Capítulo 9

2121 Words
 —Amber, hablemos. ¡Lo que me faltaba!  —Anthony, no estoy de humor. —Froto mis sienes con los dedos.  —Amber, debemos hablar. Dejamos un asunto inconcluso ayer, por favor. Es cierto. Debo dejarle las cosas claras a este idiota. Resoplo por el fastidio de tener que enfrentarlo, pero es mejor cerrar este asunto de una buena vez.  —Vamos al jardín —respondo resignada.  —No. Iremos a otro lugar, quiero que tengamos plena privacidad. Asiento, no muy segura. No importa que él esté de mandón como siempre, solo quiero acabar con esto de una vez y por todas. Me dirige a su auto con amabilidad y caballerosidad, como si quisiera ser lo más delicado posible.  —¡Tu apartamento! —exclamó escandalizada cuando nos parqueamos.  —Necesítanos hablar con tranquilidad...  —Odio este lugar, no quiero.  —Vamos, pequeña. Dejemos el pasado atrás, mi princesita. Suspiro. Es lo que quiero hacer, dejar el pasado atrás, pero me imagino que ambos le damos significados diferentes a esa frase. Me dejo llevar por su brazo alrededor de mi espalda baja; con una sonrisa amplia, se apresura a abrir la puerta. De inmediato, su lujosa sala me recibe. Anthony es un hombre de buen gusto y muy materialista, lamentablemente lo es en el mal sentido, no escatima oportunidad para hacerse más rico, sin importar que eso lastime a los demás; pero ese detalle yo lo ignoré en el pasado, confundiendo mi obsesión con amor.  —¿Quieres beber algo? —ofrece con dulzura, mas yo niego con gestos. Solo quiero acabar con esto de una vez y por todas. Él se sirve una copa de vino y, mientras hace eso, yo escaneo el lugar con nostalgia. Anthony no vive aquí, solo lo usa para sus encuentros sexuales y cuando quiere estar solo. Por tal razón, no tiene el lugar lleno de sirvientes que le sirvan, como en la casa de sus padres. Aquí me trajo por primera vez después de unos meses de hacernos novios, ese día perdí mi virginidad. Entonces, cada vez que su auto se detenía frente a este complejo, entendía que tendríamos sexo. En fin, solo me traía aquí o me llevaba a sus reuniones y fiestas de sociedad, otras veces íbamos a aquel restaurante, aparte de eso, no recuerdo otro lugar. No hubo cines ni un parque, nada romántico ni fuera de esa rutina. Los encuentros en este apartamento eran en silencio, como si no importara otra cosa que estar disponible en su cama, dejando que hiciera con mi cuerpo lo que le pareciera; nunca me preguntó cómo me sentía o si me gustaba lo que me hacía. Daba por sentado que todo lo que a él le agradaba, me gustaba a mí. «Aún no conozco el famoso orgasmo». Nunca tuve uno con él. Pero tenerlo en mis brazos gimiendo de placer, su sudor mojando mi piel y su corazón latiendo rápido por mí, me daba mucha satisfacción. Yo le provocaba aquello. «Tonta». El último día que pisé este lugar, descubrí que no era la única testigo de su placer.  —Vinimos a hablar, pero estás muy callada. —Anthony me saca de mis recuerdos—. Toma, es jugo de naranja sin azúcar, aparte de que aporta vitamina C, no te hará perder la figura. ¡Cabrón de mierda! Antes veía ese gesto como una muestra de amor: «Solo se preocupa por mí y me cuida», me decía a mí misma. Qué lejos estaba de la realidad.  —Dije que no quería beber nada —refuto cortante. Lo menos que deseo ahora es discutir.  —Una cosa es lo que digas y otra lo que necesitas, yo sé lo que quieres y requieres. Vamos, bebe el jugo y deja de hacerte la difícil, pequeña princesita. ¡Odio que me llame así!  —Deja de decidir y pensar por mí y ve al grano. Tienes cinco minutos para que hables lo que tengas que hablar, estoy cansada, quiero ir a casa a dormir. Sus ojos se agrandan ante mi forma brusca de rechazar su "cuidado". Debe sorprenderlo que ya no soy la niña tonta y sumisa que rogaba por su atención.  —Amber... —Pone las dos bebidas sobre la mesita entre los muebles y se abaja frente a mí en cuclillas—. Ya pasaron varios meses, olvidemos el pasado. No dejemos que un desliz destruya una relación tan fuerte como la de nosotros, ¿recuerdas lo felices que éramos juntos? La pasamos muy bien, pequeña, vamos a intentarlo. Quiero reír ante su descaro, pero no tengo fuerzas. ¡Un desliz!  —Me culpaste por tu "desliz", me llamaste poca mujer y me comparaste con esa zorra. Nunca me buscaste ni intentaste arreglar las cosas. Me rechazaste aun cuando te busqué para que me explicaras; le mintieron a papá y me exigieron que yo te pidiese perdón. —No puedo contener más las lágrimas que se abren paso. Mi corazón duele mucho, es como si estuviera viviendo aquel sufrimiento otra vez.  —Siempre es lo mismo, contigo. Te empeñas en relucir mis errores y resaltar el pasado. Gracias por recordarme que no soy lo suficientemente bueno para ti. ¡Claro! La señorita Doncorvel está en un pedestal, todos somos insignificantes ante ella. ¿Sabes lo difícil que ha sido todo esto para mí? Ella solo me consoló, me sentía poca cosa para ti, ella más que nadie podría entenderme porque nos sucedía igual. Nos dejamos llevar por nuestras inseguridades y caímos. Ser tu prometido era muy estresante, todos los ojos estaban sobre mí, las reprimendas y reglas de tu padre, el trabajo duro para poder estar en tu nivel frente a nuestros amigos. ¿Entiendes el poder que tiene tu familia, Amber? Son los dueños de esta maldita ciudad, ¡qué esta ciudad!, tienen influencias en todo el país y fuera de este. Un pequeño error y estoy frito. ¡No lo puedo creer! Otra vez la culpa recae sobre mí, con un argumento tan ridículo como ese. ¿De verdad todos me ven como a una tonta? ¿Será que sí soy demasiado ingenua?  —Adiós, Anthony. Si te es tan estresante estar conmigo, no tiene caso que insistas. De todas formas, nuestra relación es irreparable. —Trato de ponerme de pies, pero él me lo impide.  —No me importa. Quiero estar contigo; te amo, pequeña. Estoy dispuesto a soportarlo todo por ti.  —Yo no te amo. —Las palabras dejan mi boca sin que pueda razonar antes de liberarlas. ¿De verdad dejé de amarlo?  —Claro que me amas. Dices eso porque estás dolida; ya deja los resentimientos y empecemos de nuevo. Nadie podría amarte como yo te amo, tú y yo nacimos para estar juntos. Vamos, Amber, sabes que no soy dado a rogar. No espera por mi respuesta, más bien se me lanza encima y me besa, dando por sentado que ya nos reconciliamos.  —Suéltame, por favor... —ruego con la voz en un hilo, tratando de zafarme de su agarre. Pero me aprieta más a él. Sus manos agarran con rudeza mis muslos y viajan hasta llegar a mis pechos—. Anthony, no quiero. Por favor... —Un sollozo se me escapa. Estoy temblando del miedo. Su mirada ha cambiado y su agarre se ha vuelto más fuerte, nunca había visto esta faceta de él. Siempre le fue fácil tenerme, lograr que cediera y cumplir todos sus caprichos. Me levanta con fuerza y me arrastra a la habitación.  —Anthony, no quiero que me lleves allí; no, Anthony no quiero entrar ahí. —Lloro con todas mis fuerzas al ver aquella cama. Los recuerdos sobre él y esa maldita bruja, desnudos y sudorosos, gimiendo y moviéndose como yo nunca lo hice con él. El deseo de mi prometido al mirar el cuerpo bien dotado de ella, la manera en que ambos disfrutaban su traición...  —Deja de hacerte la difícil, sé que quieres esto más que yo.  —¡Maldito infeliz! ¡Cabrón de mierda!  —¡Ya basta! ¡Deja de hablar como una maldita vulgar! ¡Tú no eres así! ¿Dónde aprendiste ese vocabulario? Mi mujer no habla de esa forma tan inculta.  —¡No soy tu mujer! Tiene razón. Yo no hablo así, pero he adoptado esas palabras desde que escuché a ella decírselas. La diferencia es que ella lo hacía para excitarlo, yo lo hago para recordarle el maldito patán que es.  —Eres mi mujer, nos casaremos y tendremos hijos. Yo me encargaré de representarte en la empresa de Gerónimo. Te voy a recordar que eres mía, que tú y yo somos una pareja —dicho esto, me tira sobre la cama y se lanza sobre mí.  —¡Déjame ir! ¡No quiero estar aquí! —La rabia y el asco me corroen al estar en esta cama, aquí ellos se revolcaron.  —¡Eres mía! Mi amor, ya deja de fingir.  —¡No estoy fingiendo! ¡¿Acaso te has vuelto loco?! Mis gritos desesperados no lo detienen, él continúa tocándome mientras succiona mi cuello con desesperación. No quiero esto, no de esta manera. Rompe mi ropa con violencia, lo araño en defensa, pero él me pega. No... Mi mano busca con desesperación la manera de liberarme de su ataque, de no dejarlo humillarme más. Rebusco sobre la mesita de noche que queda al lado de la cama, pero no encuentro nada. Un alarido escapa de mi boca cuando él se desabrocha el pantalón, entonces aprovecho su descuido para escapar, pero él me apresa con su cuerpo una vez más. Entonces, tomo lo que me queda a mano sin pensar en las consecuencias; de forma rápida arranco la lámpara que yace en la mesa y la estrello en su cabeza. No le doy tiempo a reaccionar, vuelvo a golpearlo con el objeto en el rostro y aprovecho que se ha desparramado, para correr fuera de allí.  —¡Amber! —Ignoro su llamado, solo corro fuera de allí, lejos de él. ¿De quién me había enamorado? ¿Qué hubiese sido de mí si aquel día no hubiese venido aquí sin avisarle? ¿Estaríamos ya casado? ¿Sería la esposa de ese monstruo? No sé cuánto he corrido ni en qué momento empezó a llover; sin embrago, no me importa. Nada tiene importancia ahora, solo quiero escapar. Odio mi vida, necesito irme lejos, necesito huir de este dolor, de esta humillación. ¿Por qué tuve que nacer en esta familia? ¿Por qué mamá se suicidó? ¡Fue tan egoísta! Me dejó sola y desamparada, a merced de esos monstruos. Necesito escapar, necesito ser libre... Debido a que llueve a cántaros, las calles están desoladas, me imagino que, si alguien me ve, diría que estoy loca. Entonces sucede: vislumbro un puente que da vista al lago de la ciudad. Como cuerpo sin alma, mis pies se arrastran en su dirección, atraída por la belleza del grisáceo escenario. Las lluvias haciéndose una con él, tornándolo más peligroso y poderoso. ¿Existirán personas así en nuestras vidas? ¿De esas que te hacen ser más fuerte, que se vuelven uno contigo y juntos pueden vencer a quien los enfrente? ¿Existen las personas con sentimientos sinceros? Esas que se acercan a ti sin una segunda intención, que deciden amarte pese a tus defectos, que se entregan con sinceridad y te roban sonrisas con tan solo ser ellos. Mis manos aprietan el frío metal, ese que me separa de la no superficie. Mis lágrimas se hacen una con la lluvia, quien a su vez se une al lago. ¿Me aceptarían ellos en su equipo? ¿Podría yo ser parte de este momento maravilloso? «Solo es saltar». Niego ante ese pensamiento y río con amargura. Sería tan fácil aquello. Aunque a diferencia de mi madre, yo no tengo a nadie que llore mi muerte, alguien que dependa de mi amor y protección; no, a diferencia de ella nadie me necesita, nadie me ama y espera ilusionada con un regalo en manos por mi cumpleaños, quise darle algo porque ambas cumplíamos en la misma fecha. Recuerdo ese día. Yo había aprendido a tejer, después de meses practicando. Le había hecho una linda bufanda con nuestros nombres grabados. La había llevado al colegio porque ella me recogería para almorzar, sería un día de madre e hija, puesto que nuestro padre estaba de viaje. Pero ella nunca llegó. El chofer me recogió y me llevó a casa. Esperé a mamá esperanzada, mas ella nunca apareció. Por lo menos, no con vida. Miro el lago una vez más. Si nadie me espera, entonces... ¿Qué me detiene a liberarme de esta prisión?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD