Capítulo XX

2581 Words
–No, madre, no quiero hacerlo. –Le prometiste tu mano, te dijimos que no lo hicieras, y ahora…– la reina Susan la miró con lágrimas en sus ojos, no podía evitar que sucediera lo que se había acordado frente a la corte, era inevitable. Meses habían pasado, los preparativos se realizaron lo más rápido posible. El pecho de Alexandra ardía, no sabía si debía salir corriendo y no volver nunca más, podía escapar con Edmund y ser libres juntos, escapar y estar con quien realmente ama, pero no le haría eso a sus padres, tal vez sería lo mejor que ella desapareciera. Esperó a que su madre saliera para excusarse diciendo que iría por aire fresco del jardín, salió corriendo en busca de Edmund, pero alguien más la encontró. –¿Qué hace corriendo minutos antes de ir a la iglesia, princesa? Alexandra estaba acorralada entre la pared y Noah frente a ella. –No quiero casarme con usted– espetó con rabia. –¿Y cree que yo con usted?– acunó su mejilla sabiendo que ahora ella le teme, el temor es más fuerte que su disgusto, eso lo deja a él con el control –. Todo el reino sabrá cuánto me ama, por el bien del mismo. –Lo desprecio– espetó sintiendo las lágrimas amenazar en salir. –Lo mismo pensaba su querida Amanda– soltó con burla, el semblante de Alexandra cambió por completo y palideció –. ¿Sabe qué era lo que le quería decir? Ella sabía que mi corazón no era devoto a usted, ella sabía mucho de mí, ¿sabe por qué? Se acercó a la princesa peligrosamente, ella podía percibir su aliento embriagante. –Porque aquella noche nos conocimos en su alcoba– Noah miró los labios de Alexandra, dándole a entender lo que había sucedido –. Supongo que no pudo soportar hacerle eso a Su Majestad, y la desgracia ocurrió. –¡Usted fue quien la mató! Noah la tomó de la nuca y tapó su boca con su mano derecha, Alexandra se asustó. –Nadie le creerá, y ahora debe callar, en minutos será mi esposa, no puede estar en contra de quien se casó. Alexandra no pudo evitar derramar lágrimas de impotencia, de miedo, no sabía qué estaba sucediendo, ella corría peligro. La soltó y retiró las lágrimas de su rostro. –La veré en la iglesia, princesa. Alexandra salió corriendo con lágrimas corriendo por sus mejillas. El padre de Noah se hizo presente, él escuchó todo lo que sucedió. –Debes controlar a esa joven, no sabes lo que puede hacer si se sale de control. –No se preocupe, padre, yo lo haré. –Lo tengo resuelto, hijo– sacó un frasco, él lo reconoció de inmediato. –No, padre, no la envenenaremos. –No, nosotros no, tú– le dio el frasco, Noah lo escondió de inmediato. –Padre, ya tenemos lo que queríamos, se juntarán los reinos, ¿por qué le daríamos algo? –Para controlarla, sólo le darás una gota en su té de cada mañana, no sabrá que se siente mal, sólo se sentirá cansada, también esta noche, ella no estará tranquila contigo. –Lo sé, pero no quiero envenenarla. –Noah, esto no es acerca de lo que tú quieras, ¿entendiste? –Padre… –Tú decides, concretas el matrimonio esta noche con ella tranquila o no. Noah se desconcertó por completo. –No, padre, de eso no me dijiste, yo no pienso concretar el matrimonio con ella, no después de lo que ha pasado. –Noah– su padre lo tomó por los hombros –. Nada es acerca de lo que tú o tu prometida quieran, hay reglas, y esas reglas se siguen, estás a punto de casarte, si se sabe que no se concretó nada, tu casamiento será invalidado. –No tienen que saberlo, es algo entre nosotros. –¿En serio crees que nadie lo notará? Hay ojos por todas partes, ella será la reina, será cuestión de tiempo que lo noten. Pensé que serías más astuto– rodó sus ojos en desaprobación, Noah bajó su mirada –. Ve, debes ir a casarte y convertirte en un hombre. El casamiento se hizo, de regreso al castillo en la fiesta, Alexandra se escondió en su alcoba, lloró todo el día, nadie podía entrar a verla, lo prohibió el rey, nadie podía saber lo que sucedía. Noah estaba sonriente todo el tiempo, aunque su preocupación incrementó cuando la noche llegó, la noche de bodas y su preparación. El rey pidió que los Dubois regresaran, no quería que un rumor se saliera de control, pero ellos no regresaron, se quedaron escondidos en la alcoba de Eric, él prometió que Noah recibiría lo que merece. Lo que no pensaron fue en el poder que tenía el gran duque sobre algunos guardias, los cuales fueron detrás de Edmund. –La túnica debe ser retirada cuidadosamente– la dama de la corte le indica a Alexandra. La princesa se queda quieta mientras que toda la corte la prepara para la noche de bodas, en silencio llora, las lágrimas salen sin poder controlarlas, pero su semblante es el mismo, como si hubiera muerto. La realidad es que así se sentía, muerta por dentro, se sentía atrapada, no sabía en qué momento sucedió todo y maldijo el día en que regresó al castillo, ese día fue cuando comenzó el desastre en su vida. –Princesa, ¿se encuentra bien? –¿Ya terminaron?– cuestionó sin ánimo, sin mostrar expresión alguna. Las damas se retiran sin decir nada más, Alexandra se mantiene en el mismo lugar, parada frente al espejo, viendo su reflejo, el cual detesta en ese momento. Todos los sueños que alguna vez tuvo acerca de su matrimonio fueron arrebatados, su corazón estaba roto por más razones de las que podía contar, no sabía dónde empezaba su sufrimiento. Cada parte de su cuerpo gritaba por ayuda, sentía que desmayaba pero ahí seguía, quieta, con su mirada fija en su reflejo, sin poder creer lo que estaba viviendo. La puerta se abrió, Noah entró con un semblante de preocupación, llevaba el frasco guardado en su túnica, pero no pensaba darlo a la princesa, tal vez una minúscula parte de él se sentía arrepentido. –Esposa. Esa palabra tan desagradable ante los oídos de Alexandra le provocaba asco, repulsión, odio. Noah caminó hasta colocarse frente a ella, vio su rostro, a pesar de haber llorado por horas, su belleza seguía intacta, y en ese momento, Noah regresó a él mismo. Regresó a ser el hombre que no recordaba que existía, un hombre con sueños y deseos, un hombre libre de la mano de su padre; en ese momento luchaba por reprimir lo que sentía: arrepentimiento. –Deberías descansar. Alexandra lo miró sin saber qué estaba tramando, ella no puede darse el lujo de bajar la guardia, debe permanecer alerta, pero ese día estaba realmente cansada. Su pensamiento constante de pelear y alejarlo se iba desvaneciendo, peleó con él por meses, sólo consiguió llorar por las noches deseando haber desfallecido. –¿Me va a obligar? Noah se sorprendió por la respuesta de Alexandra, pero sabía que ella estaba sufriendo más de lo que él pudiera imaginar. No entendía por qué en ese momento no quería seguir lastimándola, era como si se preocupara por ella, un pensamiento absurdo para ambos. –Sólo le pido que descanse, no me acercaré a usted, si es eso lo que la detiene. –Es la noche de bodas, ¿o me equivoco, esposo? Alexandra se acerca a él para besarlo, pero él se retira con sorpresa. Noah se sentía extraño, no quería estar ahí, no quería nada qué ver en ese castillo, quería escapar, tal y como lo desea el corazón de Alexandra. Él no sabía por qué se sentía de esa manera, si horas antes se percibía como el hombre más poderoso, el cual dentro de semanas sería el nuevo rey. –¿Por qué hace eso? –¿No es mi esposo? Noah la mira con extrañeza. –Lo lamento, princesa. Alexandra muestra una sonrisa burlona mientras las lágrimas resbalan por sus mejillas. –¿Se está disculpando ahora? ¿Piensa hacer algo peor? Su risa burlona sorprende a Noah. –No entiendo su reacción. –Arruinó mi vida, y ¿piensa que si dice “lo lamento” está todo bien? Alexandra regresó a su semblante serio e inundado de tristeza. Podría desfallecer en ese momento y no se lamentaría, de hecho, ella lo estaba deseando, una vez más. Noah se arrepintió en ese instante, “¿qué estoy haciendo?”, se preguntó sintiendo su corazón estrujarse. Lo único que estuvo en su mente por tantos años fue tener el control, ser el Rey, tener poder y todo lo que quisiera en la palma de su mano, pero ahora, sus sueños se desvanecieron, fue como si nunca existieron en primer lugar y todo fue una trampa de su padre. Una sensación extraña en su pecho lo hacía cuestionarse, no lo entendía, pero no quería mostrarse débil, no después de todo lo que había hecho para estar esa noche allí, casado con la futura Reina de Aureum. –¿Qué va a hacer ahora? Es la noche de bodas, ¿piensa obligarme a concluir esta unión? –Jamás lo haría. –Oh, es cierto, debo creer en su palabra. Alexandra se giró y caminó hacia la cama, sintiendo las lágrimas saladas caer en sus labios, cerró sus ojos sintiendo su pecho arder y más lágrimas caer. Cada segundo que pasaba se sentía más débil –Alexandra, puede dormir, yo dormiré en la silla, no es necesario que suceda nada esta noche. –Pero tendrá que suceder– respondió Alexandra con amargura. Se giró para verlo, pero lo que vio fue el reflejo en el espejo de un envase en uno de sus bolsillos, ella imaginó lo peor, lo que en realidad era, la misma sustancia que usó para envenenar a Amanda, y ahora lo usaría en ella. Debía permanecer tranquila y acercarse a él para evitar que lo vaciara. –Yo he aceptado mi destino, no estaría aquí, frente a usted, si no lo hubiera hecho. Noah muestra su confusión al fruncir su ceño, las palabras de la princesa no eran acordes a las lágrimas que seguían resbalando por sus mejillas rosadas. –No sé lo que le hayan dicho, princesa. Pero, esta noche es entre nosotros, los dos decidimos qué haremos. –¿Qué sucede, príncipe? ¿Tiene miedo? Se acerca a él cuidadosamente, en un intento de seducirlo, esperando que no descubra sus intenciones de tomar aquel envase. Coloca su mano en la mejilla del príncipe, hace una conexión con aquellos ojos azules que alguna vez la deslumbraron. En contra de cualquier instinto en su cuerpo, Alexandra junta sus labios con los de él, eso tomó por sorpresa a Noah, pero correspondió. Alexandra abrió sus ojos y pudo ver en el reflejo dónde estaba el envase, movió su mano y cuidadosamente, lo tomó. Noah de inmediato sintió, abrió sus ojos con rapidez y rompió el contacto entre ellos, tomó la muñeca de la princesa con el envase en su mano. Alexandra comienza a llorar aún más fuerte, con miedo a lo que vaya a pasar. –¿Por qué lo tomó? –Me va a envenenar, lo va a hacer igual, o peor, porque quiere que siga viva, todo su plan fue hacerme sentir tranquila cuando me va a sedar y va a abusar de mí. Habló entre sollozos, su pecho ardía en una intensidad que quisiera arrancarlo y terminar su sufrimiento. Eso le dio una idea, miró el envase aún en su mano y lo contempló, ¿qué sucedería si tomara la última gota de aquella sustancia? Se reuniría con su amiga, su sufrimiento acabaría, los Dubois no estarían en el castillo… Todos sus problemas terminarían. En un ágil movimiento, se zafó del agarre del príncipe, corrió hacia el otro lado de la habitación y vació con rapidez el envase por toda su garganta. –¿¡Qué hace?! Noah corrió y la cargó hacia la cama, Alexandra está llorando y rendida en los brazos de Noah, no había escapatoria, en minutos su cuerpo se quedaría y ella sería libre. –¿Qué hizo, princesa? –Seré libre– sonríe mientras ve a los ojos azules preocupados. –No era veneno, lo cambié por agua, no le pasará nada, princesa. –¿Qué está diciendo? Se levanta con coraje, cae sobre sus rodillas y llora desconsoladamente. –¡Mátame! ¡No lo soporto más! Los gritos asustan a Noah, eran gritos desgarradores, su alma estaba rota, y él sabía que era la causa de ello. Noah intenta tomarla, pero ella es quién lo toma de los hombros. –Por favor, mátame, ya no me importa, acaba con mi sufrimiento. –No haré eso, princesa. –¡Dame el veneno! ¡Traiga el veneno!– lo sacude con fuerza entre sollozos. Noah toma su rostro entre sus manos y por primera vez, sus ojos conectan, dos personas conectando por primera vez en la situación menos conveniente, pero ya era demasiado tarde. –Por favor, princesa, no quiero que le pase nada. –Todo me pasó– ella lo suelta para llevar sus manos a su pecho, el cual ardía, le dolía como nunca lo había hecho –. Me duele, me duele respirar, ya no puedo seguir con esto. Alexandra se retuerce del dolor, Noah la carga de nuevo para que se recueste en la cama, la ve con preocupación. –Ya no puedo más, acabe con mi sufrimiento, si siente una pizca de remordimiento, por favor– le toma la mano y con su labio inferior temblando le pide –, termine con mi agonía. Noah la toma entre sus brazos y se permite llorar. Alexandra se sorprende al verlo llorar frente a ella, sus rostros nunca estuvieron más cerca, pero eso solamente le produce una mezcla de enojo y tristeza. ¿Noah se atreve a llorar frente a ella? No había manera que Alexandra pensara que era totalmente genuino, tenía una duda sobre él, no podía bajar su defensa. Pero al mismo tiempo, ¿qué le quedaba? No había manera en que se pudiera salir de aquella situación, no si no conseguía aquella poción. –Lo lamento, princesa, no quise que nada de esto pasara de esta manera. Jamás quise que sufriera, por favor, le ruego que me perdone, me duele verla de esta manera, yo- Alexandra coloca su dedo en los labios de Noah, callándolo. –Es inútil, Noah, ya no hay vuelta atrás. Se recostó en la cama, no le importó que Noah también estuviera en la misma cama, al final ya era inútil pensar en él, Alexandra sabía que Noah fue un triste peón en el juego de su padre. Al mismo tiempo, Noah entendió la gravedad de sus acciones, se sintió asqueado al recordar todo lo que hizo y lo que dijo, era como si hubiera sido otro hombre el que hizo todo aquello. Pero cómo dijo Alexandra, ya era inútil ahora, no podía regresar el tiempo y remediar lo que había hecho, pero aún estaba a tiempo de rebelarse con su padre, aunque él no estaba seguro de si podría hacerlo. Aquella noche los dos cayeron profundamente dormidos después de escuchar sus sollozos.
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