Capítulo V

2515 Words
–Esme. –Sí, señora Cathy. –Estaba pensando en que les haría bien a ti a mi nieta que salieran al pueblo, ¿qué le parece? –No sé si sea lo más adecuado, apenas y se ha recuperado de su tobillo. La intención de Esmeralda era genuina, pero también había cierto temor en llegar al pueblo y encontrarse con cierto joven, y también ciertas jóvenes que su único pasatiempo es hablar de la vida de los demás. –En ese caso, Eric las acompañará, ¿bien?– Cuestionó la señora –. Tienen mucho por disfrutar, y bien que les haría pasar más tiempo fuera de esta casa, ya han pasado días, y su tobillo ha sanado. –Sí, señora. –Será después del almuerzo, ¿entendido? –Sí, señora. –Por favor, avísale a Edmund que mientras tú estés fuera, él se quedará dentro de casa, ese muchacho trabaja demasiado. –Sí, señora, yo le digo. Esmeralda salió del salón y caminó hasta salir de la casa y encontrarse con Edmund trabajando en los arbustos, él era el encargado de todo lo que se requería fuera de la casa, siendo el trabajo más tardado y con más requerimiento de fuerza, como lo era sacar la hierba mala y plantar nueva. Esmeralda le comentó todo el plan que la señora tenía para ellos durante la tarde, Edmund asintió su destino y aceptó que debía descansar un poco después del trabajo durante esas semanas, que desde antes que llegara Alexandra, él ya se estaba encargando de todo para su llegada. Llegó la hora después del almuerzo, Alexandra, Esmeralda y Eric partieron hacia el pueblo, los tres tenían sus mentes en otro lugar y los tres permanecían en silencio, hasta que llegaron. –Alexandra, le va a encantar un lugar con telas bellísimas, hacen los vestidos más bellos de todo el reino– se detuvo por un momento y continuó –. De seguro usted tiene los vestidos más bellos del reino, que tontería de mi parte. –Oh no, Esme, para nada, no he conocido estos vestidos, así que no podemos hacer comparación alguna, véamos. Alexandra entrecruza el brazo con el de Esmeralda y caminaron juntas hacia dónde Esmeralda guiaba, que el destino era aquella tienda de telas finas, Eric caminaba detrás de ellas con su estado de alerta al máximo, lo bueno era que nadie reconocía a la princesa, debido a que ella no era vista fuera del reino, los únicos que la reconocerían, no viven en ese pueblo. –¡Oh, mire!– Esmeralda soltó el brazo de Alexandra para tomar una tela rosa. –¡Es bellísima! ¿No lo cree, Eric? –Umm, sí, es un color muy lindo– respondió de manera distraída. Ellas estaban viendo las telas animadamente, cuando dos muchachas las vieron y empezaron a susurrar acerca de ellas, o bien, acerca de Esmeralda, lo cual ella pudo darse cuenta y reconoció de inmediato a esas jóvenes. Esmeralda se lamentó de haber salido de la casa. –¿Qué pasa, Esme?– Alexandra notó el cambio de ánimo de su nueva amiga. –Será mejor que la lleve a conocer otro lugar, hay mejores sitios que visitar. –No, espere– la tomó de la muñeca y la detuvo. Ella instintivamente miró hacia la dirección de las muchachas, así que, Alexandra se dio cuenta y también volteó a verlas. Las jóvenes dejaron de reír y caminaron hacia ellas, eso causó que Eric se mantuviera en un estado de alerta, pues tendría que actuar si algo mal salía de esas muchachas. –Esmeralda, ya no le habíamos visto, ¿cómo se encuentra? –Bien, gracias. –¿Y usted es? –Soy Alexandra... Fitzwilliam– respondió con temor de que no las hubiera convencido. –Oh, es un placer conocerla. –Fue un gusto haberlas visto, pero debemos irnos. –Oh no, sería una desgracia, pues no hemos podido hablar con usted desde que desapareció el verano pasado. Las muchachas estaban disfrutando ver a Esmeralda conflictuada, pero ni la princesa ni su acompañante sabían qué era lo que causaba todo esto, pero aún así, decidieron actuar en defensa a su nueva amiga. –Me temo, señoritas, que debemos irnos, mi madre nos espera en casa para tomar el té. –¿Usted también trabaja en la misma casa que Esmeralda?– Cuestionó una de ellas con burla de que Esmeralda tuviera que trabajar en una casa ajena. –No, ella no trabaja para nadie, ella tiene su propia casa, las invitaría, pero supongo que aún tienen telas irritantes por revisar, permiso. Alexandra tomó a Esmeralda para después salir de aquella tienda, Eric no tardó en salir detrás de ellas, quienes estaban riendo una vez caminando fuera de aquella tienda, pero chocaron con un joven que venía apresurado. –Lo lamento– se disculpó Alexandra con algo de risa dentro de ella. –¿Esmeralda? La risa cesó por completo, la mencionada tosió un poco debido a la sorpresa de ver a ese joven. –Oliver… –He querido contactarle, pero no supe a dónde había ido, por favor– soltó las bolsas que traía en sus manos y se acercó a Esmeralda –. Necesito hablar con usted. –Me temo, joven Oliver, que eso no será posible. –Esme, por favor– se acercó a tomarla del brazo, pero Eric se adelantó a su movimiento y quedó enfrente de las jóvenes, impidiendo que la mano de Oliver tocara la piel de Esmeralda. –Creo que a ella no le apetece conversar con usted. –¿Y usted es?– Cuestionó de manera grosera –. La verdad es que no me importa en absoluto, verá, mi interés es con Esmeralda, usted se puede retirar. –Me temo que eso no será posible, verá, no dejaré que Esmeralda se quede a conversar con alguien a quien claramente le dejó claro que no quiere ver. Usted es el que se debe retirar. Eric se mantuvo firme en su posición de proteger a las damas, en especial a Esmeralda. Se quedó por segundos mirando fijamente al otro joven, Oliver, quien siendo centímetros más bajo que Eric, pudo rendirse fácilmente, pues sabía que una pelea no sería buena opción en ese momento. Dio unos pasos hacia atrás y pudo observar a Esmeralda, ella estaba al borde de las lágrimas, al igual que él. –Espero verle de nuevo, Esme. Una última mirada bastó para que él tomara de nuevo sus bolsas y siguiera su camino por el pueblo. Eric enseguida volteó para cerciorarse de que las damas estuvieran bien, pero era todo lo contrario, pues Esmeralda estaba luchando fuertemente por no llorar en el centro del pueblo. Eric no tenía idea de qué estaba ocurriendo dentro de esa cabeza, pero sabía que cualquier daño hecho por aquel joven, era una desgracia para éste mismo, pues, Esmeralda era una chica espectacular, y quien la hiciera llorar, no merecía estar en el mismo pueblo que ella. –Esme, ¿se encuentra bien? Podemos irnos de inmediato. Eric, trae los caballos, nos iremos ahora. –No, no Eric, no será necesario, hemos estado poco tiempo aquí, y aún no ha visto lo mejor. Alexandra y Eric siguieron el juego de Esmeralda, pues se le veía que no quería comentar absolutamente nada de los sucesos ocurridos. Siguieron su curso en el pueblo, visitando cada lugar que ella les recomendaba, desgraciadamente, la alegría particular de Esmeralda, se había esfumado. –Ya hemos comprado lo suficiente por hoy, creo que será hora de regresar– habló Alexandra con algo de preocupación por su amiga. –¿Está segura? Podemos regresar al lugar de las telas, estoy segura de que le pueden hacer un vestido increíble. –Ya me he cansado, mi tobillo empieza a molestarme– finge dolor –. Pero estoy segura de que podemos regresar en unos días, le prometo que me sentiré mejor. –Como usted ordene– Esmeralda fingió una sonrisa, pues su objetivo era nunca regresar al pueblo, pero desde el principio supo que no sería posible. Regresaron a casa cuando estaba oscureciendo, el camino fue tranquilo y en el transcurso de éste fue cuando Esmeralda pudo sonreír de nuevo, y todo fue gracias a los comentarios improvisados del joven Fitzwilliam, las dos jóvenes pasaron el camino riendo y sonriendo como si hubiera sido el mejor día de sus vidas. –¡Oh Dios!– Suspiró Alexandra bajando del caballo con ayuda de Eric –. Ha hecho que me duela el abdomen, no puedo reír un segundo más o lloraré. –Le prometo que no hablaré más– sonrió Eric con placer de verlas sonrientes y de nuevo con su alegría chispeante. Alexandra se adelantó en el camino a la casa, pero no podía adelantar mucho el paso debido a su tobillo lento. Eric ayudó a Esmeralda a bajar de su caballo, ella resbaló pero Eric no la soltó en ningún momento y eso bastó para que ella no cayera, y para quedarse frente a frente con sus ojos enfocados en el otro por largos segundos. Los ojos verdes de Esmeralda en combinación con los ojos cafés de Eric, eran la combinación más extraña que ellos hubieran pensado, pero el pensamiento de Eric defendiéndola, fue lo que le hizo desviar su mirada, ella estaba avergonzada y agradecida al mismo tiempo y con temor de que ella quiera pasar más tiempo de calidad con ese joven. –Gracias por su ayuda, iré con la princesa. Dejó a Eric con la palabra en la boca, ella salió rápidamente con la excusa de ayudar a la princesa para llegar a la casa, él entendió que es probable que el haberla sujetado y mantenerse en el contacto visual no fue la mejor decisión a ese momento, puede que la haya incomodado. "Tal vez no le agrado tanto como pensé..." fue su primer pensamiento. –Oh, Dios mío. Fue la primera reacción de Alexandra al ver a sus abuelos bailando por todo el salón, una melodía hermosa se escuchaba por toda la casa. Pero, eso no era lo que resaltaba, era el amor con el que bailaban y esa mirada de enamoramiento, que después de tantos años, no se había ido, sino que se ha fortalecido y ahora es más grande de cuando eran jóvenes. –Siempre les ha gustado bailar– susurró Esmeralda. –¡Oh, Joseph, los niños han llegado! –Vengan a bailar, niños. –Me duele un poco el tobillo, será mejor que descanse un poco. –Claro mi niña– respondió Catherine a su nieta –. Pero ustedes no se salvan, joven Fitzwilliam, invite a bailar a Esme. Esmeralda iba a resistirse ante la petición de la señora, pero fue muy tarde, porque Eric ya había caminado hasta llegar frente a ella y extenderle su mano con una proposición de baile, ella tuvo que aceptar, y de la mano la llevó hasta llegar a un lado de los señores. Alexandra se mantuvo cerca de la entrada principal mientras veía a su acompañante con su amiga, ella estaba feliz, hasta que notó el nerviosismo de Esmeralda, y por consecuencia, el titubeo de Eric al sostener la cintura de la señorita y guiarla en el baile. La princesa pensó inmediatamente en su amada amiga, pero retiró cualquier pensamiento imprudente, pues ella ya estaba segura del cariño de Eric a su amiga, y eso no cambiaría por miles de bailes que pasaran. Esmeralda y Eric se mantuvieron bailando conforme al paso de la melodía, ninguno de los dos tenían demasiada experiencia debido a que en los bailes, su lugar está detrás de todo el espectáculo, así que ahora se sentían extraños estando en el centro de la casa. –Lamento mis pies izquierdos, pues, yo no bailo. –No se disculpe, creo que ya lo he pisado más de una vez– se avergonzó Esmeralda. Eric quiso retener una risa, pero Esmeralda se percató de ello y causó el mismo efecto en ella. Entraron en confianza cuando la canción había terminado. Eric se separó de ella para aplaudirle lo buena pareja de baile que había sido, ella se sonrojó por la atención que estaba recibiendo para después seguir su curso normal hacia la cocina. Alexandra siguió los pasos de Eric y Esmeralda, mientras los abuelos se iban a sentar en el jardín para tomar el té, pues esperaron a que los jóvenes llegaran de su viaje al pueblo. –Esme, debería ir a un baile conmigo, estoy segura de que le encantará. ¿Tengo razón, Eric? –Por supuesto, concuerdo con usted. Esmeralda sonríe y hace un asentimiento con su cabeza. –Me encantaría asistir, junto con Edmund, por supuesto– hizo mención de su primo cuando lo vio entrar a la cocina. –Edmund, ¿a usted le gustan los bailes?– Preguntó Alexandra con incredulidad. –¿Cómo te fue en el pueblo?– Edmund le cuestionó a su prima, evadiendo por completo la pregunta de Alexandra, pues su preocupación era más grande que responderle a la señorita. Esmeralda tragó en seco y las lágrimas llegaron rápidamente a sus ojos, todo lo que quiso reprimir durante el día, estaba a punto de salir con aquella simple pregunta, pero con la necesaria atención y empatía que necesitaba en ese momento. Edmund se dio cuenta de que ella no se encontraba bien, dejó el trapo en la pequeña mesa y caminó hacia su prima, la tomó por los hombros y la atrajo hacia él, en un abrazo. Alexandra se quedó pasmada en su lugar al observar aquella reacción, pues, enseguida del abrazo, Esmeralda dejó salir algunas lágrimas y sollozos. Eric se preocupó de nuevo y recordó el amargo momento que se vivió en la llegada al pueblo, pero aún no entendía qué pasaba, aunque lo más seguro era que ese joven Oliver fuera el responsable de las lágrimas de la joven frente a él. –¿Habló contigo? –Sí– Esmeralda sorbió por su nariz –. Me tropecé con él y me pidió que conversáramos. –Ese infeliz– bufó Edmund con las orejas rojas de la excitación –. Sé que cada que me ve en el pueblo, me evita y se esconde, es un cobarde. Pero ahora iré con el único propósito de verlo a la cara y quién sabe, podría hasta tirarle los dientes de un golpe. –No, Edmund, no puedes hacer eso, no podemos arriesgarnos a entrar en una pelea con ellos, sabes que tienen poder, y nosotros no tenemos nada. –Eso no es cierto, Esme– levantó la voz Alexandra con algo de timidez debido al estado de ánimo de Edmund –. Mis abuelos y nosotros estamos con ustedes, nos tienen a nosotros, y no importa qué es lo que necesitan, porque si nosotros podemos ayudarlos, será nuestro placer. La sensibilidad de Esmeralda en ese momento era demasiada y no pudo contener las lágrimas, apretó la mano de Edmund, éste asintió y la abrazó pasando su brazo por los hombros de ella, reconfortando.
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