Culpable

1202 Words
David: Según el estúpido chico Camil había tenido un ataque de asma provocado por una emoción fuerte. Maldición. Mi pie presionó el acelerador con fuerza, la desesperación y culpabilidad invadían mi cuerpo, sabía a la perfección cual era la "emoción fuerte" que había tenido y sabía quien era el culpable de toda esta situación. Nunca creí que reaccionaría así, tan mal. Jugué un poco con ella como siempre pero creo que está vez me había pasado y crucé un límite ocasionando que ella estuviera en esta situación. Pasé una mano por mi cabello con frustración desacomodando este, mi mirada se dirigió a ella y se me partió el corazón al verla en este estado, estaba tan pequeña y frágil que solo podía repetirme lo cabrón que me comporte. —Ya casi llegaremos cariño, por favor, resiste otro poco.— hablé con la voz ligeramente entrecortada Camil: Estaba recostada en la camilla del hospital, veía a Mamá discutiendo de algo con los doctores. Me sentía mucho mejor que hace unas horas y estaba esperando con ansias que me dieran de alta para poder ir a casa y descansar ya que los hospitales me daban mucho miedo, no estaba tranquila aquí. Mi mirada estaba ansiosamente atenta a la puerta, que mamá entrara y me dijera que me puedo largar de aquí. La puerta se abrió lentamente y apareció David con la mirada cansada, un tanto demacrado con ojos de arrepentimiento hacía mí. Mi mirada de emoción rápidamente cambió a una fría y distante. —Camil, yo...— dijo nervioso. —Di lo que tienes que decir, sin rodeos— pedí algo alterada. —Se que toda está situación es mi culpa y... —Por supuesto que es tu culpa, nadie te roba el crédito.—dije riendo amargamente mientras cruzaba mis brazos. —No seas cruel, por favor. Solo quiero pedirte perdón por todo esto.— habló cabizbajo. Bufé molesta por sus palabras. —¿Enserio? ¿Qué no sea cruel? Es lo que le diría a mi profesor de literatura que se comportó como un idiota y me humilló frente a toda la clase. Créeme que unas simples palabras no serán suficientes para remediar lo que dijiste hace rato.—declaré duramente. —Yo se que no son suficientes y crucé los limites pero tienes que entender.— se defendió algo desesperado. —Hablo enserio cuándo digo que no quiero volver a tenerte cerca otra vez._ hablé volteando mi mirada hacía la ventana para ignorarlo. Sin nada más que decir salió desilusionado del cuarto. Merecía el como lo estaba tratando, todo el año me trajo como su puto trapo pero era suficiente. Después de que creí que habíamos tenido nuestros "momentos" pensé que me trataría mínimo como un ser humano con sentimientos. Estábamos en casa, mamá me estaba cepillando el cabello para poder dormir y despertar temprano para la escuela. Ella me pidió faltar pero prefería no hacerlo para no perderme los últimos detalles de mis asignaturas. —El hombre que te llevó al hospital...— habló mi madre rompiendo el silencio que reinaba mi habitación. —Si, sí mi profesor de literatura.— rode los ojos al recordarlo. —No tuve el placer de conocerlo, de hecho nisiquiera de verlo pero puedo apostar que fue con el con quien cogiste. —¡Mamá!—hablé exaltada. —Perdona cielo, no sabía que eras tan santa. Me corrijo: No sabía que con el fue con el que te fuiste a hacer "lo que hacen los papás cuando se aman."— bromeó. —O sea si es el, pero puedes decirlo de manera más bonita. —Cielo, no sé tú pero algo me dice que podrían tener química... Dudo demasiado que esto se quede en un, bueno, varios acostones. Me dio un beso antes de salir de mi cuarto y me quedé pensando, mañana será un día largo. Caminaba por los pasillos de la escuela aguantando la mirada de algunos curiosos, estaba acostumbrada a que me vieran pero esta vez era distinta. No me veían por mi apariencia o por que fueran conocidos. Me veían por el show que les otorgamos David y yo, sabía que esto daría de hablar con mis compañeros pero al parecer el rumor se expandió por toda la escuela. Siempre caminaba sola por los pasillos, no es que no tuviera amigos o que fuera la rechazada en la escuela. Puedo considerarme popular pero mis "conocida" estaban en un grado inferior al mío por lo que solo las veía muy ocasionalmente, las llegaba a ver fuera de la escuela pero hace meses no salíamos, me gustaba mi soledad. Después de una larga clase de Química molecular en el laboratorio de ciencias comencé a caminar hacía mi clase de literatura. Patético. Estaba lista para que David me corriera y dar por perdida mi graduación pero estaba decidida al primer grito saldría de ahí en seguida. No aguantaría tanto como ayer. Aún no empezaba la clase y la mayoría de mis compañeros me veían sorprendidos mientras cuchicheaban entre ellos. Rodé los ojos molesta. —Dejen de comportarse como si no estuviera aquí, parecen que están en el jardín de niños. Me vieron apenados y recobraron su postura mirando hacía enfrente. David entró velozmente al salón haciendo que todos guardaran silencio. Me hice chiquita en mi asiento, esperando que no me notase, no quería demostrar que me intimidaba pero realmente era así me intimidaba y mucho. —Jóvenes, hoy quiero hablar muy seriamente con ustedes de la situación que se suscitó el día de ayer.— habló mirando seriamente a todos mis compañeros hasta a hacer contacto visual conmigo. Estaba preparada para los insultos o ser sobajada e irme de la clase para no volver. —Señorita Camil, por favor póngase de pie. Lo miré incrédula y algo dudosa me puse de pie, las manos me sudaban horrible pero no le quité la mirada de encima en ningún momento. Quería verme fuerte y claramente no volvería a dejar que me afectara la situación. —Aquí mismo frente a toda la clase, quiero pedirle disculpas por como la traté ayer, por como la he tratado todo el año.—pidió con las manos juntas. Estaba segura que mis ojos estaban más abiertos que nunca, esperé todo tipo de basura salir de su boca menos una disculpa y mucho menos enfrente de todos. —Profesor...—miré disimuladamente a mis compañeros que estaban igual o más sorprendidos que yo. —Nena, de todo corazón te pido una disculpa por mis palabras que estuvieron fuera de lugar.— habló sincero acercándose hacía mí poniéndome nerviosa. Quien diría que el profesor más idiota del mundo estaría dejando su maldito orgullo y ego de lado para pedirme disculpas en público. —No hay rencores profe, todo está bien.— dije riendo nerviosamente por la cercanía de su cuerpo. Acarició mi mejilla e instintivamente me senté para evitar su contacto. —Me alegro, gracias.— carraspeo suavemente al darse cuenta de como estaba actuando y regresó a su escritorio. La tensión estaba que se podía cortar con un cuchillo. Y yo al igual que todos se habían dado cuenta de lo que había pasado, de como se había acercado.
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