Camil:
—¿Eres profesor o mafioso?—pregunté riendo al señor David.
—¿A caso un profesor no puede tener buenos gustos, preciosa?— contestó mientras posaba su gran mano en mi muslo haciendo pequeños círculos con el pulgar.
—Si no tuvieras buenos gustos yo no estaría montada en este auto contigo, pero me refería a que no sabía que los profesores ganaran tan bien.—comenté siendo un tanto entrometida.
—Si te refieres al automóvil que tengo deberías de ver los demás.— contestó con algo de superioridad.—Pero respondiendo a tu pregunta: No, un profesor no gana así de bien, mi padre es dueño de una empresa de publicidad y marketing.
No respondí nada más, los últimos quince minutos de camino lo pasamos en un silencio nada incómodo o al menos para mí.
Llegamos a uno de los barrios más caros de New York; conocido como Upper west side, de pequeña siempre quise vivir en estos barrios cuando me casara, era un sueño por cumplir.
—Llegamos, cariño.— avisó David saliendo del auto para abrirme la puerta.
Agradecida por su gesto tomé su mano extendida para poder salir del coche.
Su departamento era realmente enorme y bonito.Toda la decoración se mantenía en colores como gris, plateado, blanco y n***o dejando todo en un ambiente acogedor.
—Ven, siéntate conmigo.— ordenó mientras palmeaba el lugar libre que quedaba en el sillón.
Tomé iniciativa y decidí sentarme a horcajadas en sus piernas, lo que lo hizo sonreí en seguida.
Posó sus grandes manos en mis caderas acomodandome mejor en sus piernas.
—Tengo dos preguntas para hacerte.— susurró con una voz ronca mientras analizaba atentamente mi rostro.
—Pregunta lo que quieras.
—¿Hasta cuando podrás estar disponible?
Yo solo alcé una ceja sin entender su pregunta.
—Lo lamento, me expresé mal ¿Crees que podamos pasar lo que resta del fin de semana juntos?—dejó salir una sonrisa pícara.
—¿Todo el fin juntos, por?— pregunté claramente confundida.
—¿Creíste que solamente te quería follar por una hora y dejarte ir?
—Ummm ¿Sí?
—Tu eres hermosa y jodidamente caliente, Camil no eres alguien para pasar el rato... Mereces todo mi tiempo, toda mi admiración, tienes toda mí atención.
—Mamá no tendrá ningún problema, así que acepto.— contesté afirmativa a su propuesta.
Nos dirigíamos a una misteriosa cabaña en el bosque fuera de la ciudad; que quedaba al menos a una hora y media de distancia.
Realmente creí que me follaría y listo a esta hora ya estaría en casa celebrando que podría graduarme; pero al parecer el tenía un plan completamente diferente para nosotros este fin de semana.
Llamé a mamá y después de darme permiso y obligarme a que le comunicara al Señor David para amenazarlo en qué tenía qu entregarme completa y sin ningún rasguño, me ayudó preparó una pequeña maleta para este improvisado fin de semana.
—¿Ya vamos a llegar? Me duele el trasero.—me quejé removiendo mi cuerpo en el asiento de cuero.
—No te preocupes, cuando lleguemos puedo masajearlo.— contestó pícaro.
—¡Eres un idota!— reí.
El me miró serio y yo entendí el porqué.
—La... lamento tutearlo y llamarlo así.— dije agachando la cabeza.
—Escúchame no tengo problema en que me tutees cuando yo esté de acuerdo pero jamás vuelvas a llamarme así, entendido?—habló duramente.
El mismo tono de voz duro y odioso que usaba para regañarme frente a todos mis compañeros apareció y enseguida un creciente coraje apareció en mi interior.
—No me hables como si fueras mi profesor.— alcé la voz enojada.
—Que yo sepa, soy tu maldito profesor así que respetame como tal.— espetó molesto apretando el volante.
Que rápido perdía la paciencia.
—Y yo soy tu alumna, también tienes que respetarme. Ah y que yo sepa, los profesores no se follan a los alumnos.— contraataqué rodando los ojos.
Abrió la boca pero ningún monosílabo salió de su boca haciéndome sonreír victoriosa.
El se estacionó fuera de una lujosa casa en medio del bosque. Era realmente hermosa y grande.
—Hemos llegado preciosa y por favor calma tu actitud altanera antes de bajar.—pidio guiñando un ojo bajando del auto.
Entramos al lugar y era realmente acogedora.
Por lo que podía ver constaba de dos pisos.La planta baja tenía un concepto abierto; desde donde estaba parada en el recibidor podía ver la cocina que estaba compuesta de encimeras de mármol blanco y electrodomésticos muy modernos, le seguía el comedor y la sala aue tenía una chimenea enorme, cálida rodeada por una confortable sala color chocolate cubierta por varías pieles de animales. David al notar mi cara de desagrado en seguida aclaró que eran sintéticas.
—Estás en tu casa, ponte cómoda yo subiré las maletas por lo mientras puedes ver la televisión.— sugirió mientras tomaba las dos maletas.
Sin decir más desapareció por las escaleras al segundo piso.
Me acomodé en el cálido sillón y encendí el televisor para poder poner algo Netflix.
David bajó las escaleras rápidamente y se sentó frente a mí en un pequeño taburete.
Sin preguntar tomó mis pies y los puso sobre sus rodillas para quitarme delicadamente los tenis para poder estar más cómoda.
Dejó un pequeño beso en mis pantorrillas haciéndome sonreír.
Se sentó a mí lado mientras me miraba intensamente por unos segundos, yo entendí a la perfección su mirada y sin decir nada me senté en sus piernas.
—¿Por qué me pediste llevar falda?— pregunté acomodandome en su regazo.
—Porqué tus piernas son hermosas, se ven tan suaves y todo el puto año quise tocarlas para ver si se sienten como se ven.
Sin previo aviso junté sus labios con los míos para hundirnos en un apasionado beso.
Nuestras bocas encajaban a la perfección y parecían estar echas para nunca separarse.
El beso comenzaba a subir de intensidad y sin preguntar metió su lengua calida en mi boca para explorar más a fondo.
—Y... ¿Son tan suaves como parecen?— pregunté en medio del beso.
—Son la puta gloria.—contestó cargandome por el trasero dirigiéndose conmigo encima a la planta de arriba.
David:
Era bastante ligera por lo que no tuve problema alguno en llevarla hacía arriba para poder probar lo que me pertenece, por fin podría hacerlo.
Estuve años esperando poder llegar a este momento y por fin podría cumplir este sueño. Esas fantasías que creí que jamás cumpliría.
Su pequeña boca regordeta se movía contra la mía con gran experiencia haciéndome sentir maravillado.
La recosté suavemente contra la enorme cama y me separé de ella para poder admirar completamente su belleza.
—Por favor, ven.— rogó extendiendo sus brazos hacía mi provocando ternura en mi corazón y excitación en mis pantalones.
Me acerqué a ella cautelosamente y mis manos se fueron directamente a sus pechos acariciandolos por encima de su delgada blusa, comprobando que no llevaba sujetador a lo que sonreí inconscientemente.
—¿Cuántas veces has hecho esto?— pregunté para medir que tan rudo podría ser con ella.
—U..unas cuantas veces hace tiempo.— contestó temblorosa por mi tacto.
Mi mano comenzó a descender por su abdomen plano hasta llegar a sus torneadas piernas.
—Pues haré que esta se sienta como la primera. Quítate la blusa.—ordené mientras yo me senté en la cama.
Ella se paró frente a mí y poco a poco se fue quitando la delgada tela que me separaba de su desnuda piel.
Mi m*****o reaccionó en seguida ante la increíble vista que Camil me estaba ofreciendo.
—Arrodillate, preciosa.
Sin dudar se posó entre mis piernas observandome con una mirada inocente.
—¿Estás dispuesta a hacer lo que yo te diga?— pregunté acariciando suavemente su marcada mandíbula.
—Si, Señor Blake.— contestó acariciando la parte interior de mis muslos con sus uñas largas.
—Me alegra cariño, pero muero por probarte.
En un movimiento brusco ya desesperado por sentirla al rededor de mi, la acosté nuevamente en la cama y sin esperar dirigí mi mano a su centro para comenzar a acariciarlo suavemente.
Camil:
Su gran mano me estaba acariciando tan delicadamente que era imposible no retorcerse del placer que estaba experimentando en este momento.
Sin previo aviso comenzó a bajar mis bragas para dejarme solamente con la falda.
—Tan mojada.— gruñó pasando un dedo por toda mi zona intima.
—Usted me pone así.— respondí sinceramente esperandolo.
Comenzó a agacharse hasta estar a la altura de mi feminidad, su lengua atacó directamente a mi pequeño cúmulo de nervios haciéndome gemir intensamente por la deliciosa sensación.
Mis manos aprietan con fuerza las sábanas por el placer poco familiar que mi profesor de literatura me estaba proporcionando.
Jugueteo un poco más en mi zona para comenzar a subir repartiendo besos húmedos por todo mi cuerpo hasta mi cuello.
Mis nervios se hicieron presentes cuando sentí su gran bulto contra mi entrada.
—¿Nerviosa?—preguntó desabotonado su camisa blanca.
Sonreí viendo por fin su abdomen desnudo.
—Ansiosa diría yo.— reí perdida en la excita.
Al estar completamente desnudo y encima mío solo pude abrir las piernas para que se pudiera acomodar entre ellas, demostrándole lo dispuesta que estaba.
Sacó un condón de su pantalón y se lo colocó cuidadosamente.
—Seré gentil para que puedas acostumbrarte a mí.
Y por supuesto que iba a necesitar tiempo para acostumbrarme.
Comenzó a restregar su duro m*****o contra mi feminidad dejando un ligero cosquilleo.
—Bésame.— ordenó
Sin rechistar estampe mi boca contra la suya para besarlo con necesidad.
Comenzó a entrar suavemente en mí y mis brazos se aferraron a su gran espalda para acostumbrarme al dolor y placer que estaba sintiendo en ese momento.
Estaba confundida por las dos emociones tan contrarias que tenía pero me comencé a mentalizar para disfrutarlo.
La cara de David era todo un poema, su seño estaba arrugado y su labio lo mordía fuertemente en señal de todo el placer que mi cuerpo le ofrecía.
—j***r, está... estás tan estrecha y solo para mí.— gimío saliendo de mí nuevamente para entrar más fuerte.
—Puedes moverte más.— jade abrazando su cuerpo con mis piernas.
Sin pensarlo dos veces obedeció bombeando con más rapidez y fuerza.
Ambos gemíamos sonoramente sin miedo de ser escuchados por nadie, el sonido de nuestros cuerpos chocando creaban una sinfonía obscena terriblemente excitante.
—¿Te gusta? ¿Así, princesa? ¿O más fuerte?— preguntó poniendo mis pies sobre sus hombros haciendo que entrara con mayor intensidad y profundidad en mí.
No pude responder por la excitación que me recorría por todo el cuerpo sin piedad, destrozando cada rincón de mí ser y de mi alma.
Con mis piernas aun sobre los hombros acerco su cara a la mía, su gran mano se estampó ligeramente contra mi mejilla.
—Te hice una pregunta, responde ahora.— demandó excitado
La cachetada solo provocó que me encendiera más, la rudeza que tenia conmigo me encantaba.
—Más, más fuerte por fa-vor.— respondí como pude.
Sonriendo comenzó a embestirme con mucha más fuerza, tanto como si su intención fuera romperme. De mis ojos se escapaban lágrimas de placer.
—Voy a venirme ahora, necesito venirme.— gimío echando la cabeza hacía atrás.
—Hazlo.— grité mordiendo mi labio fuertemente provocando que sangrara este.
Bombeo otra vez y sentí todo el líquido llenado el condón acompañando su orgasmo con un grito de placer.
Sin fuerzas se tiró a mi lado quitándose el condón para tirarlo a algún lugar del piso.
—Eres, eres impresionante.— jadeo por el cansancio igual que yo.
Sonreí ligeramente por su halago y cerré los ojos para caer en un profundo sueño.