Camil:
Llegué tambaleante y sudorosa a mi hogar, cerré la puerta del departamento y me recargue en esta para poder sostenerme un poco ya que estaba un tanto agitada.
Seguía un tanto en shock por lo ocurrido con el Señor Blake en su oficina.
No era tonta y se que por más que lo odiara la otra mitad de mí lo deseaba con locura pues lo hizo desde un principio. Sabía lo que ocurriría si decidía ir a su casa; sabía que la "ayuda mutua" sería follarmelo para poder graduarme y por supuesto que lo haría.
No era una santurrona pero jamás me había creído capaz de llegar a esta situación tan complicada y peligrosa, tan excitante pero por más que me intrigaba en cierto modo me asustaba.
—¿Cariño? ¿Llegaste a casa?—preguntó mi madre desde la cocina.
—No, soy un fantasma.—brome con ella, dejando mi bolso en el perchero que estaba en el recibidor para ir en su encuentro.
—Creo que lo tonta no se te quitó desde que te me caíste de cabeza... Es una lástima.—dijo ella riendo ligeramente.
Mi madre era una mujer muy graciosa y particularmente tenía un sarcasmo ácido que con los años yo le había aprendido.
—¡Oye!— reclamé algo ofendida por su broma.—¿Qué tal tu trabajo?— pregunté cambiando de tema.
—Muy bien tesoro, desgastante pero sabes que tengo que ir.— se quejó quitándose los tacones enormes que la hacían almenos diez centímetros más alta.
—Mamá, eres la jefa literalmente puedes trabajar en casa.— rode los ojos recordándole lo obvio.
Iba a seguir hablando cuando el sonido de mi teléfono me interrumpió.
Profesor idiota:
—Espero esté lista para mañana Señorita Camil, estoy ansioso de demostrarle todo mi conocimiento.
Una sonrisa tonta salió inconsciente de mí y un ligero escalofrío recorrió mi espina dorsal.
Camil:
Mucho no puede enseñarme si reprobé su materia; No es buen maestro o simplemente no sabe nada.
Sabía que estaba jugando con fuego, pero provocarlo un poco no le haría daño a nadie.
Profesor idiota:
Mañana te daré y follaré tan duro que te costará trabajo respirar. No es advertencia, es aviso.
Ignorando su último mensaje dejé el teléfono sobre el desayunador sin parar de sonreír tontamente.
—Stop, stop, stooop— habló exageradamente mamá.
—¿Ahora que pasa?—pregunté divertida por su actitud tan explosiva.
—Ese pequeño rubor en las mejillas, ese labio mordido y esas manos sudorosas solo significan algo... ¡Verás a un hombre!, ¿Ya tuvieron relaciones!— preguntó mientras dió un golpe en la mesa como si hubiera descubierto un secreto de estado.
—¡Mamá por Dios!— grité exaltada debido a su pregunta.
Muchas veces me llegó a incomodar con su "liberalismo" pero conforme he ido creciendo me doy cuenta que es una bendición tener a una madre así; es una mejor amiga que me regaña y comprende pero corrige cuando estoy mal. Es muy abierta respecto a todos los temas y muy comprensiva lo cual agradezco infinitamente al cielo.
—Ay por favor Camil, soy más grande que tú y entiendo a la perfección, ¿No le contarás a tu mami de ese muchacho?— se sentó enfrente de mi expectante por lo que quería escuchar.
Dudé seriamente en decirle pero vamos, es mi madre y además mi única amiga.
—Pues... Tal vez "muchacho" no sea la palabra adecuada.— sonreí penosa entrelazando mis dedos y haciendo mi voz un poco más infantil para aparentar inocencia.
Su sonrisa se agrandó aún más y no habló esperando más detalles.
—Tiene veintisiete años y es mi pro...fuslñqjs filosofía.— dije rápidamente para que no me entendiera.
Ella rodó los ojos por mi niñería.
—¡Habla ya o te envió a un convento de monjas!
—¡De acuerdo! Es mi profesor de Literatura, no logré acreditar su materia.—solté de pronto.
—¿Te acostaras con el por calificación?— preguntó bastante sorprendida.
—No... O sea, bueno puede... Bueno sí._ dije pausadamente.—¿Estás... molesta?— pregunté juguetona esperando los gritos o su reclamo.
—Cariño ¿Es un señor obeso y calvo con olor asqueroso? Porqué si lo es, tu mamá no es exageradamente rica para no usar ese dinero.
Contestó rápidamente haciendo alusión a qué podría sobornarlo.
—Por supuesto que no.—suspiré recordando al señor Blake.
—Entonces ¿Te atrae tu profesor?
—Si mamá.—contesté ya sin saber a donde quería llegar.
—No es lo más ético del mundo pero tienes mi completa autorización y apoyo._ habló tomando mi mano.
—¿De que hablas?— pregunté incrédula ante su reacción
—Cielo, te gusta y a él le gustas.Tarde o temprano iban a terminar revolcándose, pero que mejor hacerlo cuándo obtienes un beneficio de ello, no es lo más moral del mundo Camil pero se que eres una chica muy inteligente y se que esta será la primera y última vez que lo harás.— contestó guiñando su ojo.
—Eres increíble mamá.— reí por sus palabras, sin duda alguna no era una madre convencional y eso me hacía sentir feliz y apoyada.
Tenía ya un rato en la terraza tomando un poco el sol, estaba sola y aburrida ya que mamá había salido a una reunión de la empresa y realmente no tenía amigos con quién salir, nadie era parte de mi vida por el momento.
Aburrida decidí mandarle mensaje al idiota que vería mañana.
Camil:
¿Te gusta mi pijama? Es un lobito.?
Escribí el mensaje enseguida de mandar foto mía de cuerpo completo donde se apreciaba los pantalones de chándal con un dibujo de un lobo .
Profesor idiota:
Preferiría verte sin tu pijama de lobito.
Camil:
¿O sea que no le gustó? :((
Profesor idiota:
Cariño, me encanta tu pijama pero prefiero verte sin ella.
Sonreí por su respuesta.
Camil:
Para eso tendrá que esperar, no sea ansioso. Besos.
Guardé el teléfono en mis bolsillos y bajé para servirme de cenar.
Ya casi era hora de dormir y sin duda alguna estaba ansiosa por lo que pasaría mañana.
Esto podría salir o muy bien, o muy mal.
Sábado 4:45
Por fin estaba cambiada, bañada, arreglada y perfumada; solamente esperando algo impaciente a que llegaran por mí.
Profesor idiota:
Espero tengas puesto lo que te ordené.
CAMIL:
YEEEEES.
Contesté rápidamente mandando una foto de mi atuendo que consistía en una falda de volantes azules que llegaba justo abajo de mi trasero y un suéter de manga larga como blusa que dejaba un bonito escote. No me veía para nada vulgar y eso me encantaba, pusiera lo que me pusiera siempre se veía bien en mí.
Me mire por última vez en el espejo evaluandome, mi piel canela se veía radiante y muy suave, mis grandes ojos verdes resaltaban en mi cara con unas pestañas largas y sin dejar atrás mis grandes y carnosos labios que brillaban por el gloss rosa que me había colocado.
Profesor idiota:
Oficialmente quieres matarme de algo, baja ahora.
Tomé mi bolso y llaves para bajar entusiasmada.
Al salir del edificio lo vi recargado en un Lamborghini aventador color n***o mate, el auto de mis sueños...
Se veía jodidamente sexy, llevaba puesto unos pantalones de vestir negros y una camisa blanca; era su típico outfit para dar clases por lo que deducía que había tenido junta con los otros profesores o algo del trabajo.
—Señorita Camil, se ve jodidamente bien con esa pequeña falda.— sonrió ampliamente.
—Si Señor Blake a mí también me da gusto volver a verlo.— dije irónicamente.
Tomó mi mano jalando suavemente atrayendome hacía el.
Estábamos a centímetros y su respiración chocando en mi cuello me hizo temblar.
—Hola, señorita Camil, es un placer volverla a ver.— susurró contra mi oído causando escalofríos por todo mi cuerpo como se estaba haciendo costumbre.
Sonreí tontamente al sentirlo tan cerca de mí, estoy segura que esta tarde sería memorable para ambos.
Me separé de él y lo miré de arriba abajo fingiendo superioridad.
—Quisiera decir lo mismo.
—No sabes las ganas que tengo de hacerte todo lo que quiera y poder borrarte esa sonrisita altanera con la que me ves siempre.— volvió a susurrar dejando un pequeño beso en mi cuello.
—Estoy a tu merced.—contesté sumisamente a lo que el sonrió.