Apareció una nota en la puerta esta mañana y Alandher se rió al leerla y me dijo que se podría ir al infierno y luego me dio la carta para que la leyera yo. Al estarla leyendo me quedé sorprendida cuando leí cada una de las palabras que Rhaysan escribió.
Queridos señores.
Quiero hacer una reunión con ambos porque han estado sucediendo cosas que no son naturales en la barrera de las Ninfas por lo que necesito hablar con ustedes dos que se supone son los nuevos reyes que han surgido.
Quiero hablar con ustedes pronto.
Después de que Alandher terminará de reírse le dije que si podríamos aceptar hablar. Me dijo que estaba loca y no sé que tanto, pero después de varios días logré que aceptará el hablar con Rhaysan.
Por eso estoy escribiendo la carta que le responderá al rey de las brujas lo que quiere escuchar como repuesta.
—¡Harper!—levanto la cabeza para ver a mi hermana—. Cassian, por favor, se ve extraño.
Me levanto del asiento y sigo a mi hermana que trata de caminar más rápido para llevarme a su dormitorio, nos transportó con magia antes de hacernos aparecer en su puerta, entramos y me quedo pasmada. Cassian está acostado en la cama con sus manos sobre su cabeza y gritando contra la almohada. Tragó despacio.
—Ve por Alandher—asiente antes de darse la vuelta e irse.
Me acerco a Cassian antes de acomodarlo sobre la cama para intentar calmarlo, sé que está sucediendo. Cassian fue escogido por uno de los huevos que hay abajo.
—¿Cassian?—gira su cabeza a mí y el color de sus ojos es verde y su pupila está igual que la de un dragón—. ¿Sientes dolor?
Mueve la cabeza afirmando y luego toma mi mano y la pone en su corazón. Fuego. Su dragón está generando el fuego que escupira siempre. Mando anestesia a su cuerpo y parece relajarse con eso, suspira despacio cuando el dolor se le pasa.
En estos momentos es más un animal que él mismo, por eso me quedo con él hasta que Alandher entra a la recámara y me mira sentada con su amigo que tiene la cabeza en mis piernas.
—Es un jinete—le aclaro antes de que entre en la habitación—. Asignale una habitación a mi hermana y dejemos que Cassian sufra la unión.
—¿Y tú?
—Tendré que quedarme aquí—mi hermana me mira con cuidado desde la puerta al igual que Alandher—. Usa la magia para calmarlo.
—Controla al animal.
—¿Puedo quedarme?—la voz de mi hermana me hace negar.
—No, Isabella—responde Alandher por mí—. Cassian es peligroso sin un poco de magia que lo controle, deja que Harper se haga cargo.
—Soy su esposa—solloza mi hermana para los que alcanzan a escuchar.
¿Cómo puedo explicarle que Cassian no será el mismo por los próximos dos días?
Esto es algo que va comenzando, el dragón de Cassian es quien toma el control de él en este tiempo porque está formando el vínculo y si mi cuñado no sobrevive alguien más pasará esto.
—Eso no importa, Bella—mi hermana me mira con dolor en sus ojos.
Ignora las palabras de Alandher antes de caminar a nosotros a paso firme y a la vez titubeante, traga tan despacio cuando Cassian gruñe como si fuera un animal, mis nervios se afloran porque en este momento el hombre que duerme puede matarla sin medir las consecuencias.
—¿Cassian?—pongo el campo alrededor de mí y de Cassian para que no le salte encima—. Soy Isabella. Tu esposa.
—¡Largo!—sisea en un tono tan animal.
—¡Me amas, Cassian!—le grita mi hermana dolida—. Por favor, te amo con todo mi corazón.
—¡Qué te largues!—se levanta y con fuerza que no controló rompe el campo de fuerza.
Me pongo de pie y alcanzo a ponerme en medio de él y de mi hermana. Cassian bufa gruñendo despacio, en sus ojos sólo está la furia del dragón y el hombre está enterrado, me mira con enfado antes de ver sobre mi hombro. Me quedó quieta esperando que haga algo.
—Dile que se largué—murmura para mí en ese tono vacío—. No la quiero cerca de mí—asiento despacio.
Me doy la vuelta cuando lo veo marchar a su cama. Mi hermana está llorando porque no esperaba esa reacción de Cassian, tragó despacio antes de ver a mi hermana y saber que tengo que decirle que su esposo no la quiere.
Por el momento.
—Bella, necesito que vayas con Alandher—me mira y más llora—. Tu marido es un jinete y el dragón lo controla… Alandher te lo explicará a más detalle, pero debes irte.
—¿Por qué él?
—El dragón lo escogió—asiente triste antes de darme un abrazo.
Cassian gruñe al fondo de la recámara y yo tragó antes de apartarme de ella, le doy un beso antes de prometerle que lo cuidaré.
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"—¿Qué tal va?—Alandher.
"—Sigue dormido—suspiro mirando al Cassian que pierde su color de cabello natural para darle la bienvenida a un rojo oscuro como el cobre—. Tal vez despierte con sed, sería bueno meter un par de barriles con agua.
La risa suave de Alandher se escucha por toda mi mente haciendo que mi corazón lata con fuerza de oírlo.
"—¿Y Bella?
"—Soportando.
"—Espero no le hayas dicho que se puede morir si no pasa todo el proceso—escucho el sonido de sus pulmones al respirar y luego soltar el aire—. No quiero que lloré más antes de que siquiera suceda.
Seguimos conversando por un rato hasta que Cassian comienza a quejarse porque algo le duele, pongo mi mano en su espalda para mandar ese tranquilizante que produzco, se calma antes de incorporarse despacio y jalarme de un pie para acostarme sobre el colchón y usarme como almohada.
Pido paciencia en mi cabeza antes de cerrar los ojos y quedarme dormida con Cassian durmiendo a mi lado.
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Me despierto por el sonido de algo golpear contra algo, miro a mi lado para notar que Cassian ya no está, es cuando me incorporo a velocidad de rayo antes de ver qué está sentado en una silla con la mirada perdida en el cielo.
Volar.
Está haciendo efecto y como paso la noche, es hora de llevarlo con el huevo.
—¿Cassian?
—Hola Harper—su voz normal.
Ya es él de nuevo.
Me levanto y camino a él, tomo su mano para estirarla y buscar el tatuaje que lo vuelve un jinete, tomo la otra y encuentro lo que busco.
La marca perfecta de un dragón.
—¿Crees qué me odie?—niego despacio—. La trate horrible ayer.
—Era el dragón hablando por ti—suspira sin entender cómo es que eso es posible, tomo su rostro para hacer que me mire—. Mi hermana te ama, nunca lo dudes, hoy y siempre. Pero ayer no eras tú mismo quien estaba tomando el control, era esa parte natural que te corresponde.
<<Anda, vamos a que veas como se abre tu huevo.
Asiente antes de irse a cambiar, me pongo el vestido limpio que había previsto, y ambos salimos de la recámara, los pasillos están vacíos a esta hora de la mañana porque Alandher debió mover al personal para dejar que yo me encargará de Cassian que va extrañamente callado.
Es difícil aceptar algo nuevo y más cuando esos cambios te involucran a ti, es muy difícil aceptar eso. Por eso lo dejo que vaya en silencio.
Bajamos las escaleras principales y sin querer mi hermana está al final de ellas, nos mira y sus ojos se iluminan al ver a su esposo bajando con cuidado por ellos. Casi quiere brincar de ver a mi acompañante que niego para ella, entiendo que no quiere conflictos con ella por el momento.
—Cuando regrese.
Tomo el camino para las salas traseras y la cara que dejamos en Isabella es algo que me seguirá por siempre. Una triste y rota que me hace temblar, pero no digo nada mientras avanzo pasillo por pasillo, abro las puertas para que Cassian entre y camine al huevo que lo llame a él.
Cassian mira uno a uno con curiosidad y al final se va por un huevo, el cuarto que atrajo su atención, camina despacio hasta que llega a ese lugar. Mira con cuidado el huevo antes de cerrar los ojos y suspirar.
—¿Qué te dice?—mi voz suena entre las paredes silenciosas del lugar.
—Mi nombre—toma el huevo y lo levanta con cuidado para acercarlo a él—. Lumux.
El nombre del animal que hay dentro de ese cascarón que empieza a romperse en crujidos y movimientos de parte del dragón que hay dentro.
—Puedes bajarlo de ahí, Cassian—se separa de él para sentarse en el suelo y ver cómo el dragón abre su huevo.
Cassian pone atención en cada minuto que pasa hasta que finalmente se alcanza a apreciar un bebé dragón de color rojo quemado como el cabello de Cassian que sonríe al ver el animalito que lo escogió.
—Lumux—el dragón ladea su cabeza viéndolo—. Hola, pequeño.
Pasa sus manos por las escamas del pequeño dragón que hace ese sonido característicos de ellos.
Cassian lo carga en sus manos y el animal lo reconoce como su jinete.
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Llegamos al comedor donde está Alandher con mi hermana sentada con una mira triste hacia su plato, no levanta la cabeza ni cuando entramos. Alaya nos mira con sorpresa porque el dragón va en el hombro de su dueño viendo todo lo que sucede.
—Con que así se ve un dragón natural—sé porque lo dice—. ¿Y cómo será adulto?
Gregory no estuvo leyendo lo que yo, así que para mí es fácil responderle en palabras que hacen que se confunda más, me rió a carcajada antes de explicarle que Cassian debe enseñarlo a volar y ya solo crecerá, sus alas serán enormes cuando el momento sea justo.
Cassian camina a Isabella antes de darle un beso en la mejilla para llamar la atención de mi hermana que lo mira con amor antes de ponerse de pie y abrazarlo.
—¿Por qué no le das a Jack y que lo enseñé a volar?—niego sentándome en mi silla.
—Es cosa del jinete.
Respondo suave.
Es cosa de Cassian el que su dragón crezca antes de que los otros huevos elijan a su jinete. Que si alguien más adquiere el dragón y lo hace volar ese será el más grande de todos y no el que acaba de nacer.