Narra Arlette
Clau no deja de hablar y hablar del tal Teo, de lo buena persona que es, de lo simpático, de lo bien que maneja todo tipo de cámaras fotográficas y de lo buenorro que está.
La verdad es que me cansa que esté hablando todo el tiempo de él, y por otro lado lo que sentí cuando lo vi a través del cristal de su coche, sentí cosas que nunca había sentido, ni siquiera con Íker cuando le conocí, con él fue sólo atracción y ya pero, con Teo fue mucho más, fue un deseo inmenso de ir y abrazarlo y hasta decirle que lo quiero sin entender bien el porqué.
Trato de volver a la conversación y sacarme este pensamiento de mi cabeza pero es inútil y mucho más si Clau sigue hablando de él.
- ¿Te pasa algo? - Me pregunta Dani cuando Clau se levanta para ir a la cocina.
- No se, me siento rara y aunque parezca de locos, Teo no se me va de la cabeza.
- ¿De que Teo hablas?
- De Santamarina.
- Pero no le conoces en persona, ¿Cómo es que no se te va de la cabeza?
- En la semana te explico, no quiero que Clau piense cosas que no son.
- Vale. - Dejamos de hablar ya que Clau venía.
- ¿Por qué hacen silencio? ¿No me tienen confianza?
Pienso en algo rápido. - No quiero que te preocupes, estoy bien, es sólo que últimamente me siento rara, como si fuera a ver personas que ya conozco pero, no tengo ni idea de quién se trata.
- ¿Segura que es eso?
- Si, pero no quiero que se lo digas a mamá, es sólo eso, te prometo que estoy bien, por cierto, ¿Cómo va mamá con Juan?
Nos quedamos Dani y yo esperando a que Clau hable. - Ya saben como es ella, no le acepta tonterías ni mucho menos celos a nadie y lo echa de casa.
Nos echamos a reír, la verdad es que mamá lo más que ha durado con una pareja es 3 años y es porque era a distancia y cuando se veían era como si fuera la primera vez, hasta que Samuel le hizo una escena de celos sin fundamento y lo dejo.
Mamá siempre ha sido independiente aún estando con papá y eso fue lo que los mantuvo juntos desde los 14 años que se conocieron ya que los dos eran iguales.
- Chicas, me voy a dormir, por la mañana vamos al centro comercial y después te llevamos a la estación. - Digo mirando a Clau. - ¿Oh la llevo yo sola? - esta vez pregunto y miro a Dani.
- La llevamos. - Me dice con una sonrisa. - Que descanses.
- Igual vosotras. - Dije perdiéndome por la puerta de mi habitación, aunque se que Clau entrará en cualquier momento aquí.
*- Arlette, cariño.
Escuché que me llama alguien, pero me canso de mirar y no veo nada, está todo blanco y por más que camino es como si me quedara en el mismo lugar.
- Arlette, estoy aquí.
- ¿Quién eres? ¿Por qué no te puedo ver?
- Tienes que confiar y dejar el miedo.
Siento como el corazón se va alterando y creo que se me saldrá del pecho y más con mi respiración agitada.
- Tienes que aceptar todo lo nuevo que te está pasando desde que te operaron, tienes que aceptar tu nuevo corazón.
- Lo tengo en mi cuerpo, pero no es mío, he cambiado tanto en este año que tengo miedo de dejar de querer a mi mamá y a mis hermanas
- Eso nunca pasará hija.
- ¿Hija? ¿Acaso me conoces?
- Si mi amor.
Doy vueltas y vueltas pero no logro ver a nadie y empiezo a desesperarme por saber quién es que me habla, no puedo más y me tiró al suelo llorando.
- Mi niña, no llores, yo siempre estaré contigo.
Cuando me voy tranquilizado, noto una silueta al frente y me quedo mirándola fijamente para descubrir quién está hablando conmigo. Me limpio las lágrimas y mi corazón empieza a latir normal.
- Papá.
Me levanto corriendo y voy hacia él, pero mientras más corro menos llego hacia él.
- Papá, ¿Por qué no te puedo abrazar?
- Porque soy un sueño cariño mío.
Cuando me dijo eso me desplome en el suelo y empecé a llorar aún más.
- No llores, solo quiero decirte que seas feliz y que no le cierres las puerta al amor, llegará cuando menos te lo esperes y de la forma en que menos te imaginas y serán amores diferentes.
- ¿Te puedo preguntar algo?
- Claro mi niña, pregúntame lo que quieras.
- ¿Me sentía así porque te iba a ver ahora? ¿Por eso sentía que vería a una persona que conocía?
- No, a esas personas aún no las has visto, pero ya queda muy poco mi amor.
- ¿Tú estarás conmigo?
- Siempre estoy con ustedes, nunca las he dejado.
Sigo sentada en el suelo y él se acerca a mi como cuando era pequeña y se sentaba junto a mí para jugar a los bloques o al lego. Cuando él se sienta frente a mí, detrás de él puedo ver dos mujeres.
- ¿Quiénes son ellas?
El mira atrás por encima de su hombro y luego sonríe.
- Digamos que aquí somos una familia y allí seréis otra.
- Nos vas a olvidar.
Digo llorando y él acerca su mano a mi rostro para secar mis lágrimas.
- Nunca, ellas son la representación de ustedes y ustedes serán la representación de ellas para otras personas, seremos todos una familia.
- No entiendo nada papá.
- Ahora no tienes que entender nada.
Me quedo mirándolas pero sólo veo luces en sus rostros. - ¿Por qué a ellas no las puedo ver bien como a ti?
- Seremos luces para vosotras y para ellos. - ¿Para ellos? Cuando le voy a preguntar quiénes serán ellos sigue hablando sin darme oportunidad de pronunciar palabra alguna. - Para iluminar vuestros caminos.
Tienen que saber que nada llega por casualidad, y que todo pasa por alguna razón, pero el camino a recorrer no es fácil, habrán lágrimas y desesperos, pero con paciencia y perseverancia van a conseguir todo lo que se propongan, así como mamá les enseñó a nunca rendirse ante nada, ahora son sólo vosotras cuatro, pero después serán muchos más, y nosotros aquí les estaremos cuidando y nos sentiremos felices por vosotros.
Cuando miro donde están ellas veo que aparece otra luz.
- Papá, ¿Es el cuñado?.
- Si, él también está conmigo, y está muy feliz de que mi Dianita haga su vida y que vuelva a ser la misma de antes.
Ten siempre en cuenta que desde donde estemos les vamos a cuidar y aún estén tristes y se sientan solas, nosotros siempre vamos a estar junto a ustedes, y cuando sientan que caerán en un abismo, vamos a estar allí para ayudarles.
- Papá te quiero. Te quiero. Te quiero.
Le digo cuando siento que se aleja de mí y con lágrimas en mis ojos puedo ver cómo se reúne con ellos y me regalan sonrisas que me llenan de paz, esa paz que necesitaba para volver a ser yo.*
- Papá te quiero. - Grito con todas mis fuerzas. - Te quiero. - Sigo gritando mientras lágrimas caen por mi rostro.
- Arle, Arlette, despierta. - Al abrir los ojos sentía que mi corazón latía con fuerza, miro a Clau y a Dani y me abrazan. - Estabas soñando con papá. - Me dice Dani con una leve sonrisa.
- Si.
- Yo nunca he soñado con él. - Dice Clau y cuando la miro tiene sus ojos cristalinos
- Es la primera vez que sueño con él y... ha sido muy raro.
- Raro ¿Por qué? - Me pregunta Dani.
- Estaba con dos mujeres y con el cuñado, estaban todos de blanco, me dijo que ahora sólo somos nosotras cuatro pero que después seremos muchos más.
- ¿Cómo que dos mujeres? - Pregunta Clau.
- ¿Andrés estaba con papá? - Pregunta Dani.
- Si y si. - les respondo a las dos. - Cuando se iban me sonrieron y sentí mucha paz y me pidió que estemos Juntas y que siempre luchemos por nuestros sueños sin importar las caídas que tengamos, y me dijo que Andrés está feliz por ti, que quiere que seas la misma de siempre y me dijo muchas cosas más pero, ahora no las recuerdo.
- No pasa nada, con el tiempo irás recordando más cosas.
- Ojalá. Pero, ¿Tú qué haces aquí? - Le pregunto a Dani.
- Clau se asustó porque estabas llorando y no te podía despertar y sólo decías papá, entonces me fue a buscar.
- ¿Podemos dormir las tres juntas? - Pregunto cómo una niña pequeña.
- Claro que sí, vamos a mi cama que es más grande.
Nos levantamos y fuimos a la cama de Dani, aunque no nos quedaba mucho para levantarnos nos metimos en ella y dormimos unas horas más.