Narra Teo
Me quedo pensando lo que me dijo de vivir y si, podría tener razón pero tampoco dejaré que use unas frases de canciones en mi contra, ellos las escriben sin saber qué es lo que les pasa a las personas exactamente.
Decido ir detrás de ella para decirle que no voy a permitir que use esas canciones en mi contra y escucho que contesta su móvil con un, Hola peque, será que tiene un hijo o una hija, decido dejarla que hable tranquila y después hablar yo con ella y me alejo de la puerta hacia Alejandra.
- Ale, te pido disculpas por como me porte ayer contigo. - Digo al volver sobre mis pasos y verla sentada cerca de la puerta, ¿Estaba ella allí desde antes? No la había visto.
- Teo, no es a mi a quien tienes que pedir disculpas, estoy acostumbrada a tus cambios de humor, en cambio Diana no. - Dice así sin más.
- Vale, ya le pediré disculpas para que tú y Mari estén tranquilas.
- No se trata de eso Teo, y lo sabes. - Dice cuando le doy la espalda y camino levantando la mano haciéndole ver que pasó de ella y sólo escucho como se ríe.
Vuelvo donde está Alberto que me mira con cara de pocos amigos.
- ¿Qué haces aquí? ¿No que ibas a hablar con ella?
- Si, pero está hablando por teléfono, ya después habló con ella.
No digo nada más ya que me quedo pensando el saludo al ella contestar su móvil, "Hola peque", ¿Será que tiene hijo?
¿Pero qué tanto pienso yo en eso? ¿Qué más me da que tenga hijo o no?, siempre y cuando haga bien su trabajo eso no debe importarme.
Hay que vivir, esas tres palabras que me dijo antes de salir y son las tres palabras que no me sacó de la cabeza.
Después de unos 20 minutos vuelvo a buscarla para decirle que no vuelva a usar las canciones en mi contra y también para pedirle disculpa por lo tonto que fui cuando nos presentaron, escucho que sigue hablando y cuando voy a dar la vuelta escucho que se está despidiendo y me quedo en la puerta.
- Siempre lo dices cuando consigues algo. - Se que la otra persona le ha dicho algo porque ella ríe. - Lo sé tontita, yo también te quiero y a Arle también.
Al terminar de hablar veo que deja el teléfono a un lado y no me aguanto la curiosidad. - ¿Tienes hijas? -Le pregunto.
- No. -Me dice dando un salto con las manos en el pecho por el susto que le he dado y asombrada por la pregunta que le hago.
- Lo siento, no quería asustarte pero, venía a revisar unas fotos un momento y también a hablar contigo, te escuché hablar y no quise molestarte.
- Pero te quedaste escuchando mi conversación. - Me reclama con los brazos cruzados.
- No. - Digo rápido antes de que se enfade más conmigo sin razón aparente. - No, me fui y volví creyendo que ya habías terminado.
- Y, ¿Qué tanto escuchaste para preguntarme si tengo hijas? - Pregunta con los brazos aún cruzados.
- Desde que dijiste que harás lo que puedas para conseguir algo. - Le digo sin más.
- ¿Y por qué creíste que podía ser mi hija?
- Porque sólo una madre hace todo lo que pueda por sus hijos? - Le digo sin más.
Me quedo mirándola y se que está pensando en algo, noto un brillo diferente en sus ojos y me da la espalda por alguna razón que no pude descifrar porque no me mira más.
- Tienes razón, sólo una madre es capaz de dar hasta su vida por la de sus hijas o hijo. - Dice dándose la vuelta y sin mirarme a los ojos sale de aquí pasando por mi lado.
Me quedo parado un poco por la forma en la que hablo y voy caminando detrás de ella que va caminando tan de prisa que no logró alcanzarla.
- Diana espera, ¿Porqué te vas así? Aún no te he dicho lo que te quería decir. - Le Hablo mientras camino detrás de ella.
Se detiene delante de la puerta y puedo notar como respira, creo que para tranquilizarse.
- Perdona por mi reacción, es que me llegaron un montón de recuerdos a la cabeza y no supe como reaccionar a ellos. - Es lo que me dice para después entrar a su oficina.
Entró detrás de ella a la oficina cerrando la puerta detrás de mí. - Venía a decirte dos cosas. - Le digo y ella me mira extrañada.
- ¿Qué cosas? - Pregunta mientras se sienta y me hace una seña para que me siente en la silla que está delante de ella para empezar a trabajar.
- La primera es que, no me gusta que usen letras de canciones en mi contra. - Ella sólo sonríe.
- Para algo la escriben y la cantan. - Me dice con una sonrisa y aquí volvió la Diana sonriente que me gusta.
¿Acabas de decir que te gusta? Dice mi subconsciente y le hago callar.
- ¿Y la segunda? - Pregunta al ver que me he quedado en silencio.
- La segunda es que... que me disculpes por como me comporte cuando nos conocimos, no es por ti pero, me siento extraño.
- ¿Tan insoportable soy? - Me pregunta pero sin dejar esa sonrisa de lado, algo que me hace sonreír.
- No, todo lo contrario y, eso es lo que me hace sentir extraño, creo que aquí eres la única que me saca algunas sonrisas por tus ocurrencias.
- ¿En serio? Sólo llevamos un día y medio conociéndonos.
- Y aún así me has dicho más de lo que ellos me dicen. - Me quedo pensando y no es cierto. - Bueno, la realidad es que si me dicen pero no les hago caso.
Suelta una risa que me contagia, hasta que no me puedo callar y preguntó. - Entonces, ¿No tienes hijas?
- No, y me imagino que tú tampoco. - Me quedo pensando y siento ganas de decirle que iba a tener uno y que hace un año murió junto a su madre. - ¿Pregunte algo que no debía?
- No, no es eso, es que me siento extraño, pero es porque no puedo hablar ni enfadarme como antes. - Me mira extrañada por mi comentario.
- No entiendo...
- Es como dices, sólo llevamos un día y medio conociéndonos y hay muchas cosas de mi que no sabes, y por eso no puedo hablar como me gustaría, ni gritarte para que me dejes tranquilo y mucho menos irme a casa y encerrarme como lo hacia antes, ahora tengo la responsabilidad de la exposición y la verdad es que me gustaría averiguar si puedo abrir otras en ciudades diferentes, es muy arriesgado pero, no pierdo nada ¿No?
Me levanto de la silla sin dejar que hable más, porque un minuto más que dure aquí terminaré contándole todo. - Disculpa. - Digo saliendo de allí y encerrandome en el estudio de proyección sólo con las fotos y mis recuerdos.
No dejo de mirar las fotos y proyectarlas para apreciar aún más los detalles, espero que todo quede perfecto para la Expo.
- ¿Qué te parecen? - Pregunto y ella se sobresalta.
- Esperaba irme antes de que te dieras cuenta de que estaba aquí. - Me dice mientras se acerca.
- No te di tiempo. - No se porque me siento cómodo hablando con ella.
- No, pero fue mi culpa por sumergirme tanto en las fotos y no darme cuenta a tiempo cuando dejaste de reproducirlas.
- ¿Te vas a poner así siempre que veas las fotos? Parece que no podrás ir a la exposición. - Le comento sacándole una sonrisa.
- ¿Y tú qué? También te pones melancólico al verlas.
- Yo pregunté primero. - Nos reímos pero no me contestó hasta después de muchos segundos.
- Esas fotos me recuerdan la vida que tenía junto a. - Dice mirando al suelo y con una pizca de tristeza.
Puedo ver la intención de irse y se que quiere huir de ese recuerdo. - No te vayas. - Digo mientras la agarró del brazo. - Puedes confiar en mí.
- Sólo si confías en mí. - La noto triste y la verdad es que no me gusta verla así.
En estas horas conociéndola le he tomado cariño a Diana y la verdad es que no sé el porqué. - Te contaré lo que pasó en mi vida cuando me sienta preparado, te lo prometo. - Digo levantando la mano derecha y ella sonríe.
- Me recuerda a todo lo que planeamos Andrés y yo. - Me quedo mirándola y esperando a que siga. - Pero murió en un accidente dos meses después de casarnos.
La escucho contarme su historia y no puedo creer todo lo que nos une a Diana y a mi, con la muerte de nuestras parejas, lo único es que ella ha sabido ser feliz y demostrar al mundo que no podrá hacer que se rinda así tan fácil, mientras que yo sí hice fue dejarme cegar con el dolor que sentía al no tenerla conmigo.