue lo que le vi a este bicho? «Todavía lo quieres», grita mi conciencia ante mis presunciones. Tal vez aún no lo supero; sin embargo, desde que decidí romper con esa relación tóxica, he podido ver las cosas con más claridad y entender que me hacía de la vista gorda y soportaba tratos que no debía, por miedo a perderlo.  —Cariño —continúa su diatriba, después de unos segundos de silencio, esperando mi respuesta que nunca llegó—, debes reconocer que me necesitas. Sin mí no podrías sobrevivir si tu padre te llegase a faltar. Una prueba de eso, es que empezaste una carrera a los dieciocho y después de cuatro años, ni siquiera la terminaste. No todos tenemos la capacidad de ciertas cosas, agradece que eres elegante y de buena presencia, tal vez no muy atractiva, pero para mí estás bien así. Te amo tal y como eres, con todo y tus defectos. Idiota, mil veces cabrón. En el pasado, ese tipo de comentarios me hacían sentir pequeña y temerosa, le creía cada maldita palabra. Eso me hizo aferrarme más a él, a ser utilizada como su títere, a hacer cosas que no quería solo para complacerlo y mantenerlo feliz. ¡Era tan agotador! Sí, duré cuatro años en una universidad donde no me aplicaba, porque no soportaba la carrera que él mismo me convenció a estudiar. Me sacrifiqué por él cuando todo lo que deseaba era tocar el piano. No porque no tenga la capacidad e inteligencia para hacerlo, era porque no soportaba vivir para otro. El estrés, la ansiedad y la depresión eran baches en mi camino, muchas veces tuve que parar los estudios para tomar terapias intensivas y hasta viajar para botar el estrés. Me sentía agotada, vacía, dolida, como si me estuviese traicionando a mí misma. Era un callejón sin salida lleno de oscuridad. Me martirizaba a mí misma y me culpaba por no estar conforme, todos me juzgaban porque no era feliz teniéndolo "todo". Desde que mis sospechas y temor se me vinieron encima y, que a las malas tuve aceptar la verdad y ser sincera conmigo misma, he podido respirar. Ha sido doloroso, pero me ha dado cierta libertad y paz.  —¿Te quedarás callada todo el día? —cuestiona mi silencio mientras paga la cuenta al mesero. Ni siquiera he podido pasar la comida; estar en este restaurante que solíamos frecuentar durante nuestra relación, me hace revivir esos recuerdos que he tratado de ocultar en un cajón donde ya no puedan dañarme—. Te llevaré a casa, no soporto tu pésima actitud. —Su tono molesto me da cierta satisfacción. Por fin podré ir a buscar mi auto y dejar de soportar al “señor perfecto”. He enfocado mi atención en mirar a través de la ventana. Las pequeñas gotitas que resbalan por el cristal me han mantenido entretenida todo el trayecto. Ni Anthony ni yo hemos cruzado más palabras; sin embargo, puedo sentir su mirada quemarme cada cierto momento. Observo el cielo que se vislumbra gris y triste, así como yo.  —Amber... —Anthony susurra cuando estamos frente a la mansión—. Sé que he cometido muchos errores, tal vez no he sabido tratarte. He estado analizando nuestra relación y... si quieres podemos empezar desde cero; hablemos, dime lo que no te gusta y lo cambio. Yo te amo, pequeña. Dame una oportunidad de demostrártelo. No digo nada. La presión en mi pecho no me lo permite. Sus ojos están cristalizados y sus manos tiemblan, debe costarle reconocer que ha fallado. Aún estoy dándole vuelta a sus palabras cuando sus labios se adueñan de los míos. Me besa con tanta delicadeza que no le pongo oposición, me pierdo en ellos como la primera vez que me declaró su amor y un beso confirmó el principio de nuestra relación.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD