No olvide usar falda.

1342 Words
Camil: Estaba parada frente la oficina del Profesor Blake, me estaba armando de valor para poder tocar la puerta, tenía la sensación de que algo iba a pasar, me gustaba llamarlo ultra instinto pero mi terapeuta lo arruinaba diciéndole "ansiedad" Respiré pesadamente, mi ciclo escolar y mi graduación dependía de esta calificación. Sin más rodeos toque ligeramente la puerta. —Adelante.—se escuchó la gruesa voz de mi profesor de literatura. Tomé la perilla y abrí la puerta para adentrarme a su oficina, conocía bien este lugar puesto que siempre me paseaba por aquí, me citaba para regañarme o decirme que era su peor alumna. Estaba completamente recargado en el respaldo de su asiento y su corbata estaba floja haciéndolo ver muy sexy. Tragué saliva como pude. —Lamento las fachas, ha sido un día bastante estresante pero siéntese por favor.—ordenó señalando con la mano una silla de cuero que se ubicaba frente a su escritorio mientras que con la otra mano acariciaba su sien. —Lo siento si me demoré mucho en llegar, estaba... en el baño.—dije riendo suavemente. —Habla más fuerte, no se te escucha nada.— demandó molesto rodando los ojos. Paciencia, paciencia, ¡PACIENCIA! —Profesor, vine aquí para hablar de mi calificación.— espeté molesta. —Ah, claro. Tu calificación es un completo desastre, tu promedio es de 3.7 y el final es de 5.1— contestó deslizando la lista en su escritorio para mostrarla. Tomé la lista de la clase temblando de enojo y el único nombre que estaba subrayado con rojo era el mío. —¿Está bromeando a caso? Se me hace una estupidez que todos tengan arriba de ocho y yo no alcance siquiera un maldito seis.—contesté furiosa ya sin paciencia. —¡Es la última vez que te permito hablarme así en mi propia oficina!—dijo gritándome dejando caer su mano en el escritorio de madera. —Perdón profesor.— susurre mirando mis piernas a punto de llorar. —Te dije que hablaras más fuerte. —Perdón me pone nerviosa.—contesté sincera ya sin ganas de pelear y a punto de irme a vivir a la calle porqué no acabaría la prepa y tendría que hacerme vagabunda. —Mírame a la cara. Levante mi vista y por primera vez en todo el semestre lo vi directamente a los ojos. Su mirada era dura y con cierta oscuridad, era cómo sí... Parecía que podía ver hasta el secreto más oscuro de mi ser, escudriñar hasta el fondo. —Su mirada es muy... penetrante profesor. —¿Te pongo nerviosa cariño?—preguntó levantándose de su asiento caminando hacía la puerta poniendo el seguro. Un escalofrío me recorrió sin piedad. —Solo, solo un poco.— contesté tratando de conservar la calma pues sentía su presencia atrás de mi. —Eres alguien bastante interesante, Camil. Me gusta observarte, pequeña.— habló posando sus pesadas manos en mis hombros haciéndome respingar por lo frío de sus anillos en mis hombros desnudos. Mis compañeras tenían miles de fantasías con el profesor y parecía que yo era la suertuda que iba a cumplirlas. —¿Por... por qué le gusta observarme?— pregunté suspirando entrecortadamente. —Señorita Peters, si me permite decirlo, es una chica muy bella e inteligente. —No puedo serlo tanto si no aprobé su clase.—contesté rodando los ojos. —Porqué es inteligente le exijo más que a sus compañeros, aunque creo que me excedí un poco haciéndola molestar.— dijo riendo ligeramente. Era la primera vez que escuchaba al Profesor David reír, era bastante agradable para ser sincera. De pronto había pasado de ser un estúpido ogro gruñón a un hombre que me hacía estremecer con solo palabras. —Muchas gracias profesor, si me permite decirlo usted también es bastante atractivo.—contesté ruborizandome ligeramente. No era una chica tímida pero aceptar que mi profesor idiota era atractivo frente a él era otro tipo de situación que me hacía ponerme de mil colores distintos. —No crea que no noto sus miradas.— dijo mientras daba vuelta a mi silla giratoria para dejarme frente a él dejando sus manos a cada lado de la silla, me tenía acorralada. Estaba en sus manos y a su merced. Su mirada era diferente a todas las que algún día me había demostrado, se veía oscura y transmitía deseo en su máximo esplendor. —Usted también lo hace, muy seguido de hecho.—respondí, en un pequeño acto de valor sintiendo mi pecho subir y bajar rápidamente. No era tonta, sabía a dónde llegaría todo esto... Ahora sabía a que se refería con que podemos ayudarnos mutuamente. Decidí avanzar un poco y separé ligeramente mis piernas para que el acomodara entre ellas. Mi mano se dirigió a su brazo y le di un ligero apretón invitándolo a seguir. En un movimiento algo brusco colocó sus manos en mi cintura haciéndome parar y guiandome hasta la pared para ponerme contra esta duramente. —Creo que por fin nos estamos entendiendo, señorita. Comenzaba a acalorarme toda la situación. Mi profesor me tenía contra la pared, mientras sus manos apretaban fuertemente mis caderas. La diferencia de estatura era mucha por lo que tenía que mirarlo hacía arriba. —Desde el momento en que entré a ese maldito salón y me miraste de esa manera descarada no sabes cuánto te deseo. Sus manos comenzaron a descender hasta mis piernas desnudas por la falda. —Señ..or David._ susurre tratando de no sonar desesperada como lo estaba realmente. —Después me mirabas con desprecio y mi deseo por ti solo fue en aumento cariño.— comenzó a repartir pequeños pero húmedos besos en mi barbilla provocando una sensación placentera que me volvía loca. Sin poder resistir más mis manos se fueron a su cuello y lo atraje a mi aprisionando sus labios contra los míos. El beso comenzó de una manera suave pero no tardó en aumentar a un ritmo más salvaje y apasionado. Con su mano recargó mi pierna en su cadera para estar más cerca uno del otro. —¿Quieres, quieres que haga esto?.— preguntó entre besos. —¿Hacer qué?—pregunté confundida. Con su mano libre y sin previo aviso dirigió una mano a mi centro presionando suavemente en el lugar justo. Solté un pequeño gemido por la exquisita sensación y el aprovechó para meter su lengua en mi boca y besarme a su antojo, podría decir que hasta con desesperación. —Profe... profesor.— gemí suavemente. —Shh, quédate quieta y se obediente niña. Su mano se movía lentamente haciendo de mi placer un martirio. Inconscientemente empuje mi pelvis hacía adelante para sentir más sus caricias. De un momento a otro me soltó y se separó de mí dejándome en shock. —No, no podemos hacer esto.—dijo caminando como si nada a su escritorio. —¿Es una broma, no?—pregunté sorprendida porqué hace segundos estaba dispuesto a follarme en el escritorio. Me limpié los labios y me acerqué tambaleante hacía la silla. No iba a calentarme para después dejarme botada como si fuera nada. —No me di a entender cariño, no podemos hacer esto aquí.— contestó limpiándose el labial que tenía embarrado por los besos. —Debes de estar jodiendome.— contesté acomodando mi falda poniéndola en su lugar. —Señorita Camil, la espero mañana sábado en mi casa para darle las clases particulares que tanto necesita.— habló viéndome mientras se mordía el labio.—Pasaré por usted a donde guste, sacaré su teléfono del grupo de w******p de la clase así que no se preocupe. —Por supuesto Señor Blake, agradezco su consideración.—contesté divertida. —Puede retirarse. Le regalé una sonrisa y caminé fuera de la oficina. —¡Señorita Peters!_ escuché la ronca voz del profesor a mis espaldas. Volteé provocando que mi falda se alzara un poco dándole una pequeña vista a mi ropa interior. —Por favor no olvide usar falda...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD