Capítulo 1: "Sueños erótic0s"

2438 Words
—... Me agarró con fuerza por la cintura y, amiga, te juro que me comió la boca con tanta intensidad que pienso que me traía ganas desde antes… —susurro a la vez que llevo mi taza de café a mis labios. Lindsay me mira con los ojos abiertos de par en par y simplemente niega con la cabeza, sin poder creer lo que le estoy diciendo—. Y me jode que luego de eso, no he vuelto a tener un sueño normal, solo soy capaz de soñarlo a él follándom.e en muchas posiciones. —¡Diablos, amiga! —se ríe con diversión y se cruza de piernas—. ¿Cómo es que no me habías contado eso? —Supongo que me sentí muy frustrada… —dije al encogerme de hombros. Observo a nuestro alrededor y por suerte ninguno de nuestros compañeros de trabajo se encontraba cerca, porque no quería que luego se esparciera el chisme. Ya había transcurrido casi un mes desde aquella tormenta eléctrica en que había probado la boca de Alexander Williams, y no mentía cuando decía que mantenía sueños eróticos con aquel pedazo de hombre. Lindsay, mi mejor amiga no deja de mirarme con sorpresa, y la entendía, pues ella había sido testigo de las innumerables veces en que le había confesado que tenía un enamoramiento por nuestro jefe. —¿No han hablado sobre lo que ocurrió? —pregunta ella con curiosidad. Suelto una risa divertida y niego con la cabeza, pues luego de eso, él parecía evitarme a toda costa. Incluso cuando necesitaba decirme algo lo mandaba mediante un recado con su asistente personal. —No, para nada —respondo con una mueca en los labios—. Aunque si te soy sincera, tengo unas enormes ganas de concretar lo que ese día no se pudo —reconozco con una sonrisa coqueta—. Y quedé muy encendida al ver su cuerpo… —susurro con aire soñador al recordar aquellos apetecibles abdominales. Necesitaba sacarme las ganas de tener a ese hombre, pero lo veía muy complicado, pues incluso cuando teníamos reuniones técnicas grupales él me hacía sentir invisible. Ya no me dedicaba ni un saludo o mirada fugaz, lo que estaba por volverme loca. —Te conozco, Christine —dice Lindsay llamando mi atención—. Eres valiente y decidida, por lo que no entiendo qué haces ahora con esta postura tan sumisa. ¿Por qué no lo enfrentas y ya? —cuestiona alzando una ceja hacia mí—. Tal vez solo le hace falta un empujón. —Ya… —susurro mordiendo mi labio inferior—. ¿Y si me despide por acosadora? —cuestiono haciendo reír a la castaña frente a mí. —Bueno, pero no lo acoses —responde con obviedad—. Ofrécele lo que tienes y si no lo toma, lo dejas ir. —Tienes un punto a favor —reconozco con una sonrisa ladeada. —Veo que está bueno el chisme —musita Peter llegando hasta nosotras con una sonrisa coqueta. Giro mis ojos con fastidio y le muestro mi dedo corazón, pues aún no le perdonaba el hecho de haberme abandonado bajo la tormenta aquel día que fuimos a cubrir la maldita nota. —Vete al infierno, Peter —gruño en su dirección. —¿No me vas a perdonar nunca, Wang? —pregunta con una mirada de fingida inocencia. —Probablemente no, imbécil —me pongo de pie y Lindsay me mira con curiosidad. Vale, para nadie era un secreto que Peter estaba perdidamente enamorado de mi mejor amiga, pero ella era la única que no lo sabía, por lo que aunque le guardaba rencor al pelinegro por lo sucedido, no quería perjudicarlo frente a Lidsay. —¿Qué ocurre? —pregunta mi mejor amiga mirando a Peter en busca de respuestas y él me mira suplicante. —Que te lo cuente Peter, seguro él te lo explica con lujo de detalles —respondo con simpleza y luego me alejo del lugar llevando conmigo mi taza de la suerte, la cual me había acompañado desde que comencé en la Universidad y hasta los días de hoy le guardaba un especial cariño. Camino hasta mi oficina y al sentarme tras mi escritorio pienso en lo que había conversado con Lindsay, mi mejor amiga. Aún recordaba mi primer día en el canal, y lo amable que ella había sido conmigo, pues desde ese momento nos habíamos vuelto inseparables, hasta ahora. Ella me conocía muy bien, por lo mismo, sabía que tenía razón en que debía de enfrentar a Alexander y acabar con la tortura, porque esto ya se estaba volviendo incómodo para ambos, e incluso estaba entopeciendo nuestra relación laboral. Tecleo un par de cosas en mi computadora, redactando lo último que me quedaba por hacer respecto a una entrevista que había realizado hace un par de días y una vez lo acabo, reviso mi cronograma del día y al darme cuenta de que mi trabajo estaba listo por hoy, me levanto con decisión y salgo con la convicción de hablar con mi sexy jefe, con la esperanza de aclarar la situación. —¿Dónde vas, Wang? —pregunta Emily, la asistente del jefe, al verme de pie fuera de su oficina. —Quiero hablar con el jefe —respondo con algo de obviedad y entonces sus ojos se iluminan. —¿Ya no tienes trabajo por hoy? —No, ¿por qué? —pregunto con curiosidad. —¡Genial! —dice juntando sus manos en señal de súplica—. El jefe necesita un favor, ¿podrías ayudarlo? —pregunta ladeando su rostro. Arrugo las cejas en respuesta y asiento con la cabeza sin siquiera preguntar de qué trataba aquel favor, pues de seguro me ayudaría para estar con él aunque sea un instante—. Necesita ayuda para escoger un traje, pues está invitado a una cena de negocios la semana entrante y no sabe cómo vestirse, por lo que entiendo es muy importante… —¿Y por qué no lo ayudas tú? —cuestiono alzando ambas cejas, pues aunque me parecía un excelente panorama para estar cerca de él, Emily siempre solía ser quien se encargaba de todo eso. Más que una asistente, todos sabíamos que Alexander no era nada sin aquella mujer. —Christine, sucede que estoy embarazada —sonríe ampliamente y yo la observo con confusión. Me toma un par de segundos reaccionar y entonces chillo emocionada para rodear su escritorio y darle un gran abrazo a modo de felicidades, pues aunque ser madre no estaba en mi lista de deseos, respetaba a aquellas mujeres que sí querían ser madres, tal cual me gustaba que los demás respetaran mi punto de vista, aunque fuera controversial el no querer ser madre. —¡Felicidades, mujer! —dije sonriendo para ella—. ¿Estás contenta con esa noticia? —Mucho —reconoce con un suspiro—. Con mi esposo estuvimos muchos meses tras este momento. —Me alegro mucho por ustedes Emily, seguro serán unos padres geniales. —Y por lo mismo, hoy iré a mi primera ecografía —dice dándome a entender el por qué no podía ayudar al jefe con la elección de su traje—. El jefe me dijo que no había problema en que yo vaya a la consulta médica, pero sí me pidió que le consiguiera a alguien con buen gusto para ayudarle, y Amalia, su hermana, no está disponible, por lo que… —me mira con interés y yo sonrío de lado. —Claro, Emi —asiento con la cabeza—. Yo puedo ayudarlo sin problemas, sabes que tengo buen gusto en todos los sentidos —digo con convicción y ella se pone de pie para luego engarzar su brazo al mío. —Gracias, Christine —dice con una sonrisa al caminar hacia el interior de la oficina de Alexander. Cuando ponemos un pie dentro, aquel delicioso perfume varonil impregna mis fosas nasales, haciéndome desear que Alexander cediera ante mí. Al escucharnos, él alza su mirada hacia ambas y al verme se tensa de inmediato, lo que me pega directo al ego, pero finjo que no lo he notado y que todo está bien. —¿Qué ocurre, Emily? —pregunta él, ignorando por completo mi presencia, lo que me molesta de sobremanera, pues jamás me hubiera imaginado que él sería tan infantil al pretender que yo no existía, mucho menos de que estuvimos a punto de… —Lo acompañaré a escoger su traje para hoy, jefe —respondo yo, antes de que la mujer a mi lado dijera algo al respecto—. Le aseguro que soy la más indicada para aquella misión —agrego con una sonrisa de suficiencia marcada en mis labios. —Yo… ehhh… —Alexander balbucea con las cejas arrugadas. Emily me mira con interés y luego sus ojos se iluminan con curiosidad. —¿Pasa algo, jefe? —pregunta ella mirando al sexy hombre frente a nosotras. —Tengo la misma duda, jefe —agrego solo para generar que las cejas de Alexander se junten aún más. —No pasa nada —responde finalmente y sus ojos me enfocan, escudriñando de arriba hacia abajo mi cuerpo, y entonces tuerce una sonrisa que me hace querer lanzarle mi ropa interior en la cara. Dios mío, no podía ser posible que aquel hombre lograra calentarme con tan solo sonreír de medio lado y mirarme. —¿Entonces… nos vamos? —pregunto recuperándome de aquel momento de debilidad. —Dame un segundo —responde volviendo sus ojos a la laptop frente a él—. Pasaré a buscarte a tu oficina, Wang. Debo acabar algo aquí antes de salir. Emily me guiña un ojo con complicidad y yo me siento satisfecha al haber logrado que él volviera a hablarme. —Lo estaré esperando, jefe —musito con un deje de picardía, que él por supuesto nota, pues muerde su labio inferior. Salimos de aquella oficina y me despido de Emily, para después correr a mi oficina a buscar mi chaqueta y mi bolsa de mano. Luego de eso, voy rápidamente hacia Lindsay para contarle lo que acaba de ocurrir con el jefe, pero al llegar hasta su oficina me la encuentro riendo a carcajadas con Peter, quien parecía estar ganando terreno con mi mejor amiga. —¿Ya te contó por qué nunca lo perdonaré? —pregunto a mi amiga, quien me observa con interés. —La verdad es que no —niega con la cabeza y luego mira detenidamente al pobre Peter, quien ha palidecido un poco ante mi aparición—. ¿Ahora si me cuentas, Peter? —Creo que ya es hora de irme, Lindsay, debo ir a cubrir una nota —dice a la rápida, desapareciendo de nuestras vistas. —¡Eres un cobarde! —le grito llamando la atención de algunos de nuestros compañeros de trabajo, quienes nos observan con curiosidad—. Amiga, hoy es un buen día —le cuento a Lindsay, sentándome frente a ella, en el mismo sitio en donde me encontraba hace un momento tomando café. —¿Y eso por qué? —cuestiona ella con diversión, alzando una ceja hacia mí. —Saldré con Alexander Williams —respondo con una sonrisa torcida. —¿¡Estás jodiendo, Christine!? —chilla en respuesta, cubriendo su boca con ambas manos y logrando que varios ojos se posen sobre nosotras. —¡Dejen trabajar, por el amor de Dios! —grita en respuesta Marcel, uno de los periodistas más antisociales del elenco que justo tenía su cubículo de trabajo fuera de la oficina de mi mejor amiga. Para desgracia nuestra, ninguna oficina tenía puertas, pues eran espacios abiertos, salvo la oficina de Alexander, lo que siempre nos traía conflictos con Marcel, ya que él no toleraba el ruido que hacíamos al conversar. Le doy una sonrisa de disculpas a aquel hombre y después le lanzo un beso al aire, lo que genera que ruede sus ojos con fastidio, pues en el fondo, yo sabía que aquel hombre me detestaba, ya que teníamos personalidades completamente diferentes. —Yo creo que a ese hombre le falta sexo —comento haciendo que mi mejor amiga me de un suave empujón a la vez que ríe divertida. —Por favor explícame cómo es eso que saldrás con Alexander Williams —pide juntando sus manos en señal de súplica—. ¿Qué pacto con el demonio hiciste, amiga? —Solo lo ayudaré a escoger un traje para un evento, ya sabes que él siempre pide asesoría —explico restándole importancia. —Eso es tarea de Emily —dice arrugando las cejas con confusión—. No entiendo. —Es que Emily está embarazada… —susurro bajando el tono de voz para que nadie más escuchara, pues no sabía si ella ya se lo había contado a alguien más aquí. —Ella está… ¿¡Qué!? —grita Lindsay abriendo su boca con asombro. —¡Por Dios! —chilla Marcel mirándonos con odio. Muerdo mi labio inferior intentando reprimir la carcajada que quiere brotar de mis labios, pero es imposible, pues cuando mi amiga y yo intercambiamos miradas, ambas comenzamos a reír como locas—. ¿Es que no tienen nada mejor que hacer? —pregunta molesto, dando un contundente golpe sobre su escritorio. —¡Ey, relájate hombre, no vaya a ser que te infartes! —le digo arrugando las cejas, ya que me parecía que estaba siendo un exagerado. —¡Será mejor que te calles, Wang! —espeta en mi dirección dándome una sonrisa victoriosa, como si él tuviera el control de la situación. Giré los ojos con fastidio y me crucé de brazos a la altura de mi pecho —Ay, no... —susurra mi mejor amiga poniéndose de pie de un salto para correr como una cobarde. Estoy por gritarle algo a sus espaldas cuando escucho mi apellido. —¿Wang? Me volteo al escuchar aquella voz tan sexy y me encuentro con mi querido jefe, quien me mira con curiosidad y al mismo tiempo con una mirada reprobatoria, pues seguro escuchó el reclamo del idiota de Marcel. —Jefecito… —susurro. Él alza ambas cejas y puedo notar la diversión en aquellos hermosos ojos azules. —No te preocupes, Marcel —dice hablando más fuerte para que aquel amargado pueda escucharlo—. Ya me llevaré a Wang para que tengas un descanso —espeta torciendo una sonrisa hacia mí, y logrando con eso que comience a sentirme muy húmeda y necesitada de aquel hombre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD