Tal como lo indicó el clínico, Gabriel, en el departamento médico de la universidad, solicitó que determinaran las cifras de su tensión arterial diariamente durante dos semanas. El médico de dicho departamento le hizo saber, luego de haber realizado religiosamente todas las mediciones; que todo estaba bien. Que durante el tiempo en que se le realizó dicho control, las cifras tensionales permanecieron totalmente dentro de los límites normales. No había nada de que preocuparse. Gabriel no visitó el consultorio del cardiólogo; puesto que no lo consideró necesario. Continuó haciendo su vida como hasta antes de haber tenido ese pequeño percance lo había hecho; sin ningún tipo de limitaciones. Sus estudios y su relación amorosa, eran sus principales prioridades además de su familia. Ya le faltaba poco para terminar su carrera y tan pronto eso ocurriera, él y Mercedes habían convenido en contraer nupcias. Eran novios desde que iniciaron la universidad y ambas familias se conocían desde hacía mucho tiempo.Era pues, una realidad magnífica la boda de esos jóvenes que se amaban candorosamente.
En virtud del alejamiento voluntario que Nemesio había procurado con el único hijo que le quedó, todo lo que concernía al mismo, era de su completa indiferencia. Daba la impresión como que si Gabriel no tuviese a su padre vivo y quienes conocían a la familia, se adaptaron a aquella maléfica realidad. Y con el paso del tiempo, hasta se acostumbraron a ello. Amanda se apersonó junto a su hijo, a la residencia de los padres de Mercedes en una visita extraordinariamente importante para ambos, ya que en dicha visita, ellos se comprometerían en un matrimonio que se presagiaba eterno. El señor Carlos Demetrio Blanchard Villamediana y su señora Maribel Catalina Carrillo Somoza de Blanchard, los padres de Mercedes, conjuntamente con los hermanos de la novia, Agustín y Violeta; recibieron a ambos invitados con solemnidad. En la puerta de la residencia, el mozo los recibió con elegancia y los hizo pasar al elegante salón decorado de una manera extravagante a solicitud de Don Carlos, perpetuo admirador y leyente del rey de los relatos de terror nacido en Boston en el año 1809 y, asi, tal cual lo descubrió en una de sus obras, aquella sala ostentaba una decoración inocentemente semejante a la fantasía del autor.
Era pues aquella sala decorada así, para la análogaépoca, queriendo decididamente a propósito, rememorar la locura de un ser que había condenado la inocencia como sólo había de hacerlo, quien estuviese ataviado de lo macabro. En el recibidor de la enorme residencia, precisamente en la sala, de derecha a izquierda en mitad de la pared, una alta y estrecha ventana gótica daba a un corredor cerrado que seguía el contornode la serie de salones. Las ventanas tenían vitrales cuya coloración variaba con el tonodominante de la decoración del aposento. Si, por ejemplo, la cámara de la extremidad oriental tenía tapicerías azules, vívidamente azules eran sus ventanas.El insigne caballeroquiso hacer de su estancia, un homenaje al horror y así, de manera detestable, hacer un llamado de conciencia, si es que aún la tenía, al suegro de su hija.
Emulaba de esa manera, un panorama artificial con el que sellaría de manera galante, el desprecio a un ser que odiaba sin motivo alguno a su hijo.A ese hombre colosal que dentro de poco sería orgullosamente, su yerno. La decoración especial seguía su curso tal como era descrita en la insigne obra de Poe, “La máscara de la muerte roja”:“El salón principal de aquella lujosa residencia, lucía completamente cubierto de colgaduras de terciopelo n***o, que abarcaban el techo y lasparedes, cayendo en pesados pliegues sobre una alfombra del mismo material y tonalidad.En dicha sala, el color de las ventanas no correspondía a la decoración. Los cristaleseran escarlata, tenían un profundo color de sangre.A pesar de la profusión de ornamentos de oro que aparecían aquí y allá o colgaban delos techos, en aquella estanciano había lámpara ni candelabro alguno. Todo era alumbrado con bujías, es decir, con velas y velones”.
Afortunadamente, los asistentes admiraban todo a sus pasos y hasta aplaudían el eximio gusto del huésped de la quinta onerosa, donde se llevaba a cabola ceremonia en la cual la familia Blanchard Carrillo;anunciaríanel compromiso matrimonial de Gabriel y de Amanda. Resultaba oportuno aquel momento inolvidable que le agregaría un toque de encanto a una decisión gloriosa. Era ese instante, el preciso momento en el que las paganas celebraciones, bien sea al dios baco o al dios dionicio, ídolos mundanos del vino; bien sea de Roma o de Grecia, sin temor a alterar el orden, estarían presentes y eran entonces, las diversiones carnestolendas quienes abrían el compás a un compromiso matrimonial de dos jóvenes que se amaban infinitamente. Significaba también, un extraordinario pretexto usado para taparle la jeta a un idiota. Realmente funcionó la decoración al estilo terrorífico. Esa fue la idea que quiso el señor Blanchard y su esposa. Ilustrar la ausencia de quien actuaba mezquinamente ante la felicidad, no tanto de su hijo que ya de por sí es detestable, sino de una madre sufrida.
Tras aquella fiesta de carnaval, que sirvió de escenario para sellar un compromiso y abrir una esperanza al mañana; fue fijada una fecha oportuna para la boda de Gabriel y Mercedes.La misma se celebró dos meses después, evidentemente que sin la presencia de Nemesio. No habían culminado sus estudios superiores; pero según ellos mismos decían, el amor nunca esperaba. Ambos tenían diecinueve años cuando unieron legal y religiosamente sus vidas. Amanda una vez más, trató de hacer entrar en razón a su marido para que de una vez por todas entendiera que Gabriel formaba parte de su vida; pero sus oídos y su raciocinio continuaban sellados ante la razón. Definitivamente para aquel hombre, Gabriel no existía y por ende, nada de lo que tuviese que ver con él tampoco.
Entonces nunca reconoció a su nuera como tal y el matrimonio que se celebró de manera fastuosa, para Nemesio tampoco existió. Era esa una realidad, la realidad a la que se enfrentaba a diario Amanda y la que la había reducido prácticamente, al despojo que sentía que era y que trataba de simular ante los ojos del mundo, tan toscamente; que nadie le creía siquiera un poquitín. Asi y todo, los novios se sentían felices. Había pasado tanto tiempo desde que su padre había tomado la determinación de execrarlo de su vida, que ya Gabriel hasta se había acostumbrado. Nunca lo entendió ni lo entendería; pero como todo ser humano, se acostumbró y de esa forma, continuó su camino en la vida. Ahora, siendo un hombre felizmente casado.
Fue un mes de octubre cuando ocurrió algo que cambió para siempre un curso. El corazón le pasó factura a Nemesio.Una mañana, extrañamente Amanda lo sintió a su lado más allá de las cinco de la madrugada. Nunca sucedía asi, puesto que ya a las cuatro, pasase lo que fuere, se levantaba, tomaba un vaso de agua tibia que juraba tener un efecto laxativo e inmediatamente después,iba al baño. Luego se internaba en su estudio a hacer lo que fuere. Era una rutina a la que Amanda estaba muy acostumbrada. Pocas veces dejó de hacer eso. La primera vez porqué se sintió enfermo. De hecho, fue internado horas más tarde debido a una neumonía que debió ser combatida con antibióticos durante dos semanas. La otra, por estar excesivamente ebrio. Era raro que tomase licor; pero en esa oportunidad se presentó a la alcoba con una botella de whisky en una mano y en la otra, un vaso de cristalería fina. Ingirió casi todo el contenido de la botella sin más ni más. No refirió motivo alguno que lo haya inducido a libar de aquel licor tan fuerte; pero lo hizo hasta más allá de la media noche. Se despertó casi al mediodía en esa ocasión. De resto, sentirlo en la cama después de las cuatro de la mañana, era más raro que observar a un perro de color verde.
Pero aquella mañana ocurrió esa extrañeza. Amanda encendió la lámpara y lo miró detenidamente. Al no sentir movimiento alguno en él, lo tocó y concibió un estremecimiento de tal magnitud al evidenciar que no respiraba. Comprobó tristemente que Nemesio había fallecido. La autopsia reveló que había sufrido un infarto fulminante al miocardio. Cuando Amanda se dio cuenta de ese triste suceso, ya llevaba varias horas muerto. La defunción de Nemesio sucedió dos meses antes de que tanto Gabriel como Mercedes recibieran sus títulos de abogados. Muy por el contrario de lo que medio mundo pensaba, Gabriel quedó devastado por el fallecimiento de su padre. Durante los actos velatorios se le vio excesivamente consternado y su llanto sufrido, manifestaba por si sólo; el inmenso dolor que estaba padeciendo. Siempre amó a aquel hombre que tristemente sintió que lo había aborrecido desde su más tierna infancia. Fueron días muy dolorosos los que enfrentaron Amanda y Gabriel luego de la muerte de Nemesio. La soledad calaba muy intensa dentro de sus vidas y amargaba cualquier instante que procurara alegrarlos un poco.
El día en que se llevó a cabo el acto solemne de grado, a Gabriel no se le notó contento. Era un día especial, esperado por siempre; pero la familia incompleta le producía aquel dejo de nostalgia, que lo apartaba momentáneamente del dichoso momento vivido por todos aquellos jóvenes; que saboreaban el dulce néctar de la victoria. Se sentía muy nostálgico y todos sus compañeros sabían el porqué de ese comportamiento inusitado en él. Su madre miraba el acto colmada de orgullo por una parte, pero a su vez, también entristecida. La muerte había tocado a su familia nuevamente y no había pasado mucho tiempo desde que Nemesio se había marchado para siempre. Pensó que tal vez no hubiese estado presente físicamente; pero en el fondo de su corazón sentía que la graduación de su hijo, lo hubiese hecho inmensamente feliz. El altavoz anunciaba los nombres y cuando escuchó el suyo, Gabriel sintió una extrañeza de sentimientos encontrados. Pensó en Plinio y en su padre.Por un instante, el momento del terrible accidente llegó nuevamente a su mente y allí estaba; el dedo acusador de su padre posándose sobre él para condenarlo injustamente.Culpa que sentiría hasta el final de su vida irremediablemente.
Recibió su tan anhelado documento y nuevamente se sintió embargado de alegría. Su sonrisa le iluminó el rostro nuevamente y con ella, se posaba airosa la alegría de vivir. Ahora él y su esposa comenzarían una nueva vida. Ya eran los flamantes abogados que habían soñado desde siempre y como tal, sabía que triunfarían. Esa noche se llevó a cabo una pequeña reunión en casa de los padres de Mercedes. Se trató sólo de una cena en honor a los graduandos. Los esposos y Amanda se retiraron temprano y cuando llegaron a la casa, una enorme ráfaga de soledad dio de lleno en sus vidas. Pero la emoción vivida esa vez superó a la tristeza y a pesar de que Amanda, excusándose muy amablemente con su nuera se retiró a descansar; ellos se quedaron charlando sobre sus pasos futuros que dentro de poco les tocarían andar. No había tiempo que perder, pensaron desde mucho antes de la graduación. No existe nada mejor, que mantener la mente ocupada para evitar el asedio de la nostalgia que, si se deja calar sin contemplaciones, puede producir consecuencias inimaginables. No había más camino que seguir adelante y así lo harían. Sin duda alguna.
José Amalio Quintero, un respetable abogado civilista les abrió as puertas de su escritorio jurídico para que comenzaran asi su fogueo en las lides legales. El Dr. Quintero era primo hermano de Amanda y llevaba varios años de experiencia a cuesta. Tomaron su primer caso algunos días después. Se trató de una demanda de resolución del contrato de arrendamiento sobre un vehículo. Fue un caso que, aunque aparentemente sencillo; se demoró mientras transitaban en los laberintos del derecho procesal, puesto que el gobierno declaró casi todos los días de la semana no laborables en ese entonces, y de esa manera, los lapsos procesales para contestar demanda, promover pruebas y otras exigencias propias de ese mundo legal, se extendían de tal manera que los casos parecían interminables. Sólo había dos días de despachos semanales y en ocasiones, uno de ellos o ambos, eran tomados para algún curso del juez o para hacer cualquier cosa y entonces la cosa era peor. Finalmente el caso fue ganado por la pareja, asesorada por el veteranojurista.
Dados los días dedicados a estudiar los casos nuevos y esperar despacho en los Tribunales, los noveles abogados decidieron continuar carreras en el Derecho. Él decidió especializarse en Derecho Penal y Criminología y ella, en Derecho Mercantil. Culminadas sus maestrías, decidieron entonces formar su propia familia. Asi las cosas, concibieron a Rodrigo y tres años después vio la luz del mundo Gonzalo. Al igual que lo sucedido con sus padres, fueron dos los herederos de la pareja. Rodrigo nación un mes de marzo, llenando de alegría infinita la vida de sus padres y los otros parientes que con beneplácito divino percibieron ese advenimiento como una de las más grandes bendiciones de la vida. Según Amanda, era el vivo retrato de su tío Plinio.
Mercedes ese día preparaba el café mientras Amanda se desvivía como siempre tratando de hacer las arepas bien redondas como las hacía su madre; pero nunca pudo ni llegarle cerca. Gracias a Dios que no eran objetos de algún concurso sino para comerlas; porqué hubiese perdido a primera vista. Siempre le quedaban torcidas. En esa casa no se comía pan en el desayuno desde una vez cuando Nemesio era pequeño, en la mañana Anastasio, su padre, al proceder a abrir la bolsa donde permanecían guardados desde la tarde del día anterior cuando los compraba precisamente para el desayuno; nada más hizo tocarla, una rata que más bien se parecía un conejo por lo grande, salió disparada de espanto desde dentro de la bolsa donde estaba sabrá quien desde cuando, haciendo quien sabe que cosa. Lo más probable era alimentándose; pero los miados de la rata debieron estar esparcidos por todos los panes. Nunca más se compró pan para guardarlos y comer al día siguiente. Los panes terminaron siendo comidos por valiente, un perro callejero que llegó para nunca más despegarse de esa casa. La manía con los panes se transmitiría tal vez por generaciones.
Estando en esos ajetreos del día a día, Mercedes sintió un leve estremecimiento dentro de sí que fue dejando de ser leve a medida que transcurrían las horas. Primeramente no dijo nada, puesto que sabía que todo estaba cerca y lógicamente empezaría a sentir lo lógico. Ya más tarde, aproximadamente a las cinco de la tarde, apresuradamente salían con Mercedes en el automóvil rumbo a la clínica donde ya estaba todo preparado para la realización de la cesárea, que aunque estuviese indicada o no, estaba ya palabreada y hasta pagada. En otras épocas se realizaban esas operaciones cuando verdaderamente las mujeres no podían tener a sus hijos por la vía natural, es decir, por la v****a. Pero con el modernismo y sus adelantos, eran cada vez más frecuentes las cesáreas. Y la realidad estaba más clara que el agua, puesto quelas mismas dejan evidentemente; más dividendos. El muchacho nació a las nueve y diecisiete de esa noche y no fue necesario como se cree erróneamente, darle ninguna nalgada, puesto que la mayoría de los bebés al nacer lloran de manera espontánea.Y lo que formó Rodrigo fue una verdadera alharaca. Tenía una súper potencia aquel llanto que parecía más bien, hijo de un famoso tenor italiano ya fallecido.
Gonzalo nació a media mañana un mes de septiembre. Esa vez si se hizo la cesárea porque había un motivo que tenía que ser tomado en cuenta. El motivo, cesárea anterior. En esa ocasión el pediatra que lo recibió si se vio en la necesidad de estimularlo un poco para que arrancara. Pero tampoco fue con una nalgada. Lo tomó por ambos pies y con la cabeza hacia abajo, le dio pequeñas palmadas en ambos piecitos hasta que, segundos después, el muchachito comenzó a llorar y dejó de estar medio aterido para tornarse rosadito. Después no hubo fuerza que acallara aquel llanto igual de potente como hacía tres años fueron los de su hermano. La casa desde entonces no paraba de estar patas arriba. Eran dos terremotos esos muchachos. Los primeros años no tanto puesto que se necesita un sinergismo potente para tal fin, lo que se materializó cuando se agregó Gonzalo a la lista y ya asi, entre ambos hacían los desastres en todo cuanto estuviera a sus alcances. Siempre había que estar detrás de ellos para evitar que se malograran con algún objeto. Todo lo agarraban y se lo sentaban al suelo, todo. Y si se estaba por un momento todo en silencio, la cosa era de pronostico reservado.
Cuando Rodrigo tenía ocho años y Gonzalo cinco, a Amanda le fue diagnosticado un cáncer de mama. Resultó que, como sucede en muchos casos, ella hizo caso omiso de un pequeño nódulo que de manera casual, se palpó en una de sus glándulas mamarias. Y realmente fue un hallazgo casual puesto que como también sucede muchas veces, ella nunca practicaba el autoexamen de mamas como siempre se recomienda en folletos, trípticos y mil maneras de informar que los estudiantes de medicina y enfermería hacen como promotores de salud para con ello, ser evaluados. Asi, al hacerle la mamografía primero y luego la biopsia del tejido en cuestión, el resultado que reveló dicho estudio fue determinante para declarar aquella malignidad que en dos años, luego de intensos tratamientos con radioterapias y posteriormente con quimioterapias, apagaron la vida de aquella dulce mujer. El revés vivido por Gabriel al igual que sus hijos y su esposa fue indiscutiblemente, doloroso en extremo. Fue una valiosa mujer que supo darlo todo por su familia, por sus pacientes y por todos quienes necesitaran de una mano amiga y ella pudiera extenderla.
Amanda se marchó triste, posiblemente creyó que iba a vivir más años para ver a sus nietos hacerse hombres de bien. Sus sonrisas habían retornado con la llegada de esos niños hermosos. Pero tal vez fueron expresiones nada más; puesto que nunca volvió a sonreír como antes. Su vida en cierto modo se esfumó cuando partió su hijo y nunca más volvió a dibujarse en sus labios, con la misma intensidad de antaño; las sonrisas perfectas. Se marchó presurosa a reunirse tal vez con la familia que se elevó ligera cuando posiblemente aun faltaban muchas cosas por vivir juntos. Pero definitivamente ya esas vidas se habían apagado desde hacía mucho tiempo. Gabriel aun persistía y lucharía por seguir un legado, ese legado que aprendió desde su más tierna infancia y que compartirá de seguro, con sus hijos y su esposa y en un futuro, los nietos que quiera regalarle la vida, si la misma alcanzara para ello.
Ya por ese entonces la pareja había fundado un complejo jurídico de magnitudes enormes. Dicho Bufete fue denominado“Escritorio Jurídico Morgado - Blanchard y Asociados C.A”. Primeramente era dedicado a la defensa penal y la asistencia mercantil puesto que eran esas sus especializaciones. Se fueron agregando otras especialidades ejercidas por eminentes juristas, dado el prestigio que comenzaba a cobrar auge dicho despacho de abogados. Gabriel sintió que quería seguir su camino en dicha especialidad y encaró nuevos retos relacionados y se adentró a estudiar Criminalística y posteriormente Derecho Penal Internacional.Eran muy afortunados de estar juntos y constantemente se superaban, mientras sus muchachos crecían a pasos agigantados. Pasaban ligeros los años y él continuaba escuchando en sus silencios y vivenciando en sus sueños, la aciaga tarde en que mató a su hermano.
Tal vez por ello se había enfermado del corazón. En su vida se sucedieron todos aquellos momentos que son parte de la misma e inevitablemente llegan a ella porque llegan. Pero su familia lo colmaba de amor por completo a cada instante, cada día con más intensidad. Definitivamente su corazón estaría triste para siempre. Por eso, aquella madrugada extensa, se paró de manera muy pausada tratando de no despertar a su amada Mercedes. Ya el Dr. Betancourtllegaba a la recámara acompañado de su amiga, donde lo esperaba su amigo de la infancia. La cara del cardiólogo hablaba por si sola. En su mano permanecía un electrocardiograma que le había hecho unos días antes y que mantuvo consigo para detallarlo con mucha calma junto a Nicolás, su pareja. Él por lo pronto lo esperaba en el automóvil. No eran muy buenas las nuevas que le llevaba ese día.
Hola Eligio. Por lo visto no creo que haya mejorado mucho que se diga.
Tienes razón Gabriel. El problema persiste. Es más, Nicolás y yo estudiamos detenidamente el electro anoche y pensamos que se ha complicado más bien. Habrá que hacer más estudios y cambiar el tratamiento.
¡Ay Dios Eligio! ¿Más pastillas?
Si amigo mío.
Caramba. Tenía la lejana esperanza de que me ibas a decir que pronto me iba a poner bien y que dejaría de tragar tantas pastillas. Eso que me dices si que no me gusta nada de nada.
Pues, en verdad siento mucho que no sea así. Pero como comprenderás, siempre soy muy honesto con los diagnósticos. Nunca me precipito antes de estar bien seguro, pero desde ya te adelanto que la cosa es seria. No te voy a engañar.
Bueno, que sea lo que Dios quiera. ¿Que se le va a hacer?
Padecía Gabriel una arritmia cardíaca desde hacía algún tiempo. Le fue diagnosticada primeramente por los síntomas. Su amigo pensó en un primer momento que se trataba de algo pasajero. Había estado muy atareado últimamente con los estudios. Pero él nunca más regresó a la consulta que en ese entonces había recomendado muy amablemente el médico que lo atendió cuando presentó una crisis hipertensiva. No había sentido nada más; pero definitivamente cuando el organismo da un aviso, hay que hacerle caso. Con el paso de los años sintió malestares diversos, taquicardia y leves dolores de cabeza que él continuamente achacaba a sus tantas ocupaciones y a sus eternos desvelos cuando era despertado por sus pesadillas de siempre que le robaban gran pate de su tranquilidad. Se denomina arritmia cardíaca a aquellos trastornos en la formación yla conducción de los impulsos cardíacos. En su caso, esa alteración había empeorado, según su cardiólogo. Éste le explicaba detenidamente, y aunque no le entendía una letra siquiera, con mucha atención escuchaba sus explicaciones. Posteriormente se lo “traducía”a un lenguaje más entendible por ellos.
El ritmo cardíaco será considerado normal, cuando se origine en el nódulo sinusal y seconduzca a través de todas las estructuras cardíacas por las vías acostumbradas en formanormal. De acuerdo con éste concepto, un simple retardo en la conducción de los impulsoso una secuencia de activación anormal, como ocurre en los bloqueos de ramas y en las preexcitaciones, serán considerados también una arritmia cardiaca.Consideramos que en tu caso se trata de un trastorno de conducción. Te explico: Un trastorno de la conducción puede determinar la aparición de un bloqueo cardiaco.Estos se clasifican en cuanto al grado de severidad en bloqueos de primer grado como en tu caso, cuandoun impulso atraviesa con lentitud la zona de bloqueo.
Ahhhhh. Decía Gabriel sin entender nada de nada.
Ya yo no era el malandrito del barrio, ya era todo un malandro. Asi, con todas sus letras. Ya me había superado un poco, pues había dejado de oler tanta pega y otros líquidos inflamables que me dejaban atarantado por un rato. Ya me metía marihuana todos los días. Hasta de vez en cuando me embutía una buena nota con algo de más calidad, cuando alguna movida me dejaba más plata de lo acostumbrado. En esos casos hasta comía decentemente tres veces a día y me echaba unas cervezas también. La calle se ponía cada día más peligrosa, puesto que la vida era cada vez más exigente. El gobierno hacía la vida cada vez más difícil con la maldita robadera del presupuesto y la comida y todo lo demás, cada vez eran más costosos. En ese enorme país bordeado de tanto progreso y tantas riquezas, había la otra cara de la moneda; cada día la pobreza también crecía vertiginosamente como el crecimiento demográfico típico de las metrópolis cosmopolitas. Cada vez llegaban más inmigrantes de todas partes del mundo y para todos no alcanzaba la cosa.
Por eso éramos más los tipos que vivíamos en la calle. Por haber cada vez menos que comer, era que crecía tanto la delincuencia. Y la mayoría nos iniciábamos en la calle, porque perras como mi madre, sin querer ofender a esas nobles bestias; que parían por parir, maltrataban tanto que no nos quedaba de otra que dejar el pelero. Era preferible sobrevivir en el andurrial aquel que vivir en el infierno.Ya yo tenía dieciocho años y quería tener una jeba y una casita también. Cada quien tiene su corazoncito.En ese mundo asqueroso uno aprendía a hacerse adulto a la fuerza bruta. De tanto llevar tropiezos de todo el mundo, a uno se le ponía el corazón y el alma más fuerte que la piedra más dura de todas las piedras habidas y por haber. No hubo un sólo dia de mi azarosa existencia que no sintiera odio por todos cuanto me hicieron daño; sobre todo de aquellos que más bien debieron ver por mí. Ya el daño en mí era irreversible. Ya no había vuelta atrás y como buen hijo de la calle, hermano de la rudeza y del pecado, marido de la maldad; tenía que seguir para adelante y llevarme por los cachos a quien se me atravesara, sino a quien se llevarían sería a mí. Era asunto de sobrevivencia. O matas o te matan, o tu o ellos.
Si me daban ganas de aquello, quien se atravesara y sirviera quisiera o no, fuese macho e hembra igual servía. Total, era para apagar un fuego repentino, fuego que se avivaba con las drogas y que se repetía día tras día. Robaba para poder fumar marihuana y fumaba marihuana para poder robar, y de tanto robar y fumar, daban ganas de aquello. Ese el maldito circulo viciosos de todos los días y asi se regaba como pólvora, el sida y otras pestilencias contagiosas por el sexo promiscuo y las agujas compartidas. Esa era la vida de la calle. Esa joyita que los que nacimos en esta parte oscura de la vida, enfrentamos constantemente robando y drogándonos para aguantar como los machos el hambre, el frío y los sinsabores de la decencia que se perdía cuando se nos abandona como trapos sucios e inservibles. Crecía eso si, aquel poco de puticas baratas y hediondas y de maricones a la fuerza. Bichitos que después de una primera vez, se enviciaban y entonces nadie se los podía sacar de encima queriendo cada vez más de la ración que uno podía dar.