18

1675 Words
Al final terminé haciendo unas cuantas casas más para que Jack las fuera sumando y al terminar dieran más de doscientos nuevos hogares a los que les faltan personas que las habiten. Regresamos al castillo con el mismo paso lento que tomamos cuando veníamos, lo tengo que transformar para que se eleve por los cielos y me diga en donde está la salida que es fácil perderse entre la construcción de casas. Sé que la transportación me resolvería varios problemas, pero hoy quiero llegar tarde a casa porque Alandher no está y no hay nadie con quién hablar, mi hermana está ocupada siendo la encargada de registrar la disponibilidad de casas que hago y así asignarle a cada nuevo ser una casa. Creo que tenemos como trescientos seres viviendo bajo el mando de Alandher y mío, algunos de ellos han comprando terrenos para sembrar semillas y así proveer alimentos y otras cosillas. Los cazadores que viven aquí son la policía que se encarga de cercar y de hacer todo de forma legal, Alandher tomó varias leyes y modificarlas para la unión pacifica entre especies. Es algo tedioso porque en ocasiones nos encontramos con peleas tan fuertes como tontas que nos dan cosita porque somos diferentes y algunas especies tiene conflictos con otras y es un lío, pero todo se puede resolver con o sin magia, así que es bueno tener a alguien como Morgan en el poder. El hermano de mi esposo se volvió muy útil al momento de ser quien vigile la paz en lo que queremos lograr, por ello se quedará como guardia este día. Llegó a casa antes de que el sol se ponga, suspiro antes de caminar a paso firme a mi habitación, los empleados no están a esta hora porque yo decidí que la magia podía ayudar a la mejora de esto, tengo entendido que puedo lograr mucho con la magia que corre en mis venas. Cuando llegó a mi habitación la magia de alguien más me estrella contra la pared, no me da tiempo de ver quién es porque tapa mis ojos con una especie de tinta que me priva de todo. Escucho que ríe, y por el sonido es una mujer. Toma mi cuerpo para envolverlo en el edredón antes de aventarme al suelo, luego me arrastra a quien sabe dónde, sólo puedo hacerme ideas de los lugares que pasa de mi hogar. No entiendo cómo es que entró a mi casa y a hora me lleva como su fuera un costal de papás. Me remuevo despacio antes de sentir una patada en mis costillas y la advertencia de portarme bien o volverá a patear, pero ahora con una navaja en su pie. Tragó despacio. Mi magia es mucha y puede liberarme de esto, pero es más mi curiosidad por ver qué le hará Alandher, quiero ver qué es capaz de hacer por mí. Aunque no debería ni pensarlo. Tragó despacio antes de sentir como me aprietan y ponen como si fuera un costal de papas. Comienzo a removerme contra la persona que me carga y sólo me dice que me matarán si me sigo moviendo. Estoy por hacer algo con magia cuando escucho gritos y después el sonido de algo filoso cortando cosas sin compasión. Lo que sea que me carga cae junto conmigo, pero debido a lo que me protege no quedó muy lastimada. Me quitan esa cosa de la cara y el rostro de Acerys queda al d*********o y no tardo en abrazarlo y agradecerle por ayudarme. Miro a los que están y todos me asienten porque me ayudaron a matar lo que sea que me estuviera secuestrando. Mis ojos van a la cabeza que Cassian sostiene. —La vimos en el palacio de Rhaysan—comenta Alaya para mí—. Y esa cosa es un ogro, seguramente los mandaron por ti. Miro la bruja y el ogro que está partido a la mitad, me molestó porque Rhaysan no pudo haber caído tan bajo para intentar secuestrarme, miro a mis allegados antes de pedirles que transporten el cuerpo de ambas cosas, que le haremos un mensaje al rey de las brujas. /// —¿Cómo m****a sucedió?—brama Alandher dando vueltas como una animal—. Mi esposa casi es secuestrada y nadie se habría dado cuanta. —Debieron entrar por uno de los puntos ciegos—Morgan no se ve afligido por la actitud de su hermano—. Deberían buscar alguien que cuide las fronteras. Alandher le dirige una mirada asesina que me hace temblar, me pongo de pie antes de caminar a los libros que tengo aquí y empezar una búsqueda para encontrar algo que me hace sonreír. Me alejo de todos antes de transportarme y usar mi poder para que la magia haga efecto. Miro alrededor antes de suspirar y mover los dedos creando lo que d***o. Las ramas secas de los árboles crujen bajo mi movimiento, cada cosa que ocupo es arrastrada y pegada a lo que estoy formando, hace mucho que lo intente, pero no tenía estos poderes y ahora que puedo hacer algo mejor, es cuando consigo que mis bestias de bosque se creen. Una gota de mi sangre y bastará para que sólo me sean leales a mí, por eso los seres me miran con frialdad, sonrío cuando todos me miran con respeto. —Mis guardias—son al menos unos cuarenta soldados hechos de naturaleza—. Ustedes cuidarán mis fronteras de los invasores, matar a los enemigos e invasores, no a los buscadores de paz y seres que busquen tener un hogar en mis tierras. <<Se armarán cuando el enemigo ponga un pie dentro del límite, todo lo que no sea amistoso se muere. Arrestred. Todo se borra de nuevo. Me voy a otro lado para hacer lo mismo y así asegurar cada espacio del límite de mi territorio que he ganado a pulso con Alandher. Ambos tenemos trato con muchos seres que están dispuestos a unirsenos y dejar nuestro pequeño pueblo como capital. Regreso a casa y aquí mismo creo seres de piedra para que vigilen el castillo y así Morgan pueda enfocarse en el pueblo. Una vez arreglado ese asunto me pongo a ver los huevos que trajeron, todos tienen vida, pero algunos serán difíciles de asignar y más porque un dragón escoge al jinete. Llevo los huevos a una habitación y los pongo en columnas que los sostiene y sostendrán hasta que su jinete aparezca. Pueden pasar años antes de que eso suceda, pero vale la pena tener algo de esperanza. Cassian dice que irá a ver a Isabella que ya debe estar en su casa descansando después de un largo día trabajando para la asignación. Notó algo raro a Cassian pero no le digo nada porque sí levanto sospechas de un posible jinete muchos querrán estar atentos a sus movimientos. Alandher mira por la ventana de nuestra recámara con un gesto frío, sé que sigue molesto por lo sucedido de hace rato, pero no puedo cambiar el hecho de que Rhaysan querrá venganza por alejarme de él, o por la búsqueda de crear un nuevo reino. No lo hacemos por ambición, o eso quiero creer, lo hacemos porque queremos unión entre especies y sólo nos faltan unas cuantas para que quieran igualdad y así puedan vivir entre nosotros sin miedo a lo que se les pueda decir. —¿Crees que quiera venir por ti?—se gira a verme mientras termino de subir el tirante de mi pijama—. Lo digo porque es una posición. —Ya había pensado en ello—me siento en la cama para desenredar mi cabello mientras mi cabeza vuela para pensar—. Rhaysan no parece ser estúpido para separarme de ti. —A mí me parece bastante estúpido—sonrío antes de negar. Se acerca para acostarse a mi lado y subir los pies por encima del edredón que cubre nuestro colchón, me gusta que el color de la tela sea verde jade, no sé, siempre me ha parecido un color muy bonito y por ello creo que debería poner las cortinas del mismo color, pero no se podría porque la magia las cambia cada que quiere. —Debería mandarle decir que su pareja me ha dejado follarla hasta el amanecer—sus dedos rozan mi clavícula antes de depositar unos cuantos besos por la piel caliente de mi cuerpo—. Y que se moja como el infierno cuando está sudando. —No es divertido—se ríe contra mi piel antes de lamerme suave—. Tal vez su regalo le guste. —¿Cuál regalo?—deja de jugar con mi cuerpo para mirarme nervioso. —Le mandamos un regalito—sonrío recordando lo que hay en la caja. Se lo mandé con una linda ninfa que no dudo en ser mandadera, un par de alas y pudo irse volando para llevar el mensaje que quiero que ese bastardo reciba al saber que no tengo ganas de discutir con él. Rhaysan debe entender que no tengo intenciones de caer en sus juegos y que lo que envíe terminará así. Degollado o quemado. Eso es lo que quiere y provoca al mandar sus criaturas que no tienen ganas de decir nada, pero también sé que nada pasará a esos hombres que hice y que protegerán el lugar de cualquier ser que se pase de listo. —No voy a preguntar—asiento antes de besarle los labios—. ¿Pensaste en mi propuesta? —Sí, y la respuesta es no—abre los ojos por esa afirmación—. No quiero un hijo tan pronto cuando se supone estamos empezando a reinar, deja eso para después que nuestros poderes nos ofrecen otros cien años de vida. —Pero no de juventud—lo beso suave en los labios antes de ponerme de pie y caminar a la ventana. —Dame dos años. —¿Para? —En dos años prometo darte un hijo sin importar como estemos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD