Madison my p
Con banderas roja o sin ellas, no voy a dejar pasar esta oportunidad de vestirme elegante. Cuando Xander me envió el lugar de nuestra cena de negocios de esta noche, reconocí el nombre de inmediato. Uno de los lugares para cenar más acogedores y elegantes de todo Green Bay.
Solo he estado allí una vez antes y, por desgracia, estaba relacionado con mi ex, Colin, y un viaje de negocios al azar. Estoy más que dispuesta a borrar su memoria de este lugar… y de mi cerebro por completo. Es una de las pocas personas que podría hacerme elegir el procedimiento del Sol Eterno, sin lugar a dudas.
Excepto que una vez que lo borré de mi memoria, no hay manera de que podamos volver a estar juntos.
Colin era, corrección es simplemente un misógino puro. Nos conectamos gracias a nuestro trabajo y yo estaba enamorada de su poder. Era mi jefe, así que había lago inherentemente prohibido y sexy en ello. La empresa para la que trabajábamos tenía una política permisiva sobre las relaciones intrapersonales, así que parecía que todo iba bien. Todo parecía ir bien hasta que dejo de ir. Tuvimos una relación basada únicamente en el sexo que se convirtió en algo más. En retrospectiva, ahora me doy cuenta de que me había mantenido cerca por los beneficios. Alguien con quien cenar. Sexo frecuente, pero siempre en sus términos. Oídos dispuestos a descargar sus ansiedades en él.
Pero yo, después de una sequía de tres años después de la universidad, estaba tan lista para tener un novio que lamía sus migajas y lo llamaba pan de molde. Solo hizo falta el “incidente” en Milwaukee, la única forma en que me refiero a eso hoy en día, para ayudarme a ver que Colin era un pedazo de mierda. Que nuestros tres años de pseudo-citas no habían significado gran cosa para él. En realidad, no habían significado nada en absoluto.
Para el, yo era solo otro par de piernas que de vez en cuando se abrían para su beneficio. Un par de piernas que me pidió que las abriera para uno de nuestros mejores clientes, solo después de que dicho cliente me manoseara hasta el cansancio, para que pudiéramos mantenerlo en la cuenta.
Ojalá no fuera una de las relaciones más duraderas de mi historia personal. Ojalá no me hubiera incluido en la lista negra por delatar su vil trasero. Ojalá pudiera hacer muchas cosas. Pero desear no cambia el pasado.
Todo lo que puedo hacer es empezar de nuevo y asegurarme de que esta vez mi vida amorosa se mantenga alejada del ámbito profesional. Meterse con el sociópata equivocado puede hacer que una carrera se desmorone. Aunque no me molesta tener que empezar de nuevo en Green Bay. Acepto el desafío y me gusta estar más cerca de Bahía Azul.
Aunque la mudanza fue necesaria por Colin, no voy a dejar que eso defina mi vida aquí.
Así que la visita de esta noche a un lugar que conocí originalmente gracias a Colin se siente como un triunfo. Me estoy vistiendo de gala para poder verme y sentirme como un diez perfecto. Que se vaya a la mierda Colin.
Por si acaso, cojo un taxi para ir al restaurante. Tengo la leve sospecha de que el Dr. Xander no es el tipo de hombre que solo pide una bebida. Y si quiere que el vino, los destornilladores o los wiskis solos fluyan, entonces maldita sea, tengo que estar a su lado en un torbellino de alcohol.
Esta es nuestra última reunión oficial obligatoria durante la duración de este proyecto, así que, en cierto modo, también es una despedida de mi fugaz enamoramiento por él. Porque después de esta noche, lo dejaré atrás.
Xander estará bien encaminado para encontrar a la mujer de sus sueños, incluso si esos sueños son mucho menos románticos que los de la mayoría de las personas sensatas, y yo estaré bien encaminada para devolver a Xander al a carpeta de clientes, donde pertenece.
Necesito repetirme ese pensamiento mientras el Uber serpentea por el centro de Green Bay. En medio de las calles concurridas y los tonos ocres del atardecer y la creciente expectativa de una gran comida con un hombre hermoso y su lengua acida…si, básicamente necesito tatuarme este recordatorio en el antebrazo.
Me siento más tambaleante de lo que me gustaría cuando salgo del coche y me ajusto más la chaqueta ligera mientras sopla un viento fresco en la calle. Estoy vestida de forma sexy y elegante, pero apropiada, con un vestido n***o ajustado combinado con una chaqueta de cuero n***o de moda que le da un toque especial al conjunto. Tambien opté por un maquillaje ahumado, ya que soy una mujer adulta que hace lo que quiere, y rezo para que Xander no interprete las claras señales que estoy dando de qué me estoy vistiendo con la esperanza de que se dé cuenta.
Es un terrible doble estándar, esto de ser mujer. Quiero que Xander se dé cuenta, pero no quiero que me desee, aunque no debería. Quiero que me levante en sus brazos y me apoye contra una pared, aunque el solo hecho de pensar en eso sea lo más prohibido en mi carrera en este momento. quiero hacerlo caer a mis pies, aunque sea un idiota que no se merece mi tiempo.
Un aire cálido y fragante me envuelve cuando entro al restaurante, puro ajo y corcho, y me muero de hambre de inmediato. En el mostrador del anfitrión, les digo mi nombre, pero no es necesario, porque mi mirada se posa en la barra que se encuentra pegada a la pared más alejada del restaurante.
Y ahí está el. Apoyado en la barra de madera como si lo hubieran sacado de una película, su camisa abotonada color carbón combina demasiado bien con su cabello oscuro y su mirada azul gélida. Me ve. Lo sé porque tengo la piel de gallina en los antebrazos y me dirijo hacia él sin escuchar del todo lo que me dice el empleado. Creo que el anfitrión tiene un menú en la mano, o tal vez me está diciendo que me siente en la esquina y espere hasta que me quede sin gracia al mirar a este hombre maravilloso.
No me importa. No me importa. Solo necesito estar donde esta Xander.
Xander debe un sorbo de un vaso de líquido ámbar, sin apartar la mirada de la mía en ningún momento. El tiempo se ralentiza mientras me absorbe y algo se rompe, como una chispa eléctrica, entre nosotros. Se parece mucho al deseo, pero tal vez lo estoy imaginando. Puede ser curiosidad. Una repentina apreciación por mi atuendo. O tal vez me está viendo como la mujer segura y exitosa por la que he luchado desde el incidente. La mujer que no he sentido en mucho tiempo.
Es muy difícil interpretar su mirada apreciativa, la forma en que su atención enciende cada sinapsis de mi cuerpo. Probablemente este allí, pensando en lo molesto que esta porque llegué tres minutos tarde, esperando insultar algún otro aspecto de mi carrera.
Probablemente no exista todo este fervor que siento, todo este anhelo, este calor y esta sed. Pero una parte de mi quiere imaginar que pasaría si… ¿Qué pasaría si el me estuviera desvistiendo con sus ojos ahora mismo? ¿Qué pasaría si su garganta se cerrara al verme por primera vez, como me ocurre a mi cuando lo veo? ¿Qué pasaría si el sonido de mi voz hiciera que sus muslos se tensaran de necesidad?
Ni siquiera debería pensar en eso. Se que no es así. pero ahora mismo, lo único que quiero hacer es imaginar que es una posibilidad.
Levanta su vaso a modo de saludo, y su mirada sigue encendida mientras me acerco. En la barra, a su lado, está el portafolio de cuero con candidatas que le di hoy. Una de ellas es su futura esposa. Necesito concentrarme en eso.
—¿Qué quieres beber? — me pregunta.
—Chardonnay—
Una ceja se levanta. —Sin dudarlo—
—¿Vas a micro gestionar mis respuestas esta noche? —
Su mandíbula se contrae. —Ese fue mi intento de conversación—
—Ah, es bueno saberlo— dejo mi bolso en la barra y comienzo a quitarme la chaqueta. Una vez que la tengo en mis manos, Xander deja su bebida y me la quita en silencio. Se la cuelga en el brazo sin esfuerzo y continúa bebiendo su bebida.
—No tienes por qué sostenerla— le digo.
—Pero lo haré—
Reprimo una sonrisa que amenaza con apoderarse de mi rostro. Gracias a Dios el camarero elige este momento para aparecer. Abro la boca para hablar, pero Xander entra de golpe y pide —El chardonnay más caro que de aquí—
—No tiene que ser el más caro— le digo. —Ni siquiera he mirado la carta de vinos. ¿Cuánto crees que cuesta? —
—No importa—
—Bueno, quiero decir que si importa un poco— le digo, aunque no quiero airear lo difícil que ha sido todo en las últimas semanas con la mudanza y la falta de clientes. No me duele nada, pero debo de ser estratégica. Y pedir una copa de Chardonnay de 50 dólares no parece precisamente una buena idea desde el punto de vista financiero.
—Yo pago— Me observa por encima del borde de su vaso mientras se lleva más bebida a la boca.
—En realidad— digo, enderezando la espalda. —Yo pago. Esto es parte del proceso de selección de parejas, así que es mi competencia—
Se ríe un poco y deja el vaso en la mesa. —No—
Entrecierro los ojos y ladeo la cadera. —Me contrataste para hacer un trabajo y esto es parte de el—
—Yo propuse que viniéramos aquí, así que me toca a mi decidirlo—
La energía entre nosotros aumenta y puedo decir que no va a ceder. Probablemente sea el tipo que paga al camarero para que nunca lleve la cuenta a la mesa. El camarero vuelve con mi bebida y la recibo con gratitud, la copa de vino fría se me pega a la punta de los dedos.
—Ya lo solucionaremos más tarde— digo, intentando sonar firme, como si lo dijera en serio, cosa que ya no hago.
—Ya está resuelto—
—¿Siempre criticas la forma en que la gente de otras industrias hace su trabajo o es un servicio especial que reservas solo para mí? —
Su mejilla se contrae y entonces me doy cuenta de lo que hemos estado jugando todo este tiempo. Somos el empuje, la mezquindad y las criticas estan en camino. Dios nos ayude, estamos coqueteando.
Frunzo los labios y doy un sorbo de vino frío. Cierro los ojos y se me escapa un gemido involuntario.
—¿Bien? — pregunta, como si necesitara hacerlo.
—Vale la pena cualquier precio que tenga—
Las comisuras de su boca se curvan mientras hacer girar la bebida en su vaso.
—Entonces nunca sabremos cuanto fue—
—¿No tienes al menos curiosidad? —
—No cuando saber el precio te hará dejar de beberlo. Y no interferiré con nada que haga que una mujer haga el ruido que acabas de hacer—
Casi me ahogo con sus palabras, y la sonrisa petulante en su rostro envía calor a cada rincón de mi cuerpo. No puedo decir si estoy excitada o mortificada. Olvídalo estoy ambas cosas.
Llega el anfitrión y nos dice en voz baja que nuestra mesa esta lista. Xander se da la vuelta y yo lo sigo, agarrando mi bolso y mi chardonnay, observando el movimiento de mi chaqueta sobre su brazo como si fuera el único chaleco salvavidas en este vasto mar de represión s****l que acaba de reconocer.
No sé qué decir, como reaccionar, si debo o no irme ahora fingiendo una intoxicación alimentaria, aunque no hayamos probado bocado. El chardonnay estaba malo, le diré. Demasiado claro, lo que me irrita el colon. No, eso no funcionará. Le sonrió al anfitrión mientras nos conduce a una mesa pequeña preparada para dos. Es íntimo. Quiero decir, estamos compartiendo un reservado solitario en forma de medialuna que mira hacia el resto del restaurante y no hay otras mesas alrededor.
El anfitrión se ofrece a colgar mi chaqueta en un gancho cercano y me pregunto si tal vez debería pedir un taburete. Solo para poder sentarme a unos pocos pies de distancia de la abrumadora testosterona de Xander. Si tengo que sentarme a centímetros de él durante esta comida, me derrumbare. Lo sé. Ya puedo sentir la fisura estallando dentro de mí, el ardiente chorro de deseo listo para liberarse y ahogarnos a ambos.
Xander deja el portafolio de cuero en el punto más alejado de la mesa antes de hacerme un gesto para que me siente. Me parece una trampa, aunque yo haya accedido.
Me incorporo con cuidado en la banqueta de respaldo alto y paso demasiado tiempo colocando mi copa de vino sobre la mesa repleta de servilletas elegantemente dobladas, cubiertos cuidadosamente colocados y platos apilados para todos los platos que vienen. El asiento se hunde cuando su peso toca el cojín y trato de ignorar la piel de gallina que se forma a lo largo de los antebrazos. Es una reacción normal que tengo al sentarme en cabinas con forma de medialuna; no tiene nada que ver con Xander, eso es seguro.
Su calor quema los límites de mi compostura, así que tomo mi vaso de agua y bebo y bebo y bebo.
—Solicité esta cabina para que nos fuera más fácil repasar las candidatas—
Las ásperas notas graves de su voz me hacen cruzar las piernas aún más fuerte. Lo único en lo que puedo concentrarme es en el calor de su muslo flotando peligrosamente cerca del mío. Su mano encuentra el mantel blanco mientras juega con el mango del tenedor.
No puedo apartar la mirada de su mano. Venosa, poderosa de alguna manera y enorme. Esta mano maneja corazones y salva vidas a diario. Ya puedo imaginar la áspera palma presionando sobre mi vientre desnudo, la forma en que las yemas de sus dedos encontrarían mis pezones debajo de mi sostén. Cierro los ojos con fuerza y giro la cabeza. Me concentro en el trabajo.
—Buena idea— miento. —Supongo que tuviste la oportunidad de mirar las candidatas, ¿no? —
Asiente lentamente y su mirada recorre todo el restaurante mientras hace girar cubitos de hielo en su vaso ahora vacío.
—Por supuesto—
—¿Algo destacable?
Frunce el ceño y se encoge de hombros.
—No particularmente—
Me desinflo a su lado, sin molestarme en ocultar mi consternación. —¿Hablas en serio? —
—Todas se ven bien— comienza, haciendo una pausa lo suficientemente larga para dar a entender que falta algo grave.
—Pero…— lo animo.
—Pero nada— dice.
Seré sincera: esperaba mucho más alboroto que esto, pero él no sabe cuánto me esforcé en esto. Estoy muy orgullosa de las candidatas que he encontrado, no solo por quien es el como persona, pero tambien por lo que yo he hecho como persona. Empezar de nuevo, en una ciudad nueva, acceder a una red que esta creciendo. Me hubiera gustado que tuviera algo de emoción, pero no fue así.
Y el hecho de que no le impresione nada de lo que digo hace que solo un pensamiento se arremoline peligrosamente cerca de la superficie. El único pensamiento que haré literalmente cualquier cosa por evitar, ignorar y aplastar: “Si no te gusta ninguna ¿Por qué no pruebas conmigo?”